La revuelta extraviada

El inusitado estallido social denominado "El Caracazo" (27f-1989) causó un trauma social imborrable en la memoria colectiva venezolana. Para unxs terminó convirtiéndose en una especie de fantasma maligno e incómodo, y en un espíritu salvador para otrxs. Nada de extrañar por ser considerado para ese momento el terremoto social de gran dimensión explosiva en toda la región.

Por una parte, es comprensible el pánico que sufrirían las clases explotadoras y hegemónicas ante una eventual revuelta popular al estilo de El Caracazo. ¿Cómo la burguesía no va a sentir espanto por una multitud enfurecida das-apropiando a sus expropiadores? y ¿qué la clase media no tiemble por la eventualidad de perder sus bienes materiales necesarias para "auto-representarse" simbólicamente en grupos humanos "supriores" y "distintos" a los sectores precarizados?

Por su parte, las clases gobernantes o Administradoras del poder, desde ese histórico acontecimiento no dejan de pensar lo embarazoso: tener que enfrentar policialmente una importante masa poblacional de votantes y garantizar el "orden público "y "paz social" al mismo tiempo.

Y finalmente la ultraderecha, - yo la llamo Derecha Opositora Neofascista (DON) por atreverse a quemar vivos gente mestiza y supuestamente chavista- sueña cada día con un nuevo estallido social; esta fantasía psíquica les ha ocasionado un trastorno de fijación respecto a una eventual repetición del 27f., lo cual aprovecharía maquiavélicamente para el logro de sus oscuros objetivos políticos.

Ahora bien, en estos tiempos de mayor aceleración de la crisis social y política (revanchas/agresiones imperiales, guerra económica, hiperespeculación) el fantasma de EL Caracazo aún no termina de aparecer completa y vigorosa como la luna llena. Sólo pudo mostrar sus dientes hace 2-3 años: en la ciudad de Barinas (21,22, y 23 de mayo 2017) y en todo el país (enero 2018). En ese momento ocurrieron saqueos populares, muertes, destrucción de instalaciones privadas y públicas, y quemas de vehículos, entre otros casos de violencia social generalizada. Ahora, extrañamente, apenas se percibe una atmósfera de calma o paz social.

II

Esta problematización no ha sido insuficientemente aclarada por nuestros científicos sociales; por tanto propondré algunos elementos para la discusión, éstos consisten en tres aproximaciones teóricas de carácter sociológica, socioantropológica y sociopolítica.

Aproximación sociológica (garantía del Consumo Mínimo Vital).

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) Venezuela es el único país del continente que logra reducir a la mitad la proporción de personas que padecían hambre en el periodo comprendido del 2000 hasta el 2012. Empero, a partir de 2012 hasta la fecha (2020) los llamados sectores sociales vulnerables matriculan un descenso significativo del consumo de alimentos. Aquí debe dejarse claro que dicho subconsumo registrado atañe a ciertos productos de la cesta alimentaria no indispensable para vivir. Es lo que he llamado el CONSUMO MÍNIMO SUPERFLUO, entiéndase la compra de productos de higiene personal y limpieza de hogar, aparte de una gran cantidades de bienes culturales y necesidades creadas por la sociedad (consumista) pasaron a ser una fantasía para las llamadas "clases medias" y "populares".

Sin embargo, un bajón en el CONSUMO MÍNIMO SUPERFLUO si bien aproxima a muchos al umbral de la pobreza, aún les falta llegar al umbral del hambre. A esta enorme mayoría social lxs ha salvado un CONSUMO MÍNIMO VITAL, entiéndase el consumo de los productos o alimentos esenciales de la naturaleza (cereales, proteínas animal/vegetal) para mantenernos con vida y con la energía necesaria para reproducirnos materialmente como seres humanos. Es decir, podemos estar en situación de pobreza pero consumiendo lo indispensable para mantenernos con vida.

