Sin querer ser aguafiestas

Sin querer ser aguafiestas, ni enfrentado a una tradición, hoy no es posible simplemente decir feliz año a la media noche del 31 de diciembre y quedar satisfecho. Aunque lo hicimos, como lo hemos hecho toda nuestra vida, no sentimos lo mismo que en el pasado, cuando los buenos deseos podían cumplirse hasta cierto punto, pues tenían cierta relación con la realidad. El feliz año es un deseo que expresamos al iniciarse el nuevo año, es lo que quisiéramos que ocurriera y que le sucediera a nuestros seres queridos y amigos. El 2021 desearíamos que fuere un año venturoso, lleno de paz y tranquilidad, de alegrías y de satisfacción de las necesidades que tenemos, pero es imposible abstraernos de lo que es la crisis actual, sobre todo porque es la más grave tenida en décadas y, para muchos, la más grave en toda su vida.

Y no es que los años recibidos el siglo pasado estaban libres de sombras e incertidumbres. No. En absoluto. Siempre han existido problemas, y desde 1980 para acá, el deterioro creciente de las condiciones de vida de los venezolanos fue muy evidente, lo que cada fin de año nos hacía presagiar que el siguiente no iba a ser tan venturoso como deseábamos en las felicitaciones pronunciadas ni en las que leíamos. Pero en todo caso, los cambios negativos podían ser enfrentados con cierto nivel de éxito, algo que actualmente no es así en absoluto. Quizás algunos se deslumbren ante los innumerables y lujosos bodegones, el abastecimiento de bodegas, mercados y supermercados; los dólares que corren en manos de la gente y los sonidos de los cohetones, todavía presentes en estas navidades. Pero todo eso es parte de una ilusión que está muy lejos de significar bienestar de las mayorías, ni mucho menos reactivación económica.

La realidad es otra, tristemente muy distinta. El salario mínimo sigue siendo paupérrimo, uno o dos dólares mensuales, no diarios como lo miden en el resto del mundo. La miseria muy extendida y más seria que nunca. Más del 80 por ciento de la población vive en condiciones miserables y más del 65 en miseria extrema. Las cifras de desnutrición aguda y crónica sobrepasan enormemente las que veíamos en el campo venezolano hace muchas décadas. Es una verdad que no puede ocultarse con discursos demagógicos ni con cajas ni bolsas CLAP, cuyo contenido da vergüenza, ni con bonos miserables de nombres ostentosos. Aquello de "la mayor suma de felicidad posible" es una ironía grosera e irrespetuosa para con los venezolanos. Las capas medias se depauperaron hasta extinguirse y la clase obrera está siendo substituida por un nuevo tipo de buhonerismo desatado y parásito de los espacios públicos.

Insalubridad por doquier, ausencia de los servicios esenciales en toda ciudad civilizada, delincuentes repartiéndose el territorio nacional, insólita escasez de combustibles, corrupción e inmoralidad en todas las instituciones del Estado, muy grave en los cuerpos policiales y militares. Una podredumbre que será muy difícil corregir, por lo que sus efectos continuarán azotando al pueblo de Venezuela en 2021. Seguirán conspirando también contra su bienestar las otras limitaciones y carencias, entre ellas la ausencia de una clara y vislumbrable salida política. Nada hace pensar que el gobierno mejorará su desempeño. El "dejar hacer, dejar pasar" ha sido su decisión en materia económica, pero se apresta a instrumentar el despojo más grande habido de nuestras riquezas y su entrega a capitales transnacionales. La indolencia tipifica su conducta en lo social y la restricción de la libertad y la represión su norte en lo político.

La falsa oposición, por su parte, seguirá en su autismo político, también entreguista de nuestros destinos a potencias extranjeras; continuará con su desidia social, la sangría de nuestras riquezas en el exterior y sus aventuras golpistas y terroristas, que buscarán evitar la normalización necesaria del país. Es un cuadro complejo que conspira contra la posibilidad de tener un año, aunque fuere un poco mejor que el recientemente finalizado. Más que felicidad lo que parece depararnos 2021 es lucha y trabajo duro permanente. Pero, para no ser aguafiestas, trago grueso y les deseo a todos un feliz año 2021.



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Luis Fuenmayor Toro

Médico-Cirujano, Ph. D., Ex-rector y Profesor Titular de la UCV, Investigador en Neuroquímica, Neurofisiología, Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología. Luchador político.

 lft3003@yahoo.com      @LFuenmayorToro

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