El drama de un desertor

En días recientes, quemando y botando algunos que otros documentos inhábiles del expediente de mi carrera militar, la cual dejé de ejercer por tiempo de servicio cumplido, hace más de una década; pude encontrarme, por casualidad o causalidad, una exposición escrita de un efectivo militar, fechada en 1979. Se trataba de un soldado que se había separado arbitrariamente de la prestación de su servicio militar, lo que me produjo la comezón de escribir estas cuartillas. Era una carta rubricada y escrita a puño y letra de su autor, en tinta azul, con una ortografía de una persona de bajo nivel académico. Los estragos del tiempo habían convertido la misiva en un color casi amarillento. Después de 40 años, hasta nuestros pensamientos van cambiando de tono. Sería apócrifo decir lo contrario.

En este sentido, veamos las aventuras y desventuras de aquel joven, que por una decisión no bien pensada, o mal orientado, optó por el camino menos conducente. Me inhibo de estampar su identificación por cuestiones de privacidad y respeto. Textualmente el contenido de la esquela es el siguiente: "Soy del contingente enero 1979, un dia se me vino a la cabeza escaparme de este cuartel los oficiales y sargentos me tenían ladiyao cuando estaba de gualdia mi teniente ramirez bolivar fue cuando me escape ese carajo es muy malo con los soldados, a veces el comandante lo arresta por su malda, cuando llegue a mi casa le dije una mentira a mi mama que me encontraba de permiso luego arrimé el uniforme en un chinchorro me deje las botas porque las alpargatas estavan rotas pero despues que estava en la via la conciencia no me dejaba tranquilo cuando estava en una fiesta y se prendía una pelea me iba corriendo porque llamaban a la policia y me podian descubrir, cuando estava en una parada y se me acercaba una patrulla pensaba que iban agarrarme eso si es malo yo no se lo deseo a nadie les digo a mis cursos que aguanten la ladiya, cuando salia de un cine me quedaba un rato esperando por si no havia un policia militar serca una ves me lance de la ventana de un autobus porque la guardia estava pidiendo papeles me ragé la cabeza con la punta de una piedra. mi papá sufrió un accidente en su carro y no pude acompañarlo porque en la entrada del hospital siempre havia una comisión policial, uno se siente perseguido por todas partes, una vez estava en un burdel y se me quitaron las ganas pensando nada más que cuando tocaban la puerta era la policia militar que me andaba buscando perdi los reales en la mujer, la mujer me decia que te pasa vale la conciencia que me mataba me presenté solo a roblecito y de ahi me mandaron para san juan de morros como me portaba bien cuando estava preso no cumpli completo la cárcel pero me quité ese peso de encima". Fin de la carta.

Llega a mis remembranzas, que el muchacho, autor de ese escrito, continuó prestando su servicio militar, ascendiendo y destacándose como un buen Cabo Segundo; hasta que le correspondió licenciarse con su contingente.

Luego de leer la esquela, la arrugué entre mis huesudas manos; y la eché al incinerador; cavilando por un momento: No hay pensamiento más taladrante que revolotee en un ser humano que el examen de su conciencia.

Escribe, que alguien lee. El que lee, algo le queda



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José García

abogado. Coronel Retirado.

 jjosegarcia5@gmail.com

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