Alquimia política

Despidiendo a Miguel Martínez Miguélez desde la UNELLEZ

Hoy es un día (05/08/19) muy triste para la academia y para quienes desde la indagación científica, la filosofía de la ciencia y la psicología social, construimos conocimiento en las más importantes Universidades del mundo; Martínez Miguélez, estuvo en el Vicerrectorado de Producción Agrícola del estado Portuguesa, de la Universidad Nacional Experimental de Los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, el doce de junio del 2009.

En aquél entonces pudimos conocernos de una manera informal, con diálogos vaciado en lo cotidiano y fortalecidos por la sensibilidad y humildad de un académico que no solamente se dedicó a pensar, sino que le dio al lenguaje un sentido concreto en el marco de los nuevos paradigmas y en la gestación de ese nuevo paradigma emergente el cual destacó en cada una de sus Conferencias.

A la partida de Martínez Miguélez (1932-2019), se unen sentimientos encontrados: por un lado, de quienes le admiramos y leídos confiándole a sus ideas fiabilidad entorno al estudio epistémico de la realidad; y por otro, al cuestionamiento desgarrado, infértil, desconsiderado y rastrero, de una serie de académicos que ante la imposibilidad de producir ideas a la velocidad y precisión de Martínez Miguélez, le acusaron de "enciclopédico", de "meta lectura superficial", de "recopilador"; en fin, de todo aquello que opacara su grandeza como metodólogo y hombre de ciencia, por ayudar a las nuevas generaciones a afrontar los retos de la investigación en un tiempo influenciado por la cultura de la complejidad y el manejo de la interpretación en el marco de la sismología interpretativa. Un cuestionamiento a que él no era un autor clásico y por ende, como no fue el primero que habló de fenómenos o de hermenéutica, entonces era un "simple" profesor de metodología que venía a enseñar métodos y fundamentos ya creados; que había falta de autenticidad en sus ideas, por ende no debía ser fuente de referencia para ningún investigador que se respetara.

Nada más absurdo y desproporcionado, ya que Martínez Miguélez no solamente dominó los sintagmas vigentes, sino que creó nuevos sintagmas y produjo importantes innovaciones en la pedagogía de la ciencia y de las técnicas de construcción de nuevo conocimiento. El Miguel Martínez Miguélez que yo he conocido a través de sus libros es un pensador genuino, influyente en el manejo de las ciencia en la filosofía y la psicología; un vanguardista en la estructura lógica del pensamiento metodológico contemporáneo y un divulgador de las nuevas estelas de investigación y comprensión de la visión disciplinar, interdisciplinar y transdisciplinar, con contenidos en las ciencias sociales y ciencias de la educación.

En aquella visita que hizo en la ciudad de Guanare, en los espacios del vicerrectorado de la UNELLEZ, en una Conferencia muy vistosa, les dijo a propios y extraños qué es la investigación científica en la modernidad en la que el estudio de sistema tiene una gran influencia, y manifestó que una cosa eran los experimentos seriados y otra la construcción de teoría de ese nuevo conocimiento. Que él había observado que había exploraciones científicas que representaban más la figura de un informe, y no de un trabajo científico acabado y profundo. Algunos docentes y público que se sintió aludido por las palabras de Martínez Miguélez, se retiraron sin más, pero a ello les respondió Martínez Miguélez con un mensaje más contundente: siguió su Conferencia y explicó de qué se trataba hacer una disección a la metodología para lograr ese acabado de autenticidad y valor científico, de cada una de las investigaciones que estos grupos de académicos emprendiera.

En el 2017, Martínez Miguélez concedió una entrevista a investigadores del Grupo Gumilla, y de esa intervención quedaron ideas que siento necesario recordarlas el día de hoy cuando su voz se vuelto viento y su cuerpo ha trasmutado en polvo. Decía Martínez Miguélez, ante una consulta acerca de qué metáfora utilizaría para representar el proceso de hacer ciencia o de conocer la realidad, el académico contesta: "Yo diría que en cualquier conversación en la que tratamos de clarificar este problema, la metáfora principal que tiene el ser humano es el ojo. La gente lo dice muchas veces: ¡ay!, ¿pero tú no ves?, eso está clarísimo. La metáfora de la vista es la más sencilla, la más clara y la más elocuente. Tenemos que mover la cabeza para poder ver; si está un poco lejos, tenemos que usar un aparato, un telescopio; y si es muy chiquito, un microscopio. Entonces, la realidad no se le presenta a uno desde todos los puntos de vista, por eso hablamos de aproximación, acercamiento a una cosa, y ahí viene en seguida la visión del otro. Esto es indispensable porque es ver bajo muchos puntos de vista e integrarlos. Si buscamos la verdad, si lo que quiero es ver bien y conocer bien, escucho, porque lo que tú ves yo no lo veo, lo que tú sientes yo no lo siento, la experiencia que tú has tenido yo no la tengo…Si yo tuviera que decir de una persona que más me ha enriquecido, tendría que nombrar a un japonés que fue compañero mío en Múnich, en Alemania. Era la primera vez que venía a Occidente y yo nunca me había hecho tan amigo de un japonés o un oriental. Entonces, los sábados y domingos íbamos a visitar la ciudad de Múnich, estaba muy destruida y la estaban reconstruyendo después de la última guerra. Él lo veía todo según los valores de Oriente, cualquier cosa la metía en su filosofía, sus proyecciones, y para mí era todo un mundo nuevo, riquísimo. Estaba muy interesado en conocer por qué nosotros teníamos tantos aspectos de la religión con Jesús en el centro, quién era Jesús, y yo le iba explicando en conversaciones. Si nosotros buscamos la verdad, no la objetividad (la objetividad verdadera y pura no existe), el diálogo es muy sencillo. Solamente aquellos que no tienen ningún punto de vista creen que los tienen todos; conténtese con tener uno y escuchar a los otros…"

