El guardián entre el centeno: ¿un libro maldito?

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Cuando leí El guardián entre el centeno (1951) de J. D. Salinger (1919-2010) no estaba en mi lista de lecturas prioritarias; sin embargo, la fama de libro maldito acució mi interés, hasta el punto de reestructurar mis planes .Eso de haber inspirado sonados crímenes es materia de curiosidad, por lo menos.

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Chapman, el asesino de John Lennon, se creyó el héroe de la novela de Salinger y esperó a la policía hojeando el libro. John Hinckley Jr., que intentó asesinar a Ronald Reagan tenía la novela entre sus preferidas. Charles Manson y otros connotados asesinos también encontraron señales para sus desmanes en El guardián entre el centeno.

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Holden Caulfield, joven de 16 años, es expulsado del liceo por su bajo rendimiento. Decide no regresa a casa y vagar por las calles de Nueva York, mientras planifica emprender un largo viaje de aventuras. Empieza a narrar sus cuitas en un lenguaje propio de los adolescentes, y considera a todos los adultos como perfectos estúpidos, farsantes e hipócritas. Visita bares, prostíbulos, hoteles baratos; se pone otro nombre, se quita la edad, critica todo a su alrededor, todo le repugna (me da nauseas) y hace preguntas ridículas para ver la reacción de la gente: ¿Dónde se meten los patos en invierno?

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En su narración habla de su depresión, se califica de "un poco ateo", rebelde y cobarde. Asesina, pero sólo en sus pensamientos. Manifiesta ideas suicidas. Bebe alcohol, fuma y es frugal en las comidas. Sus expresiones son hiperbólicas: un largo rato son cincuenta años. Unos cuantos metros son miles de kilómetros

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Muchas palabras las usa reiteradamente: maldito (237 veces dice un experto), bastardo (58 veces), mierda, mentiras, imbéciles, insoportables, lástima, burlas, necios, soledad, depresión, odio, sexo, marica, etc.

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Pero ¿Por qué este libro ha servido de numen a muchos delincuentes?

Porque son unos psicópatas que no entendieron que el libro describe la psicología de la adolescencia, la "etapa fascistoide" de todos los humanos, como dijo alguien por allí, y que con el tiempo será superada. Cierto, las palabras vulgares pueden incitar al mal, según lo establece la neurolingüística, pero nuevamente debemos ubicarnos en el contexto de la obra, única en su género: así pensamos cuando somos jóvenes y creemos que sólo nosotros tenemos la razón. "Ya no soy tan joven como para saberlo todo", dijo una vez Mark Twain.

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Holden Caulfield me cae muy bien. No le gusta lo que enseñan en la escuela, pero lee libros, ama la poesía, visita museos, demuestra buenos sentimientos hacia los pobres, aunque tiene el conflicto de todos los jóvenes: no sabe lo que quiere de la vida.

Cuando Holden recuerda el poema de Robert Burns que habla de "dos personas que se encuentran a través del centeno", y afirma que él desea salvar niños -que saltan al centeno- para que no caigan a un precipicio (Yo quiero ser el guardián entre el centeno), definitivamente, es una persona bondadosa y muy compasiva.

Pero esa parte no le interesó a los psicópatas arriba mencionados.

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He gozado un mundo leyendo este libro, he reído mucho: así oigo hablar a los jóvenes, con lo giros idiomáticos respectivos de los nuevos tiempos, y así pensaba yo en gran medida.

9

Cuando era un zagaletón criticaba para mis adentros a un anciano que concienzuda y parsimoniosamente colocaba sus tabletas en un organizador o pastillero. ¿No tiene más nada qué hacer?, me preguntaba. Ahora, con mi montón de años y mis miles de enfermedades (¡vaya, se me pegó la jerga de Holden!), hago lo mismo que aquel viejito. Y seguramente hay un Caulfield que se burla de mí. Nadie está loco, nadie es malo: ni el observado ni el observador. Cuestiones de la dialéctica.

También consideraba dementes a una señora que hablaba con sus animales y aun señor que conversaba solo. Ahora hablo con mis perros, con mi gata y con un loro que suelta una carcajada cada vez que le dirijo la palabra, y también hablo solo.

Recuerdo todas estas cosas y constato mi conducta actual y sonrío.

¿Por qué?

Porque yo, en cierto modo o en algún grado, era Holden Caulfield…y lo sigo siendo. Sólo que entiendo la novela correctamente.

Reírse de etapas superadas, saber que en resumidas cuentas llegaste a ser hombre de bien, y burlarse de uno mismo es encontrar aquello que andaba buscando Juan Ponce de León.



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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

 edgardomalaspina@gmail.com

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