Tapaboca y tapamoco

Del tapaboca al tapamoco, falta poco, y, del tapamoco al tapaboca, distancia poca. Y, el trapo únelos en difuminación continua espectral espectacular, con pandemia y sin pandemia del coronavirus, a menos que cuando el Llanero Solitario, usuario de la máscara, o mascarilla, de tapaboca y tapamoco, ya que como que existiera la pandemia del coronavirus. Falta poco y distancia poca, entre boca y nariz, recoge moco, que no entre pestañas y nalgas, tanto redondas coloradas como muestra VTV, en antena bigote que a DIRECTV derrote, al presentar los programas, recoge boñigas extrañas, y, no obstante, pestañas y nalgas, han de tocarse al través de la próstata y de las paredes de la vagina, en vigilia y movimiento rítmico constante dilatorio y delatorio, contra el cáncer y a favor del sexo orgásmico, pestañas y ano, tántrico cangrejero humano. El trapo es la medida de todos los hombres y la medida de todas las mujeres, ahí en redoma abrazadora tántrica sancarleña, tanto como el amor en los tiempos del cólera, como ahora el amor en los tiempos del coronavirus pandemianos. Casos límite contradictorios caliginosos, en el uno la bacteria y el otro el virus, tanto como tapaboca y tapamoco Covid-19, que esconde tanto bigote como labio leporino y lengua mudenca, tanto como a los dientes castoreras fiber, que no las costaneras de Fáver Páez, el poeta con tapatetas en corona de pantaleta, o sea, los de dientes volados, asina asín así, con tapaboca y tapamoco, serian irreconocibles: Rafailito Salazar e Ideana Mediana, y, Wolfang Rangel, Tapara’emoco, asina asín así, cualquiera cásase, en tapao sentido embozao, a lo que estarían fregadas y fregados, las y los nariz de Pinocho, y, labiudos y labiudas, que no las viudas de Cantaclaro. Mas y más, la voz del chingo no escóndese, asina asín así, la voz del mudenco, en similaricadencia tautológica repetitiva platónica, el doctor Víctor Guajiro Vargas, de San Carlos, y, el dirigente socialista del PSUV don Darío Vivas Velasco, Jefe de Gobierno de Distrito Capital. Al doctor Vargas, lo reconociera el cabezón Gutiérrez, pues el mudenco doctor, comienza su parlamento, como si estuviera definiendo el Derecho en esdrújulo latín romano: "Aars boni et aequi", o sea, el derecho, a según Celso, que no Celso López, es el arte de lo bueno y de lo equitativo. "Étequi, étequi, étequi", en lo equitativo, pégansele los platillos, al abogado doctor Vargas, tanto como a Darío, que lo identificara y reconociera el presidente Maduro, y rempujáralo a la gobernación, en su carácter mudenco imperceptible y perceptible, con capucha y sin capucha, con tapaboca y sin tapaboca, con tapamoco y sin tapamoco, con taparrabo y sin taparrabo. "Que ni con chapaboca de Pepsi Cola, son reconocidos, el doctor Vargas y don Darío Vivas Velasco, sino con chapaboca de etequitanegra, como dijéralo, en Dígalo Ahí, el periodista Hermes Escalona, "Es materia del Cabezón Gutiérrez y del Presidente Maduro de Venezuela", fue el término y remate del periodista cojedeño.

En ahora y en deshora, el chingo Balza, con su tapaboca y tapamoco, y, con la cachucha al revés y lentes oscuros, como el primo de Aporrea, era indistinguible, mas y más, lo delataba la voz leporina chingoiana, y mas y más, cuando en el botiquín Los Ranchos, de don Juan Rafael García, en San Carlos, el pequeño boquineto chingo, entre Pinto y Valdemoro, pedíale a la rocola, el comején, y que el botiquinero conocía, y, que no era, que la canción de José Luis Perales: "¡Y, como es él…!". El chingo Pedreáñez, el chingo Jiménez, el chingo Gómez, el chingo García, igual que el chingo Balza, irreconocibles con los trapos en la cara, mas y más, los delataba, a cada uno, el sonido leporino característico, tanto como el famoso Cachaplá, estantillo flaco estantiguo, moruno menudo tordo borroso caliginoso, chingo Federico, carro’e mano y de madera cargado de leña y costaneras, que al vecindario sancarleño repartiera, al que el poeta Fáver Páez cantárale, al Chingo Cachaplá Federico, y, a quien la Gorda Fiera María, entre el puente de La Burra y el puente de La Calle Alegría de San Carlos, llamaba a que el amor hiciera, y, Federico en su chinga lengua leporina, respondíale cantadito: "No me la pego’e vaina de día con pandemia, catre caoba coba, rola alcoba coba, Rocola María Leona", Federico Cachaplá, seguía con su canto, y, carro de leña, cargado de guafas, pa’su rancho y vivienda, con tapa boca y tapa moco en estricto cumplimiento de cuarentena radical semanal.

