Juego trancado

En matemáticas avanzadas, existe una "Teoría de Juegos", con aplicaciones en Economía y Politología. Yo no soy ducho en matemáticas, ni mucho menos. De hecho, nunca me dan las cuentas con mis exiguos ingresos. Pero me llama la atención, por ejemplo, la noción de "juego-suma-cero" que utilizan a veces los politólogos para designar aquellas interacciones en las que el objetivo de cada participante, no es solo ganar, sino (como dicen "Les Luthiers") hacer perder al otro. O mejor: que el triunfo de uno implique, necesariamente, la pérdida total del otro jugador. Entiendo que hay otro tipo de juegos, en los cuales el perdedor no pierde todo ni el ganador se lleva todo. Eso conlleva a la cooperación, los acuerdos y los pactos. Cuando estas relaciones son estables durante un período prolongado, se puede hablar de "sistema". Hubo una noción que circuló mucho en los ambientes académicos, pero también en la opinión pública y vulgar, que es el del "sistema de conciliación de élites", término concebido por algunos teóricos políticos (me viene el nombre de Bruni Celli y J.C. Rey, por ejemplo), para designar aquella forma de funcionamiento con la cual las élites del país (partidos políticos, grupos empresariales, representaciones de potencias extranjeras, Iglesia, gremios, etc.) llegaban a acuerdos para adoptar ciertas políticas, avanzar en leyes y en general repartirse la renta petrolera. Esto fue lo que presuntamente rigió los destinos el país durante los 40 años de predominio de AD y COPEI.

En los últimos 23 años de historia venezolana, ese "sistema de conciliación de élites" estalló en mil pedazos, como consecuencia de una confrontación política que expulsó de los espacios del poder del Estado a ciertos partidos políticos, grupos de presión (empresarios, consorcios de telecomunicación, gremios), sindicatos, instituciones como las academias o la Iglesia Católica; para ser sustituidos por una dirigencia política integrada a un grupo militar (la famosa unidad cívico militar, fusionada en un Partido Político altamente centralizado, verticalista, personalista), un nuevo elenco de empresarios, crecidos a cuenta de la corrupción y el reparto de la renta (en esto no hay novedad) y, como socios adyacentes, grupos criminales a cuyos jefes se les permite actuar desde la propia cárcel donde residen, asociados en algunos negocios ad-hoc (por ejemplo, las minas) y, en general, factores de poder. Es lo que Marx pudo haber llamado "bonapartismo" (vuelvo a recomendar "el 18 Brumario de Luís Bonaparte"). También se le puede llamar cúpula burocrática-militar-lumpenburguesa.

En todo caso, lo que vale destacar es que este sistema, aun cuando concilia los intereses políticos y económicos de unas nuevas élites (que a veces pelean entre sí, igual que las maffias de Chicago, cuando el botín no se reparte bien o no se respetan las reglas entre los jefes, como en el caso de El Aissami), surgió de una confrontación que todavía está en desarrollo, y ese conflicto ha sido "suma-cero". Por el papel de los militares en esto y la naturaleza del poder en juego, se podría decir, con Hobbes, que existe una guerra civil de baja intensidad, intensificada por la intervención indirecta de fuerzas extranjeras, cubanas, norteamericanas, rusas y chinas. Lo de "suma-cero" se refiere a que cada posición arriesga su existencia misma en cada partida.

Aunque no me gusta el dominó (soy realmente malo jugándolo), tengo que sacar de este juego tan popular en el país, una metáfora para que se me entienda. Hoy, esta nueva partida que se juega en la política nacional, luce trancada. No hay acuerdo posible porque cada lado aprecia que no puede ceder más en unas hipotéticas negociaciones, y solo queda acumular fuerza relativa. Hay una situación en la cual nadie puede continuar colocando piezas en la mesa. La tensión aumenta. Cada quien muestra lo que tenía en su mano. El gobierno bonapartista enseña los cañones de sus fusiles, su control sobre todas las instituciones, el Estado de excepción desde la Anti Ley del Saqueo, sus bandas armadas para sabotear las movilizaciones del adversario, su bombardeo mediático y sus chantajes a una base casi exhausta, un oportunismo geopolítico que ofrece a Rusia y China las ventajas del petróleo, riquezas naturales y una fuerza de trabajo paupérrima, apetitosas para cualquier capital. Obviamente, son parte de las movidas del gobierno, las inhabilitaciones y la presumible acción jurídica contra las Primarias de la Oposición. No se descarta que, por ese camino, lleguen a la Managua de Daniel y la Chayo: ilegalizar toda la oposición, apresarlos y hasta, quizás, expulsarlos del país. Llama la atención que, a diferencia de sus colegas nicaragüenses, los déspotas de aquí no hayan aprobado leyes contra los traidores de la patria para impulsar procesos judiciales con nombre y apellidos. Nico y Cilita han preferido usar funcionarios de tercera y cuarta categoría, unos desconocidos mercenarios políticos, para impulsar procesos judiciales contra la Oposición apoyada por los EEUU y contra el PCV. Tal vez prefirieron ahorrarse el zaperoco de juicios y confesiones arrancadas con torturas.