Esta realidad, no obstante, es ignorada por muchxs, fundamentalmente por quienes se les va la lengua a cada paso invocando un nuevo estallido social. Desconocen que en lugares donde habita la pobreza (o ciudad segregada) el gobierno ha instalado el programa de las Bases de Misiones para brindarle apoyo social en materia de salud y alimentación. Allí los programas alimenticios son distribuidos regularmente: el CLAP no falta cada 15 días, 20 y 30 días en otros, periódicamente se llevan a cabo los llamados cielos abiertos donde se expende verduras y carnes, venta de productos proteicos cada 15 o 30 días, venta de víveres subsidiados en las Bodegas Comunales, además de ser beneficiados con los bonos del sistema Patria. Todo ello le permite el Consumo Mínimo Vital (CMV).

Aunque parezca un planteamiento esencialista, el CMV ha resultado ser un colchón bastante efectivo para aguantar circunstancialmente una potencial revuelta popular por hambre. Sin embargo esta realidad puede variar al hacer algunos ajustes de actualización referente al poder de compra de la moneda nacional versus la divisa norteamericana: septiembre-octubre 2018 a julio-agosto 2020. Obviamente hay una diferencia abismal entre un salario mínimo de aproximadamente 30 dólares mensuales para septiembre 2018 que alcanzaba para comprar aproximadamente 21 productos de la cesta básica, frente a un salario mínimo de unos 4, 6 dólares mensuales a mediados de 2020 qué solo alcanza para adquirir 2 o tres producto de la cesta alimentaria. La evidente destrucción del CMV dada la progresiva pérdida del valor de la moneda nacional en estos últimos meses del 2020 nos acerca al umbral del hambre y ¿por qué no a las cenizas de un volcán en erupción?.

Aproximación socioantropológica (resurgimiento de familitud/familismo)

Si el gobierno ha jugado bien el ajedrez político para evitar un desbordamiento social por hambre a través de ejecución de programas sociales que promueven el Consumo Mínimo Vital, la institución familiar, por su parte, ha reasumido su histórica misión amortiguadora de los grandes vaivenes que genera una sociedad desigual mediante mecanismos de reciprocidad familiar y/o prácticas familistas. Aquella legendaria frase: "bojoticos van y bojoticos vienen"a menudo hoy es practicada en la mayoría de los hogares pobres de Venezuela. Este intercambio de productos entre-familias retomado ampliamente en nuestro país, conocido en Antropología como reciprocidad familiar, es una realidad indiscutible. Así como es indiscutible que el concepto compra-venta en una sociedad de mercado como la nuestra, sea la ley económica que rija la forma de abastecimiento alimentario entre la población, el trueque familiar es una vieja regla de economía solidaria o ayuda mutua que en nuestras sociedades "modernas" aún resultan eficaces para garantizar el consumo básico humano.

Junto al resurgimiento de la antigua noción la reciprocidad familiar, se suma una intensa revivificación de prácticas de "familiaridad" y/o familista ancestrales. Sin caer en exageración es posible asegurar que todas las comunidades pobres hoy logran más de la mitad del consumo mínimo vital gracias al auxilio de sus parientes (sanguíneos y afectivos).

En suma, la reactivación y repotenciación de viejas prácticas de solidaridad familiar y familismo constituye un poderoso mecanismo de resorte social en tiempos de crisis, y en consecuencia un importante dispositivo inhibidor de futuros conflictos sociales que podrían ser ocasionados por hambre.

Aproximación política. (Desaparición de la interacción Mínima Interactiva)

No le falta razón a quienes sostengan que garantizar el consumo mínimo para vivir no es suficiente para contener una explosión social. Y yo estoy de acuerdo con esa posición. Hace falta que aparezca la chispa que encienda la pradera, o el "sujeto de acción social de la revuelta", generalmente brotado de una Interacción Mínima Interactiva entre la gente que padece la dura situación económica y social (los potenciales hambrientos). Es bueno recordar que para los años 2013 en adelante, periodo de plena escasez de los principales alimentos de la dieta básica, las personas acudían masivamente a los establecimientos comerciales públicos y privados para hacer sus compras.

