Nos hicieron adictos a sus drogas, de repente nos las quitaron, quedamos apendejecidos… ¡chúpense esa!

  1. Las drogas no son de ahora, tienen siglos. Cada droga ha tenido su época. Los gringos fueron aprendiendo de todos los demás países el negocio de las drogas, hasta que encontraron el modo de inundar el planeta con las suyas para que éste les quedara en deuda para siempre. El encantamiento de los productos gringos, como veremos produjo una escisión mental tremenda en los venezolanos al extremo que llegamos a creer que nos moriríamos si carecíamos de papel toilet, de celulares inteligentes, de headphones, de tablets, de internet, de películas de terror o de acción, de mayonesa o salsa de tomate ketchup, de papitas fritas, de las series hollywoodense, de la Pepsi o coca cola… recuerdo que una de las burlas más cruenta que hicieron correr en 2014 durante los pavorosos bachaqueos y guarimbas fue: "No hay papel tualé, pero tenemos patria. ¿qué les parece?".
  2. En septiembre de 1996, se produjo un gran escándalo en Venezuela, un pleito entre la Pepsi-cola y la Coca-cola; se disputaban como perros rabiosos el mercado nuestro, y se hablaba de demanda ante los tribunales por más de trescientos millones de dólares contra Diego Cisneros (primo de Gustavo Cisneros, el del lío del impresionante centro comercial de "Galerías Preciados" en España). Parte de la población venezolana abarrotó los mercados buscando afanosamente Pepsi-cola, pues se preveía un serio desabastecimiento. Esta "división" entre los venezolanos tomó por sorpresa a los proto-escuálidos. Es importante puntualizar esto de la "división entre los venezolanos", porque aquí los únicos que tiene la real capacidad de dividir son los poderosos medios de comunicación social.
  3. Nuestro país adquirió el vicio de la droga de la Pepsi Cola tal cual como los ingleses habían conseguido imponerle el consumo del opio a China. Previamente, para hacerse con el negocio de la Pepsi Cola en todo el país, emprendieron una guerra de perros destruyendo millones de botellas vacías de la Coca Cola, y también de muchas otras marcas. Asaltaban camiones, las tomaban de los comercios, mediante procedimientos violentos. Reponer aquellas multimillonarias pérdidas se hacía muy cuesta arriba a la otra central del crimen de la Coca Cola. Por otra parte, Cisneros tenía un poderoso medio de comunicación con una voraz y permanente campaña publicitaria a favor de su refresco, donde involucraba a deportistas, artistas jóvenes con alto rating en las telenovelas o en el negocio de las disqueras (también suyas). El joven Oswaldo Cisneros, sobrino de don Gustavo, en esta campaña puso por los cielos el poder de la Pepsi Cola. Tomó pues el mercado, casi todo el mundo que buscaba refresco en los mercados y centros comerciales lo que le metían por los ojos era la Pepsi Cola, y conquistó la franquicia de Brasil, con un mercado de 165 millones de habitantes.
  4. Pero el empresario duro de la competencia, que era don Gustavo, a mediados de la década de los noventa, tuvo la visión de que la Pepsi Cola no tenía futuro, y sin pérdida de tiempo decidió voltear la tortilla. Se produjo un gran trauma en una población que había sido tratada para que tragara Pepsi Cola, y ahora le había llegado el momento de tener que cambiar de droga.
  5. Cuando después de 50 años con su familia manejando la Pepsi llega don Gustavo y cruza el Rubicón y se pasa al enemigo. Le vende a la Coca Cola 18 plantas embotelladoras, toda la red de sus mercados y de distribución. Queda Pepsi en cueros, sin maneras de procesarla, sin camiones que la distribuyan, sin personal, y don Gustavo, el muy locuaz caballero, de la orden suprema de los Kissinger y de los Rockefeller, se embolsilla en un santiamén 500 millones de dólares: sin anestesia, sin pudor y sin gresca, chúpense esa.
  6. Así ha sido nuestra historia: de droga en droga. Nuestros gustos y pareceres son cocinados, estudiados y decididos en el Norte: nos habituaron a votar a los adecos o a los socialcristianos, a vivir de lo que los gringos encontraban en nuestras minas, en las entrañas de nuestra tierra; de los intercambios comerciales que ellos impusiesen. Vicente Fox ganó en México porque el gusto a su persona le llegó a la población a través de la Pepsi-cola, empresa de la cual él era Presidente en ese país. A nosotros pensaban meternos de candidato a Cisneros metido en una botella y mediante Venevisión. Menos mal que se le atravesó a tiempo el comandante Hugo Chávez, porque además de Fox tendríamos otra gran lacra en el chanchullo del Global Market.
  7. Los Cisneros creían que el gusto por la mierda que ellos le metían a todo el mundo era tan imprescindible en nosotros que intentaron junto con otros empresarios de su categoría dar, como hemos dicho, un Golpe de Estado, y que el pueblo entonces se vería obligado apoyar so pena de no ver ni tragar más sus drogas, una historia insólita.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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