Vivir de la mentira y vivir en la mentira

No puedo negar que cada vez que se inicia el adviento, es decir las semanas que preceden a la navidad, mi cerebro comienza a procesar las innumerables mentiras sobre las que se han edificado el mundo. Se nos regresamos unos cinco mil años a.C nos daremos cuenta que la religión católica se origina con la aparición de unos autodenominados profetas, uno Moisés y otro llamado Abraham, ambos de religión judía. Pasados varias centurias aparece en el Imperio Romano Constantino I, quien impuso la religión católica, quien tampoco era católico, sino que en un principio era pagano que le rendía culto al Sol Invictus. Tales celebraciones se realizaban el 21 de diciembre y el festival se prolongaba desde el 22 hasta el 25 del mismo mes, eran las llamadas Saturnales para reverenciar al dios Saturno. Esta fecha es el final del solsticio de invierno, cuando los días son más largos, que representaba el nuevo sol que vencía la oscuridad. El Sol Invictos era la principal divinidad del panteón romano. De este culto al dios sol proviene la palabra "natividad" o navidad en el mundo cristiano, la cual significa el nacimiento del Sol Invictus que se festejaba el 25 de diciembre. El emperador Constantino I, quien nunca fue bautizado, era seguidor de las tradiciones paganas (devoción al dios Sol). Este soberano se convirtió al cristianismo, pero no al catolicismo sino al arrianismo, una doctrina cristiana fundada por el obispo Arrio quien consideraba que Jesús no formaba parte de una unidad trinitaria con Dios, sino que era un humano más. Queda claro que el 25 de diciembre, refiere la tradición, no tiene nada que ver con el nacimiento del Jesús, dado que La Biblia no menciona en ninguno de sus páginas la fecha del nacimiento del nuevo mecías.

Como se explica en el párrafo anterior al catolicismo surge de los legados de dos profetas judíos que existieron hace más de cinco mil años, una religión impuesta durante el Imperio Romano (siglo IV d.C) por un emperador que tampoco era católico. Lo anterior es parte de la mentira sobre la cual se sustenta lo que por más de dos mil años se conoce como la celebración de la navidad. Con un agravante, no hay ninguna prueba física sobre la existencia de Jesús. Lo que si es cierto es que los grandes beneficiarios de las celebraciones navideñas son los comerciantes, tanto judíos como los árabes musulmanes quienes no creen en la llegada del mecías (Jesús); así mismo, los chinos, de religión budista, fabricantes de los modernos juegos electrónicos, los regalos navideños para los niños; las luces que adornan las calles, las plazas y las casas durante la fiestas navideñas en el ámbito mundial, las cuales contribuyen al calentamiento global, además, son estos asiáticos los fabricantes de los juegos pirotécnicos que contaminan el aire y aterrorizan a los animales domésticos.

Pero lo explicado en los párrafos anteriores no es nada nuevo. Desde hace miles de años, durante las civilizaciones milenarias como las egipcias, los sumerios, los fenicios, los incas, los mayas, la japonesa, la tibetana, los persas, entre tantas, los sacerdotes o monjes jugaron un papel preponderante debido a la influencia sobre la psiquis de millones de seres humanos, sobre todo utilizando la mentira para sojuzgar a los feligreses. Para esto inventaron un dios inclemente y castigador, así mismo, redactaron una doctrina que se debía cumplir de manera incondicional bajo la amenaza del escarmiento divino. Para esto se aprovecharon los fenómenos naturales (terremotos, maremotos, eclipses, cometas, sequías, lluvias, tormentas, erupción de los volcanes, crecidas de ríos…) para autodefinirse como los representantes e intermediario de la divinidad en la Tierra y capaces de controlar los fenómenos metrológicos dada su relación con dios. Así se fueron edificando las mentiras de la religión, en el entendido que unos pocos vivirían a costa de las mentiras y muchos seres existirán inmerso dentro de las falacias inventadas por otros.

Pero las mentiras de los sacerdotes que consolidaron el poder celestial no fueron suficientes, debían asociarse con otros seres humanos para fortalecer y apuntalar el poder celestial. Germina así la monarquía como forma de gobierno cuyos integrantes conformarán una asociación con los ensotanados lo cual permitirá acrecentar las riquezas de los sacerdotes y la de los gobernantes. Surge así el rey cuyo fundamento no es terrenal sino divino, dada que su autoridad, según la falsa doctrina, tiene origen celestial, ratificada por los representantes de dios en la tierra, es decir los sacerdotes. Así aparece y se apuntala el poder temporal. Tales mentiras, junto con los embustes de la religión permitirá el control de los seres humanos. Mediante estos procedimientos los pobladores comenzaron a sentir, en vida, las represalias en la tierra del poder temporal de los ejércitos del rey y después de muerto, la amenaza de poder celestial bajo el castigo eterno del alma en el infierno. De este modo los pobladores, quienes vivían inmersos dentro de las mentiras de la religión y las mentiras de las monarquías, no advertirán que fueron los sacerdotes y los monárquicos quienes se enriquecieron sobre las estrategias basadas en un cúmulo de falacias. Todo esto fue aprovechado por los sacerdotes para apoderarse de inmensas extensiones de tierras fértiles y convertirse en los primeros latifundistas de Europa, África y América y también por los monárquicos, para exhibir títulos de nobleza, construir ostentosos castillos y acumular enormes riquezas.

