La crisis de la desverguenza

"A los derechos humanos le ocurre lo mismo que a las brujas y los unicornios,

cómo no existen, no los vemos".

Alasdir MacIntryre.

En más oportunidades de lo que me gustaría, como venezolano, estoy asistiendo a la puesta en escena por todos los medios de comunicación entre nosotros disponibles, de una situación de descomposición generalizada de los valores que deberían sustentar nuestra sociedad.

Espere usted un momento, para saltar a contradecir esto, con la argumentación de que es una percepción personal y además interesada.

En su favor debo admitir que probablemente lo es, ya que es bien sabido que en toda exageración existe un punto de verdad y de desmesura. Por lo que le pido amablemente, quedémonos con lo que pudiera ser verdad.

Que un niño que sufre de cáncer, un adulto que deba ser dializado, alguien que necesita ser intervenido o un anciano sin alimentos, está siendo condenado a muerte, por la acción de una persona que le dieron la responsabilidad de administrar los recursos para ello y se los robo. Pero visto de manera simple, es solo una desviación de los principios morales de esa persona como individuo.

Cuando una persona tiene el poder solo para su beneficio personal y ambición desmedida, de producir, transformar, transportar y distribuir una porción de droga que sabe que tendrá como resultado final el daño a la salud o incluso la muerte de muchos ciudadanos, también lo es.

Ahora bien, cuando esas personas tienen la característica de ser depositarios de la confianza de un importante número de ciudadanos y de todos los demás, aunque estos no lo quieran, porque son los responsables de la construcción de la normativa de la ley, como las o los señores diputados, ejecutores como los alcaldes(sas). Los fiscales y los jueces como garantes del cumplimiento de las mismas, los militares y hasta los responsables de la distribución de la comida, del gas o la gasolina en lo cotidiano están siendo acusados de delitos que comportan estas desviaciones; definitivamente algo muy malo está sucediendo en esta sociedad.

Pero si, además, luego de esos eventos, se evidencia la reclamación de que antes hubo denuncias y en algunos casos acciones de la ley, que debieron por lo menos impedir que estas se siguieran cometiendo y no se hizo nada o lo suficiente, esto es un "DESMADRE TOTAL".

Entonces cabe preguntarnos ¿QUE NOS PASA?

Voy a adelantarme en autocalificarme de "Pequeño Burgués", en la concepción Marxista de la moral, sin embargo, estoy convencido de que como venezolano somos capaces de dotarnos de un marco ético para enfrentar este problema al que considero grave.

Como seres humanos, es natural tratar de evadir toda situación que nos coloque en situaciones incómodas, más aún si las percibimos como que el centro de la solución está muy lejos y la responsabilidad es de otros.

Y si esos otros solo se mantienen en la perplejidad, comentarios altisonantes que se aproximan a las amenazas a los otros, por su mal comportamiento o a ser relatores de acontecimientos históricos de comportamiento ético no vamos a llegar a ninguna parte.

Considero que, acá voy a volver a citar a Marx, debemos ir a la raíz del problema.

Ir a la gente, en los barrios, comunas, instituciones educativas, culturales. Desde los Consejos Legislativos regionales hasta la Asamblea Nacional, y hacernos la pregunta debida;

¿USTED CREE QUE ESTOS ES CORRECTO?

Si aplicamos la definición de que lo bueno en una sociedad, es cuando lo bueno es bueno para todos, imagino que la respuesta además de que no es correcta, tampoco es bueno para la mayoría.

Es precisamente por esa razón que considero, entre dialogantes, debemos construir un pensamiento fuerte, con la aplicación de la inteligencia práctica, una inteligencia creadora que nos permita la construcción en un modelo de todos, con todos y para todos, una ética mínima aplicable, consciente y consensuada para los venezolanos.

Lo más importante que tenemos los seres humanos, y que nos diferencia de las bestias es el sentido de la moral es por eso que debemos revisar porque nos está sucediendo lo que nos está pasando.

Tenemos la creencia de que la moral se compone de valores permanentes, inalcanzables, universales y además muy aburridos, cuando en la actualidad existen pensamientos muy novedosos que nos invitan a pensar cada situación de una manera distinta.

¿QUE HACER?

Los invito a la posibilidad de dejar los estados meramente contemplativos o de asombro del problema, debemos pasar a conformar pequeños núcleos de diálogos y movimiento de agitación de conciencia en cada espacio donde nos encontremos, en la esquina del barrio, en la fábrica, en la mesa del club.

Es una tarea de todos, porque de otra manera la situación tarde o temprano nos tocará de manera personal y mientras tanto, cada acción vergonzosa de estos personajes, estará negándole y en muchísimas oportunidades condenando a muerte, a cada niño o adulto mayor, y a cada uno de nosotros los derechos exigibles contemplados en nuestra constitución nacional.

Ya sé que algunos también dirán que la idea de participación masiva en condiciones igualitarias que se lo deseable, no se puede dar porque sería asamblearia, lo que comporta retos interesantes, sin embargo, estos hermanos venezolanos dejan a un lado la realidad tecnológica de hoy, lo cual sería un desatino. Vivimos en una sociedad globalizada, el mundo hoy es una aldea.

Yo solo estoy proponiendo una idea para la acción la cual no se si podrá darse, sin embargo aplicando la idea regulativa de Kan, sé que tampoco podrán asegurarme que no.

Escandaloso me llamarán los reduccionistas, está bien, me parece perfecto pues es el inicio del diálogo.

Recuerden que ser felices es gratis.

Paz y bien.

 


 

 



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José Gregorio Palencia Colmenares

Escritor, poeta, conferencista y articulista de medios

 vpfegaven@gmail.com

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