Sentido común y Socialismo del Siglo XXI

"Estamos dando un gran paso para la construcción del futuro, para ir en la solución efectiva, eficiente de los asuntos principales de la vida de nuestro pueblo... Ha llegado una hora especial y una oportunidad especial para Venezuela. Es el momento para los grandes cambios y eso debe mover todo, la agenda, la forma de hacer política y actuar".

Nicolás Maduro

18 de marzo de 2022

Los seres humanos en su relacionamiento con los demás seres humanos y con la naturaleza, en su vida social, han logrado crear una variedad infinita de "objetos sensibles". En su trashumancia ha logrado dotarse de una imaginación inimaginable e inagotable. Aprendió a vivir su vida y a transformarla, desde su real parecer. Pero, apareció la modernidad occidental capitalista y todo lo transformó. La relación entre yo y mi mundo, fue sustituida por una relación entre yo y otro mundo.

Transición ésta que no era casual. La relación con su mundo lo inducía a pensar su vida en él. A saber, cómo se había formado y de qué estaba hecho. Pero, sobre todo, a conocer cuál era la importancia de su mundo. Y ese conocimiento podía adquirirlo a través del sentido común. La imagen de la vida vivida, dejo de ser su realidad. Su nueva realidad fue convertida en una formula intelectual abstracta.

El cientificismo moderno iniciaba su dictadura. Se desconoció que el sentido común es muy anterior al conocimiento científico. El concepto sustituyó el sueño y, con ello, la esperanza. El conocimiento sensible fue sustituido por una "niebla conceptual", la cual se apoderó de nuestro ser. Infinito ha sido (y es) el vocabulario que la modernidad occidental ha utilizado para imponerse como civilización universal.

Vocabulario del cual ha sido extrañado el sentido común porque él no es (ni debe convertirse) en un concepto. Reducirlo a tal condición sería desnaturalizarlo, quitarle el rostro, despojarlo de su razón de ser, como fuente para la explicación de la vida social de los seres humanos.

Por el contrario, necesario es devolverle al sentido común su razón de ser, como fuente del conocimiento sensible de nosotros mismos y del entorno en el cual trascurren nuestras vidas. Necesario es devolverle su condición de creador de conciencia, para pensar la vida como convivencia humana entre humanos. De allí, su carácter impugnador a toda forma de dominio.

El sentido común, así como no puede ser convertido en un concepto; tampoco puede ser percibido como el "buen sentido" de nuestras acciones. Hacerlo, sería despojarlo de su razón de ser. Ya que como dice, Raffaele La Capria, el sentido común, "es un duendecillo intolerante y rebelde, que tiene por característica asombrarse sin cesar, porque mantiene siempre los ojos abiertos a la realidad, …"

Ahora bien, ¿por qué esta reflexión? Porque el sentido común es esencial en el ejercicio del acto político. Por muchas vueltas que demos, y yo soy contrario a los absolutos en el pensamiento, no hay posibilidad de hacer política -de manera concreta-, si no lo hacemos teniendo presente el sentido común de nuestras acciones, hacia quién va dirigido ese quehacer.

En razón de ello, me permito señalar que, por mucha fundamentación teórico-conceptual que le demos a la propuesta del Socialismo del siglo XXI, la consolidación de éste no será posible si no tenemos claro cuál es la Venezuela de este tiempo. Y, cuando habló de la Venezuela de este tiempo, su ubicación temporal está referida a los años de gobierno del Presidente Nicolás Maduro.

¿Por qué hacer esta última precisión? Porque la gestión de gobierno del Presidente Maduro ha sido sometida a un despiadado e inconsecuente cuestionamiento. Es una verdad inocultable que la Revolución Bolivariana durante estos veintitrés años, ha sido sometida a las más variadas formas de desestabilización política y económica. Es verdad que el Comandante Supremo de nuestra Revolución Bolivariana y creador del Proyecto del Socialismo del Siglo XXI, Presidente Hugo Chávez, tuvo que enfrentar a diario el acoso a que fue sometido por el imperio estadounidense y sus lacayos internos.

Pero, también es verdad que, desde el año 2013, el Presidente Nicolás Maduro ha tenido que enfrentar, no solo el asedio económico y político a que ha sido sometido por los gobiernos supremacistas de Estados Unidos, la Unión Europea y el cartel de Lima; sino que ha tenido que soportar posiciones desleales e injustificables de antiguos aliados; algunos de ellos, beneficiarios de nuestras riquezas, y, de nuestra solidaridad y cooperación.

