¡Lástima de hombre! ¡Si emplease mejor su inteligencia!

Y con esto de ser base de acción y cimiento de moral el sentimiento de la incertidumbre y la lucha íntima entre la razón y la fe y el apasionado anhelo de vida eterna, quedaría, según un pragmatista, justificado tal sentimiento. Más debe constar que no le busco esta consecuencia práctica para justificarlo, sino porque la encuentro por experiencia íntima. Ni quiero ni debo buscar justificación alguna a ese estado de lucha interior y de incertidumbre y de anhelo; es un hecho, y basta. Y si alguien, encontrándose en él, en el fondo del abismo, no encuentra allí mismo móviles e incentivos de acción y de vida, y por ende se suicida corporal o espiritualmente, o bien matándose, o bien renunciando a toda labor de solidaridad humana, no seré yo quien se lo censure. Y aparte de que las malas consecuencias de una doctrina, es decir, lo que llamamos malas, sólo prueban, que la doctrina es para nuestros deseos mala, pero no que sea falsa, las consecuencias dependen, más aún que la doctrina, de quien las saca. Un mismo principio sirve a uno para obrar y a otro para abstenerse de obrar. A éste para obrar en tal sentido, y a quel para obrar en sentido contrario. Y es que nuestras doctrinas no suelen ser sino la justificación a posteriori de nuestra conducta, o el modo como tratamos de explicárnosla para nosotros mismos.

Hay que luchar, y buscar sobre la lucha, la solidaridad que a los combatientes une. Se entienden mucho mejor las personas y los pueblos, y están más cerca de llegar a un cordial acuerdo, cuando luchan leal sinceramente entre sí. Y es indudable que harían un grandísimo servicio a la causa del progreso, a la de su cultura, y se lo harían muy grande a sí mismos, si, tanto la derecha como la izquierda, etc., mostrasen su oposición a todo lo que les repugna en el ser de los otros y procurara cada una de esas castas imponer a las demás su concepción y su sentimiento de la vida.

Es torpeza, la de querer trazar a la política un campo restringido. La política o es una especialidad; la política es una forma de concebir, plantear y resolver todo problema. La política es una envolvente de todo problema público. Hay política económica, política religiosa, política sanitaria, política cultural, las grandes cuestiones humanas en una democracia.

Lo cual no quiere decir, que se deje absorber por entero de cierta agitación política sin contenido doctrinal. Y aún de esta agitación acabará por surgir doctrina.

Lo que sí ocurre es que en los períodos de intensa fiebre política parece como que las artes, las ciencias, la cultura, todo sufre un eclipse o un retardo. Los espíritus absortos en esas candentes luchas parecen desinteresarse de los demás problemas de la vida y la cultura. Pero éstas trabajan por dentro, y trabajan merced a la agitación política.

Con lo que tenemos que procurar acabar todos es con el sentimiento antisocial, o insocial por lo menos. Que se esconde debajo de aquella frase de "el Gobierno nada me da." Todos los Gobiernos de todos los países dan y quitan mucho —con frecuencia quitan más que dan— a todos los pueblos por ellos gobernados. Y donde no hay una intensa vida política, la cultura es flotante, carece de raíces.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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