Del tapaboca al tapamoco, falta poco, y, del tapamoco al tapaboca, distancia poca. Y, el trapo únelos en difuminación continua espectral espectacular, con pandemia y sin pandemia. Falta poco y distancia poca, entre boca y nariz, recoge moco. Solo y sólo, al chamo chingo Jiménez, delatábalo en la calle Ricaurte de San Carlos, el perro de María Elisa, Pelota, así llamábase el perro de la mamá de Cayetano y de Pepe, Pepijo y su Hijo. Solo y sólo, Pelota, reconocía al chamo chingo Jiménez, a lo lejos, y movía la colita el manso perrito amarillo, que como cuando el encuentro de Odiseo y su perro, Argos, el único en reconocerlo, después de veinte años de ausencia de su territorio de Ítaca, porque ni el cuidador de los cerdos de Nadie, lo reconociera, sino fuera por la mordía del jabalí del monte de El Parnaso, en una canilla del héroe Ulises de La Odisea Homérica, que mostrárale al cochinero. Pelota, delatador, en la calle Ricaurte de San Carlos, a finales de los años cincuenta y el día 23 de enero, y, el chamo chingo Jiménez, con magnanimidad inclemente, el día de San Clemente, y, con tapa boca y tapamoco, irreconocible, en jugarreta con caballo Plata, de guafa en zapolín pintura blanca plata argentina. El Llanero Solitario, de conocimiento de suplementos intercambiables como cromos coleccionables, en que el chamo indio Gómez, hacía las veces de Toro, el compañero inseparable del Llanero, junto a Pelota, el grito del chamo chingo, a horcajadas montado en su guafa caballo blanco Plata, blanquinegro yin yang, cabalgaba hacia el Sol poniente, mas y más allá de La Casa La Blanquera de San Carlos, pernota del Libertador, en que La Quebrada La Mona, escondíase detrás de los ojos del General en su laberinto garciamarqueziano, el General, ya con el épico callo libertario entre nalgas, y, aflorara en la Batalla de Carabobo en 1821, el día de Santa Demetria, la mártir de la persecutoria cristiana, de quien doña Brígida, mamá del chingo, era devota, y la voz leporina del Chigo Jiménez: "¡Hi-yo, Silver, away!", en un inglés leporino trastrocado trasnochado chamuscado e inconfundible del chingo Jiménez, sin saber sabiendo sobre los casos límite contradictorios caliginosos, algo nuevo ante el sol ludovicosilvaiano y nada nuevo bajo el sol eclesiástico, en lienzo pictórico blanquinegro, y, de la penumbra sombría whitmaniana, del Canto de mí mismo, y, de las estrellas escarchachinas garcialorcaianas, del Romancero Gitano, y, del caballo Plata argentino del Llanero Solitario, caballo que no era ni negro ni blanco, mas y más, esto es, una grisura difuminación continua espectral, en el contradictorio caliginoso 69 cojedeño. "¡Sácamelo Miguer! ¡No puede sel! ¡Elgo velgo! ¡Er Cuento, der cacho‘evaca!", gritara el diputado Pineda, desde un rincón del botiquín de don Juan Rafael García., que en distanciamiento social pandémico Covid-19, el diputado, hacía la cola, pa’las empanadas, deliciosa divina ambrosía de doña Doñana, la compañera de don Juan Rafael García. "¡Qué tiempos aquellos!", arrimábase y animábase, tomando distancia de dos y mas y más hombros del diputado Pineda, el duaqueño Cotepa Delgado, que venía por las empanadas de doña Doñana, que las conociera por la maestra Vilmary Mogollón, que las llevara a esas tierras, y, hiciéranse, las empanadas de doña Doñana, famosas en ríos y quebradas de Duaca del estado Lara.

Si del tapaboca al tapamoco, falta poco, y, del tapamoco al tapaboca, distancia poca. Y, el trapo únelos en difuminación continua espectral espectacular, con pandemia y sin pandemia de coronavirus. Entonces sea dicho que el tapaboca y tapamoco, ha de esconder bigotes del presidente Maduro, labios leporinos, labiudos y labiudas y salientes dentículos. Ergo vergo sea dicho que el tapaboca y tapamoco, no ha de esconder la voz leporina, ni la voz mudenca, ni el mal aliento de quien lo carga y a quien cáigale y con su pan se lo coma. Ergo vergo sea dicho que en lo del mal aliento son bastante Maisanta. Ergo vergo sea dicho que la poesía no hiere susceptibilidades, por respeto respecto al aliento. Ergo vergo sea dicho que Pato Donald Comiquita Trump, perdiera por su mal aliento, la guerra con el bravío pueblo venezolano, que alentara y adelantara, con tapaboca y sin tapaboca, con tapamoco y sin tapamoco, el presidente Maduro de Venezuela.


 



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Miguel Homero Balza Lima


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