Venezuela, una revolución frustrada en transición al socialismo

Jamás los déspotas

subyugaron a los hombres que

resolvieron ser libres

Lo que ha venido viviendo la sociedad venezolana a partir de abril del año 2013, y luego de una errada decisión tomada por quien fue líder de un proceso de cambio que hasta llegó a tomar las banderas de un socialismo a la bolivariana, como fue el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, quien surgió a la palestra pública con su famoso Por ahora, luego de solicitar que cesara la rebelión militar, por él encabezada el 4 de febrero de 1992, y después de su periplo como Presidente de la República Bolivariana, a partir de haber ganado las elecciones en diciembre del año 1998, y de su mandato que prácticamente concluyó con el agravamiento y posterior defunción el 5 de marzo del año 2013; el proceso de cambio que ocurrió en ese período desde el 4 de febrero hasta el 8 de diciembre del año 2012, cerró un ciclo en la historia venezolana llena de las necesarias contradicciones que significaron el intento de cambiar el rumbo que había tomado el país después del 23 de enero de 1958, y los sucesivos gobiernos de la bipolarización de dos partidos que conformaron una etapa de Venezuela, desde su nacimiento bajo la tutoría de dos caudillos como lo fueron Rómulo Betancourt y el Doctor Rafael Caldera, a su vez fundadores de agrupaciones hegemónicas por más de medio siglo, ocupando ambos un par de veces la Presidencia de la República en condiciones muy diferentes, siendo las últimas aparte del gobierno de Acción Democrática (AD) durante el periodo 1945-1948, alcanzado por una asonada militar y civil bajo el liderazgo de Rómulo Betancourt, diferentes a los dos períodos presidenciales del Doctor Caldera, representante casi eterno del partido socialcristiano COPEI, en la primera oportunidad, y ya como líder de una amplia coalición, en la segunda oportunidad, que llevo precisamente en diciembre de 1998, a entregarle la Presidencia de la República, al Comandante Chávez, poniendo fin a las cuatro décadas de predominio de la bipolaridad de AD y COPEI.

Partimos de tres elementos a modo de coordenadas en relación a la definición de esa frustración del país a lo que consideramos como resultado del período previo a abril del año 2013.

Queremos significar tres valoraciones: una primera se refiere al éxito de haber puesto por parte de la Jefatura del Estado venezolano y líder del proceso lo que consideramos un gran logro, el posicionamiento del proceso bolivariano en el mundo entero, de su lucha contra el imperialismo norteamericano, siguiendo aquella expresión de Simón Bolívar, casi como una admonición histórica: ´Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad¨.

La solidaridad alcanzada por el proceso bolivariano en marcha, repetimos desde diciembre del año 1998 hasta diciembre del año 2012, marcó un hito en la lucha por la liberación de los pueblos del dominio extranjero.

Se abrieron los corazones y se expandió la solidaridad de los pueblos con una ampliación del radio de la lucha mundial, a nombre de las libertades y el dominio del imperio norteamericano que ya había sufrido la humillante derrota militar por parte del heroico pueblo vietnamita a mitad de la década de los setenta del Siglo XX.

Significaba el proceso bolivariano una referencia para otros pueblos del mundo en su sacudimiento de la geopolítica mundial que se dio a partir de finalizada la Segunda Guerra Mundial, más luego de la finalización de la experiencia soviética por casi tres cuartos de siglo.

Esperanzas de liberación, esfuerzos conjuntos de gobiernos y pueblos por su derecho a la autodeterminación, a decidir plena y soberanamente sobre su destino como Nación independiente, donde el ejemplo de Venezuela quedó grabado en la memoria de los pueblos de América y del mundo con su esfuerzo y sacrificio por superar la lógica del metabolismo del capital, ya considerada en una crisis estructural, cuando toca sus límites expansionistas a finales del Siglo XX.

Frente a este significativo éxito geopolítico del proceso bolivariano estando a la cabeza el líder Hugo Chávez, debemos igualmente resaltar otra área donde el éxito de su gestión no fue totalmente como la anterior, nos referimos a la parte positiva de la distribución de aproximadamente unos dos tercios de la renta captada de los hidrocarburos, medio de producción no producido, que se distribuyó para el pago de una deuda social acumulada desde aproximadamente 1830; contribuyendo a satisfacer las necesidades sociales de la mayoría de la población trabajadora de Venezuela.

Ese éxito parcial en la distribución de la renta no podía ser permitido por los sectores más conservadores del sector militar y político sindical de la Cuarta República, junto a personajes de la jerarquía católica quienes se unieron al Golpe de Estado de abril del año 2002, y al posterior sabotaje petrolero de ese mismo año y de principios del año 2003.

No podía ser de otra manera, orquestado todo ello con la presencia de la dirigencia política norteamericana, quién se manifestó abiertamente a favor de semejante ofensiva apoyado por los medios de comunicación internos y externos propiedad de sectores involucrados en dicha contienda.