Si el lector sigue con detenimiento los párrafos anteriores reconocerá que lo pobladores viven sumergidos en un mundo de mentiras de los cuales, por múltiples razones, no son capaces de abandonar. Así mismo, son los inventores de las mentiras los que obtienen provecho, por lo general de tipo económico y también político. Son estas falsedades las que desde hace siglos se vienen almacenando en la mente de los habitantes y transferidas de manera sumisa a las futuras generaciones. Este dócil comportamiento es el que impide que los terrícolas busquen una opción que los emancipe de la sumisión de tantas falacias que los mantiene adormecidos.

La táctica de quienes viven en y de la mentira dieron resultados durante siglos y todavía hoy en el siglo XXI no ha sido abandonada, ni por los sacerdotes ni tampoco por los políticos, dado que les ha óptimos resultados. A este proceder se incorporaron los comerciantes, los publicistas, la mass media, las redes sociales, los industriales, los bancos, los laboratorios, los médicos, los abogados, entre tantas corporaciones que mienten descaradamente para conseguir provecho económico. Todos estos están conscientes que millones de personas viven sumidos dentro de los engaños de manera obediente.

Podemos tomar viarios ejemplos de las mentiras empresariales. Basta revisar las etiquetas de los envases de los productos fabricados por la industria de alimentos. Es sorprendente como los dueños de estas empresas mienten en los rótulos sobre el contenido del producto envasado, donde aparecen vitaminas, carbohidratos, minerales, grasa saturada, grasa monosaturada, energía, proteínas, sal, valores energéticos, omega 3, colesterol, entre tantos ingredientes que el consumidor nunca tendrá la certeza si es verdad lo que aparece en la etiqueta, que por lo general no lee. Miles de millones de personas prefieren creer para vivir dentro de la mentira inventadas por otros para que estos se enriquezcan. Esto mismo se puede decir de las medicinas expedidas en las farmacias.

Sobre las mentiras de la radio, televisión, prensa escrita, las modernas redes sociales entre las empresas dedicadas a dar información sobre las noticias ocurridas tanto en ámbito mundial como en el local, se podría escribir una enciclopedia. Y esto tiene una razón, tales empresas obedecen a una línea editorial que se corresponde a los intereses económicos de los dueños de tales compañías. Por esta razón cualquier información que salga a la luz debe obedecer a los compromisos de los patrones, no importa si esta sea verdad o una invención. Y si se tratara del segundo caso, tal falacia la manipulará un especialista para convertir una mentira en una verdad. Se puede afirmar que tanto los publicistas como los medios de comunicación viven del embuste y de la calumnia, están cocientes que el público lo gusta vivir dentro de la mentira, tal como lo viene haciendo desde hace siglos.

Después de los embustes de la monarquía se inventaron las mentiras de la democracia, que no es el gobierno del pueblo, para el pueblo sino el gobierno de los ricos para el beneficio de los ricos. No cabe duda que algunos políticos saben administrar las mentiras del discurso, son capaces de ofrecer a los electores una vida de placeres a cambio del voto. Al final del período del presidente "democrático", cuando los votantes adviertan que no lograron ninguna transformación en su vida, que la misérrima existencia no cambió en nada, se conformarán con ir a la urna nuevamente a depositar el voto, en espera que nuevo el candidato a presidente cumpla las mismas promesas de siempre. Los líderes capitalistas pregonan que la democracia es el mejor modelo, pero solo en América del Sur donde los gobiernos surgidos, en su mayoría neoliberales, mantienen una pobreza de del 32,1 %, es decir de 200 millones de personas que carecen de los medios más elementales para mantener una vida digna. Y si se revisa la estadística en el ámbito mundial se descubrirá que ocho mil niños mueren de hambre diariamente. Ya basta de mentiras, estas no le quita el hambre a los niños.

El mundo se ha edificó sobre las mentiras de la religión, de la nacionalidad, de las doctrinas y de tantas estupideces que en oportunidades da vergüenza concebir que tales procederes se hayan preservado y que todavía hoy se mantengan. Quizás por eso el escritor y poeta francés Paul Valéry afirmó: "Lo que se ha creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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