La natural aglomeración para ejercer el acto de compra daba pie para que lxs potenciales consumidores se enfrentaran cara a cara y establecieran un diálogo crítico y hasta acaloradas discusiones sobre el tema de la escasez y la especulación. Sin duda, la rabia colectiva popular que desembocó muchas veces en mini-motines, conatos de saqueos, reyertas y todo tipo de peleas nació justamente en la desesperación e impotencia de cientos de personas que luego de pasar muchas horas en las colas no pudieran comprar una bolsa de leche o un kg. de azúcar. Es oportuno destacar que finales del 2018 y comienzos del 2019 con las políticas de liberación de precios y la apertura de los bodegones aparecieron los alimentos antes escaseados, resolviendo automáticamente el problema de las aglomeraciones de consumidores. Acabadas las colas disminuyó instantáneamente la agitación social pública, aunque en los espacios privados (domésticos) haya quedado mucha gente enardecida por la carestía y la especulación aún reinante. Pero reza un refrán: "mil tizones prendidos, pero separados no hacen fuego."

A la desactivación de una densidad interactiva y agitación social producto de las colas, debe añadirse que la agudización de la crisis curiosamente llevó al colectivo social a ocuparse prioritariamente del asunto de la "papa", rezagando los otros aspectos de la vida social, como la actividad política. Así las jornadas de protestas (marchas, concentraciones y demás actos de revanchismo político), convocadas por las organizaciones políticas de oposición quedaron en un segundo y tercer plano. En fin, la vida, a partir de dicha agudización de la crisis (4,5 dólares promedio para comer lo básico), parece reducirse a la esencial práctica de "el rebusque" del pan necesario para amanecer "vivo".

III

Algunas consideraciones teóricas generales (in-conclusas)

-Las revueltas populares no aparecen o estallan por caprichos de unxs o por que sí. Es menester un punto de partida, según Marx. O lo que es lo mismo, la existencia de un cúmulo de elementos mínimos de carácter (económico, político, cultural, etc) que proporcionen las condiciones objetivas o el caldo de cultivo requeridos por el sujeto o actor social de la revuelta.

- De igual modo, las condiciones objetivas no aparecen de "golpe y porrazo" o producto de invenciones o imaginaciones de mentes brillantes; éstas son producto de grandes contradicciones de un sistema social que se empeña en favorecer una clase privilegiada (explotadora) en detrimento de otras más desvalidas (oprimidas). No obstante en el tiempo menos esperado, cuando los de abajo consideran "insoportable" la angustiosa situación que los envuelve, éstos deciden apretar el gatillo que encenderá la pradera. En el caso chileno, por ejemplo, nadie se esperaba una revuelta permanente de alta intensidad, y sin embargo estalla porque el "sujeto neoliberal chileno" consideró que el status social consumista (Consumo Mínimo Superfluo) se estaba derrumbando o sentía que estaba dando mucho de sí (desmesura laboral) para mantenerse dentro del rango de la estructura clasista que había logrado en su dura carrera de ascenso social que le impone el sistema competitivo neoliberal.

-En el caso venezolano, en la medida que una gran mayoría de la población considere que esté a punto de atravesar los límites del umbral del hambre o escaso Consumo Mínimo Vital: entiéndase negación de llevarse el pan a la boca (cereales y granos, por ejemplo), saltarse una comida todos los días, pasar varios días sin comer durante un tiempo prolongado, y de haber llegado al extremo de soportar lo suficiente, se estará, entonces, allanando el camino para un levantamiento social. Aunque una observación (no profunda) parece revelar que en Venezuela aún no hemos llegado al límite de subconsumo para estar vivos, y en segundo lugar, en correspondencia en lo que he dicho anteriormente, todo parece indicar que el potencial sujeto social de la revuelta en medio de la agudización de la crisis de pandemia social y viral está obsesionado por sobrevivir (comer), luego existir.

- Esperemos un tiempo más para ver como marchan los acontecimientos, hasta ahora (2020) no aparece ninguno que proyecte siquiera una sombra parecida al "Caracazo". Empero, como he dicho en otras oportunidades, las rebeldías sociales como los mares son misteriosas. En sus momentos de calma aparente es cuando hay más que temerle. Las revueltas, paradiando a Marx sobre las revoluciones, interrumpen su marcha, retroceden de vez en cuando, más no desaparecen del todo.



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Francisco Hernández

Profesor universitario

 franc2604@gmail.com

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