Sin embargo, luego de la derrota sufrida por dichos sectores pocas horas luego, a mi modo de ver, no se tomaron las opciones radicales de profundización del proceso revolucionario venezolano, envueltos en una supuesta paz donde el enemigo claro, la potencia dominante imperial, junto a sus acólitos en el resto del mundo y los representantes conservadores de la política y miembros de la Fuerza Armada Bolivariana que continuaron a la expectativa esperando nuevas oportunidades en el futuro, cuestión que ha venido sucediendo posterior a la definitiva siembra del líder del proceso bolivariano, el 5 de marzo del año 2013.

Un tercer elemento, que asoma por una parte la creación de un sentimiento nacional, como legado del ideario del pueblo venezolano; ha sido negado posteriormente dada la incompetencia demostrada hasta la saciedad por quienes se han convertido en una camarilla que pretende eternizarse en el poder del Estado, sin auctoritas, y habiendo perdido la poca legitimidad que emanaba de la solicitud formulada por el Comandante Chávez, 8 de diciembre del año 2012, en lo que ocurrió en las elecciones parlamentarias de diciembre del año 2015, cuando se perdió de manera absoluta la mayoría que se tenía en dicha Asamblea Nacional, que como tal fue una derrota, que en parte confirma lo errado de la sugerencia hecha por el Comandante Chávez, el 8 de diciembre, y la incapacidad de transformar un sentimiento a favor de un proceso de cambio, en organización y conciencia popular, como se venía enrumbando hasta ese diciembre, en parte también, al no haber fortalecido una real y profunda unidad entre el pueblo y la Fuerza Armada Bolivariana, más allá de la presencia de miembros de esta institución ocupando cargos en la administración del aparato del Estado, sin la probidad ni capacidad para ejercerlos, implicando a la institucionalidad militar en responsabilidades para las que no está diseñada y que no se corresponden con la real Defensa y Soberanía de Venezuela, en una experiencia que dejará secuela por los desatinos cometidos en el ejercicio de cargos para los cuales no se encontraban preparados, al no mostrar resultados positivos, incluso por demás cuestionados hasta que tuvieron que ser destituidos tardíamente, cuando el daño ya estaba hecho y que no se sabe de sus consecuencias a mediano y largo plazo.

Otro elemento a considerar es la desviación de la función de vanguardia por parte de la organización política creada, que ha terminado por convertirse en un aparato que se centra en sus propios intereses, donde, a partir de la muerte de Hugo Chávez, ha venido a faltar el funcionamiento de una democracia profunda que él había postulado como fundamental, cercenando de manera clientelar las funciones del propio Estado, creando una red de contradicciones, inclusive redes de corrupción, que terminan en la ineficacia de su función como dirigentes de la revolución, reafirmando deformaciones de defensa de intereses personales, familiares, de grupos, de mafias y de clanes, terminando en lo mismo que le ocurrió o peor aún a las organizaciones de los partidos tradicionales hegemónicos de la Cuarta República.

Todo ello aunado a la falta de liderazgo político, ha concluido en el agravamiento de la crisis de hegemonía, de la situación de ingobernabilidad en que nos encontramos ya a mitad del inicio de la tercera década del Siglo XXI, a lo cual se agrega las consecuencias de unos problemas relacionados, por un lado, con el llamado colapso rentístico, y a lo que se suma, una tercera dimensión de la ausencia total de lo que fue el gran éxito internacional, de solidaridad y proyección de la posibilidad de ir caminando hacia una transición propia, con modelos originales, en avanzar a una sociedad más allá de la lógica del capital, aún en condiciones de dependencia del capitalismo rentista hacia otra basada en la lógica del metabolismo del trabajo, donde la clase trabajadora pudiese asumir su hegemonía injertándose en la dirección del aparato económico basado en una democracia participativa y protagónica real.

A partir de las anteriores consideraciones, nos permitimos insistir que para que exista la posibilidad de una revolución política ligada al modelo de desarrollo, entendemos que se deben establecer nuevas relaciones de poder frente al bloque hegemónico imperante.

Tales relaciones deben conllevar a la creación de un nuevo bloque hegemónico alterno ligado a los intereses populares y a los pequeños productores del campo y la ciudad. Y en cuanto a la transformación productiva, ligada al modelo de acumulación, buscando una mayor democratización del poder económico, el cambio en el rol del Estado para lograr que el proceso acumulativo se oriente a la satisfacción de las necesidades básicas de la mayoría de la población y a la defensa de la soberanía, la incorporación de mecanismos de autogestión productiva a nivel colectivo, la utilización de una planificación democrática como mecanismo regulador de las relaciones productivas, y la ubicación autónoma del país frente a la internacionalización del sistema capitalista.



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Jorge Giordani

Ex-ministro de Planificación.


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