A la oposición le queda, por ahora, continuar movilizando lo que puede en la calle, proponer más sanciones internacionales, apoyar acciones de EEUU o sus fichas (la Unión Europea) que impliquen rayas políticas a un gobierno que se pretende respetuosos de los Derechos Humanos, cuando ya no puede ocultar sus crímenes y violaciones, insistir en el discurso de denuncia.

De paso, vale decir que las Primarias no les resuelve a los opositores el asunto de ganar unas elecciones, sino más bien, como se aprecia en el discurso de la Machado, el grave problema de liderazgo que sufre. La Machado ha afirmado que la Primaria le servirá para encabezar su factor político, desplazando al llamado G4, para poder negociar, cara a cara, con Maduro. Las inhabilitaciones tienen un efecto ambivalente. Por un lado, elimina las posibilidades "legales" (las comillas son adrede) de que la Machado sea candidata; pero, por el otro, la victimiza, la convierte en heroína, le facilita su objetivo de simbolizar su sector político y polarizar con el gobierno.

Polarizar, en las presentes circunstancias, cuando el rechazo al gobierno llega (en las cifras más conservadoras de las encuestas) al 80%, no es conveniente para el gobierno. Por supuesto, esta enorme proporción de venezolanos que quiere un cambio político en el país, se divide en sus orientaciones entre los opositores ya tradicionales, escindidos a su vez entre moderados y "extremistas" (como los llama Ochoa Antich), chavistas antimaduristas y descontentos antipolíticos. En todo caso, allí empiezan a funcionar las pasiones, las rabias, las frustraciones, los enconos, para decidir posiciones. y. como se sabe desde Aristóteles, el teatro sirve para catarsis de las emociones y las pasiones.

Habría que revisar los antecedentes. Del lado de la oposición apoyada por los Estados Unidos, ha habido un zigzagueo en su estrategia: de lo electoral al golpe de estado, de vuelta a los votos para ir a lo insurreccional, de las protestas masivas a las negociaciones, del gobierno provisional (¿paralelo?) a nuevamente la vía electoral. El balance global es la derrota política. Seguramente, por eso, el gobierno insiste en tácticas que ya fueron probadas desde Chávez: la provocación y la "persecución en caliente". Las inhabilitaciones, las amenazas de ilegalización de las primarias son peines para que vuelvan los gritos llamando a la insurrección, motivados a la desesperación. Pero, aunque la historia pueda repetirse, no constituye un eterno retorno nietzscheano, en el que las acciones van adquiriendo cada vez mayor peso hasta aplastar al pobre condenado. Como en la novela de Kundera, el tiempo prosigue y el ser se hace liviano: las acciones pueden hasta enseñar. Quién sabe cómo se destranca este juego, que ya se va convirtiendo en la reafirmación de los rasgos dictatoriales del gobierno. En todo caso, al menos ya sabemos que el Ser es leve, a veces de una manera insoportable por las oportunidades que no se repiten.

Tema aparte es la izquierda. Como ya se sabe, el gobierno le aplica a su oposición de izquierda, representada por esa fracción del Polo Patriótico, el PCV y demás agrupaciones, la jugada de quitarles la representación legal y el uso de la tarjeta a las legítimas autoridades del Partido Comunista. Mientras tanto, difunden la calumnia de que los comunistas apoyarán a María Corina Machado. Ni de vaina mencionan otros nombres, posibles abanderados de este sector de la izquierda, como María Alejandra Díaz y hasta Manuel Isidro Molina. Mientras tanto, los camaradas han llamado a un encuentro de grupos "populares, revolucionarios, antiimperialistas" para elaborar lo que ya parece un programa de gobierno y asoman que van a ir a votar, aunque sea con otra tarjeta, como una vez hicieron, frente a la persecución adeca, con el símbolo de la UPA, Unidad Para Avanzar. Yo estaba muy chiquito cuando eso, pero vale recordar la historia.

La neutralización legal de la oposición apoyada por los EEUU y la anulación de la izquierda, replantea los objetivos en vistas de las elecciones del 2024, proceso que ya luce bastante antidemocrático y ventajista. Para la izquierda, por ejemplo, puede que sea más importante dibujar un campo político específico, diferenciado del chavismo-madurismo, ya evidenciado su carácter derechista, oportunista geopolítico, chapuceros malandros al servicio de una nueva lumpenburguesía que coquetea con el capital transnacional, proceda de EEUU, Rusia, China o hasta Brasil. Allí lo importante es un asunto moral, simbólico, moral: resaltar que el chavismo-madurismo es de derecha; un basurero de ideas donde están los cachivaches patrioteros de los militaristas, las histéricas exaltaciones místicas, un conservadurismo atroz, un personalismo casi fascista. Nada de socialista.

Para la oposición del G4, María Corina, etc…, veremos qué hacen…



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Jesús Puerta


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