La Operación Gedeón / Análisis

Las conductas desplegadas, tanto del gobierno como de sectores de la oposición, no han sido nada transparentes, ni apegadas a la verdad, lo que explica y justifica la incertidumbre reinante.

 

El nombre de Goudreau ya había sido mencionado semanas antes por el mayor general Clíver Alcalá Cordones, como jefe de  los entrenamientos de un grupo de militares venezolanos desertores, en un campamento en Rio Hacha, Colombia

De nuevo somos espectadores de una acción armada y violenta entre las fuerzas de seguridad del Estado venezolano y fuerzas militares de alguna manera al servicio de sectores de la oposición extremista al gobierno de Nicolás Maduro. No quiero ser peyorativo en las palabras que uso, aunque algunas puedan sonar de esa manera. Trato de describir los sucesos ocurridos, de los que hemos sido espectadores recientemente, de la manera más objetiva posible, así como también de las fuerzas políticas, nacionales y extranjeras, involucradas en los sucesos sucedidos. Se comprende que exista incredulidad entre los venezolanos sobre los hechos y las explicaciones dadas sobre los mismos, pues las conductas desplegadas tanto del gobierno como de sectores de la oposición no han sido nada transparentes, ni apegadas a la verdad, lo que explica y justifica la incertidumbre reinante.

Para algunos, lo ocurrido fue considerado inicialmente un hecho totalmente inventado por el gobierno o, a lo sumo, una situación ligada al contrabando o al tráfico de drogas, que fue convertida por la propaganda gubernamental, en una invasión para asesinar al Presidente y derrocar al gobierno. Esta opinión no era en principio alocada ni despreciable, dados los antecedentes del gobierno en otros casos y las características particulares de los hechos, que hacían ver como ridículo que, una lancha con una decena de personas a bordo, pudiera invadir Venezuela con alguna posibilidad de éxito. O que fuera un peligro para la vida de Maduro o que pudieran secuestrarlo y llevar a EEUU. El lenguaje rimbombante, propagandístico y exagerado del alto gobierno y su liderazgo político, así como la falta de credibilidad que tienen en la población contribuyeron enormemente a esta inicial conclusión.

Pero para quienes es importante saber la verdad, la ridiculez del intento, que lo hacía no creíble, se nos antojó muy similar a la del golpe de Estado del 30 de abril de 2019, en el cual Juan Guaidó y Leopoldo López insurgieron desde un distribuidor vial, con una docena de militares de baja gradación, algunos fusiles y un racimo de plátanos. Y no exagero. Todos lo vimos. Si fueron capaces de aquella payasada, era lógico pensar que serían también capaces de hacer lo de Macuto. Recordamos también la insurgencia de Oscar Pérez, ex CICPC, que de falso positivo pasó trágicamente a héroe nacional. La conclusión entonces fue que no era absurdo pensar que lo denunciado por el gobierno fuera cierto. La aparición inmediata de un video, grabado por los organizadores de los insurgentes, Javier Nieto Quintero y Jordan Goudreau, comenzó a aclararnos más lo ocurrido.

El nombre de Goudreau ya había sido mencionado semanas antes por el mayor general Clíver Alcalá Cordones, como jefe de los entrenamientos de un grupo de militares venezolanos desertores, en un campamento en Rio Hacha, Colombia. Esto lo declaró luego que unos vehículos enviados por él para el transporte de armas destinadas a Venezuela, fueran detenidos por autoridades colombianas, lo que develó los planes para la incursión en el país de grupos militares armados con el objeto de establecer campamentos de insurgencia contra el gobierno de Maduro. En aquel momento también señaló la existencia de un contrato firmado por Guaidó, que legitimaba sus acciones conspirativas, las cuales eran conocidas y apoyadas por el gobierno del presidente Duque. Estos hechos terminaron con el traslado a EEUU de Alcalá Cordones.

Otra información importante vino de la entrevista que le hace Patricia Poleo al mismo Jordan Goudreau, médico, capitán, ex marine de las fuerzas especiales de EEUU, con tres medallas de bronce por sus acciones en Irak y Afganistán, quien se presenta como representante de la empresa "Silver Corp USA", dedicada a asesorías militares y entrenamiento de efectivos en cualquier parte del mundo. Muestra además el contrato por 212 millones de dólares firmado por Juan Guaidó, J. J. Rendón y Sergio Vergara, el cual aparentemente fue incumplido por éstos según declaró. Todavía en este momento, muchos dudan de la veracidad de la "Operación Gedeón", aduciendo que la periodista no era confiable pues respondía a intereses personales y no a la verdad.

Al momento de escribir esta nota, ya hay varias otras declaraciones de personas del extremismo guaidoísta, que de una u otra manera convalidan las acciones llevadas a cabo. Guaidó, por supuesto, se lavó las manos, a pesar del audio existente de su conversación con Goudreau, quien le llama "President". Se parece a Maduro en aquello de no aceptar ninguna responsabilidad por sus acciones. Tampoco nunca se fotografió en una trocha con efectivos de la banda delictiva de Los Rastrojos, a pesar de aparecer claramente en las fotos. Y también se asemeja a Trump, en eso de negar que supiera algo de Goudreau, para que luego el gobierno lo muestre en dos fotos acompañado del mercenario. Estamos envueltos en la vorágine irresponsable Maduro-Guaidó-Trump.

Pero si aún le queda dudas a alguien sobre los hechos ocurridos, su significado y sus irresponsables autores, no hay sino que leer las declaraciones del pasado 4 de mayo del mayor de la GNB Juvenal Sequea Torres, participante del golpe señalado del 30 de abril. Este militar rechaza estar en rebelión, pues él es parte del gobierno legítimo de Guaidó; quienes están en rebelión son los militares que apoyan al gobierno usurpador de Maduro. Ratifica los hechos de Macuto donde murieron 8 de sus combatientes, la existencia de incursiones posteriores en territorio venezolano, dirigidas por su hermano el también mayor de la GNB José Sequea, capturado en Chuao; la ayuda brindada en aporte tecnológico y entrenamiento de Goudreau, el desconocimiento de Guaidó de las acciones, pues éstas son atribución del alto mando militar que luego informa al "Presidente interino" (https://eldiario.com/2020/05/04/las-revelaciones-de-juvenal-sequea-sobre-la-operacion-gedeon/).

No voy a negar que la violencia puede jugar un papel decisivo en la política. Así ha sido históricamente. Pero es irresponsable asumirla cuando no están dadas las condiciones para ello, cuando existan otras vías menos cruentas y cuándo se carece de la fuerza necesaria para vencer al contrario. Y esto es lo que ha hecho esa oposición desde 2001 en adelante. Ya basta de ese negligente juego que siega vidas sin propósito ninguno.



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Luis Fuenmayor Toro


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