Como resultado de este acoso, asedio, bloqueo, guerra económica y la imposición de medidas coercitivas unilaterales a que hemos sido sometidos, hemos descubierto que tenemos otra Venezuela; la cual, se venía fraguando y no nos habíamos dado cuenta. Que el venezolano de hoy es otro. Qué es difícil encontrar otro pueblo que sea capaz de soportar y resistir, lo que ha soportado y resistido el pueblo venezolano desde el año 2013 para acá.

Démosle, entonces, una mirada objetiva a la conducta asumida por nuestros compatriotas en estos años de crisis. Preguntémonos para quién, y con quién, debemos gobernar. El más elemental sentido común nos dice que para, y con, el pueblo venezolano.

Para llegar a esta conclusión no es necesario elaborar grandes formulaciones teóricas. Para nosotros la teoría política adquiere legitimación en su implementación práctica; y, para ello, el sentido común nos señala el camino por donde debemos transitar para alcanzar el objetivo que nos hemos trazado. Que, en nuestro caso, es la edificación de la Venezuela Socialista. Pero, ese camino está lleno de obstáculos que debemos vencer como lo hemos venido haciendo en estos veintitrés años. "El camino es culebrero", dice el campesino trujillano, cuando es muy empinado o está enmontado.

Ahora bien, si Venezuela es otra; si el venezolano es otro, ¿por qué la estrategia política no puede cambiar? Ésta puede ser diferente, lo que no puede ser es distinta. Recordemos que Jean Paul Sartre decía "que cambiamos dentro de una permanencia"; recordemos, asimismo, que quienes nunca cambian de opinión nunca logran cambiar nada.

Hay quienes en su prédica confrontacional contra el Presidente Maduro, recurren a supuestos principios marxistas; sin embargo, nada es más contrario al marxismo de Carlos Marx que no entender que la política, y el ejercicio del gobierno, son procesos dialécticos. Es por ello que, si en verdad queremos construir la Venezuela Socialista, tenemos que proponernos establecer los mecanismos e instrumentos pertinentes para hacerla realidad, a través de los cuales alcancemos la justicia social y la emancipación de nuestros compatriotas, como objetivo superior.

Pienso, en ese sentido, que resulta muy difícil, ya que lo imposible no existe, desarrollar una acción de gobierno que, en el caso venezolano, nos conduzca a construir y consolidar el Socialismo del siglo XXI, si las formulaciones teóricas del mismo carecen de sentido común.

En tal sentido, sugiero que, para lograr ese objetivo, debemos:

  1. Ver la propuesta del Presidente Nicolás Maduro como un nuevo compromiso histórico, que sigue teniendo como fuente de inspiración el carácter anticapitalista y socialista, de la Revolución Bolivariana.

  2. Elaborar una estrategia para superar las secuelas de la crisis inducida a la cual estamos sometidos, para poder darle viabilidad histórica al proceso bolivariano y consolidar el socialismo del siglo XXI. No olvidemos que, el pensamiento que nos legó el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana Hugo Chávez, no es para andar recitándolo, es para hacerlo realidad.

  3. Abrir el horizonte de la Revolución Bolivariana para romper sus límites.

  4. Entender que el fraguado del Socialismo del siglo XXI no se edifica sobre estructuras teóricas acabadas. Sino que, este es un permanente estar haciéndose.

  5. Reafirmar que, el rasgo que le confiere originalidad a la Revolución Bolivariana, es el propósito de alcanzar la justicia y equidad social; que es un proceso libertario y soberano, amante de la paz y la relación fraternal de los pueblos; de democracia participativa y protagónica.

  6. La discusión planteada hoy no es sólo en torno de los documentos originales de la Revolución Bolivariana, mantener esa postura es negar el carácter dialéctico de los postulados chavistas. Por eso es que, quienes se dicen ser leales verdaderos de Hugo Chávez, son sus principales negadores. Con una posición como esa se niegan los avances logrados desde 1999 hasta el 2022.



 



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Nelson Pineda Prada

*Profesor Titular de la Universidad de Los Andes. Historiador. Dr. en Estudios del Desarrollo. Ex-Embajador en Paraguay, la OEA y Costa Rica.

 npinedaprada@gmail.com

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