Y sobre su afirmación en su texto "Nuevos paradigmas en la investigación", donde expresa que en las universidades hay limitación y fragmentación del saber, Martínez Miguélez es certero en su respuesta: "…Un estudiante depende mucho de los profesores que tenga… Para ser más preciso, muchos profesores tienen una gran desorientación. Si un profesor dice: si usted desea ser un buen médico, abogado o ingeniero, trate de ganar la vida honestamente y eso es todo. Pero hay profesores que quisieran dar mucho más y los alumnos los aprecian mucho y los quieren. Yo no diría que las universidades son así o de otra forma, sino que hay profesores en esa universidad que son así y hay otros profesores que son muy diferentes. Todos hemos tenido profesores estupendos que, ¡caramba!, los recordamos tanto…Un profesor debe tener más conciencia de nuestras limitaciones. Fíjate que Sócrates nunca enseñó nada. Sócrates todo lo hacía con la mayéutica, la mayéutica es preguntar. La palabra mayéutica en griego significa partera. La mamá de Sócrates era partera, asistía al parto de una señora cuando iba a dar a luz. Entonces, él agarró la imagen: el profesor es un mayeuta (de mayéutica), porque no es el que produce la idea sino el facilitador…Yo creo que es una cuestión de enamoramiento de la persona, que le gusta descubrir cosas. Quizá hay pocas cosas que sean tan placenteras, tan gratificantes para el ser humano, como lo que sintió Arquímedes cuando dijo ¡eureka!, la encontré. ¿Sabes el hecho a qué se debió? La corona que le daba el rey, dorada, se veía muy bien, pero por dentro tenía mucha plata y el oro era superficial. ¿Cómo hago? ¿Cuánto le metieron? Entonces él hizo un modelo de pura plata y después otro de puro oro, modelos pequeños para ver las diferencias. Si le pusieron oro, pesa mucho más; plata, pesa menos. Entonces, el principio era que todo cuerpo sumergido en el agua pierde, de su peso, el peso del agua que desaloja, la echa hacia arriba. Entonces, si tiene la mitad, si tiene tres cuartos… ¡Eureka! Yo creo que es una satisfacción muy grande, yo diría que hay personas que les encanta ir descubriendo…"

Martínez Miguélez, parte del mundo de los hombres que les toca construir un pensamiento, al mundo de las ideas donde siempre pernotará vigente y con voz pionera se impondrá al silencio de quien escribe y a la reflexión de quien lo lee. El ser humano está predispuesto naturalmente a conocer, esa es una constante en este mundo civilizatorio, pero no queda clara esa afirmación, es necesario oír y leer a Martínez Miguélez al intervenir para aclararla: "De los libros de Aristóteles, el más importante es la Metafísica, ¿sabes cómo comienza la Metafísica? La primera frase de la Metafísica dice que el hombre, por necesidad, por naturaleza, apetece saber. Yo diría, incluso, que la mayoría de los animales aprende. Aquí vi cómo unas guacamayas enseñaban a los pichones a romper con sus picos las semillas de girasol y a sacar las pepitas. O sea, los mismos animales tienden por naturaleza a aprender. Después viene el problema de ese saber, saber no simplemente lo que aparece sino saber lo que aparece aquí, ahora, en este momento. Eso lo dice exactamente Aristóteles. No todo lo que aparece es verdadero sino que tan solo lo es para quien le aparece, cuando le aparece y como le aparece…Ahora, si vemos desde Aristóteles hasta acá, veinticuatro siglos, ha corrido mucha agua por el río, han cambiado muchas cosas, entonces, ese aprender a saber y a verificar nos lleva a lo último, a lo que trato en este último libro: la inmensa posibilidad de variables que entran en juego en cada objeto, de las que percibimos por los sentidos, de la memoria, o lo que descubrimos como algo nuevo; lógicamente, la cantidad de variables es inmensa…"

Tal como comenzamos es necesario cerrar estas ideas. El Martínez Miguélez que fue hombre, que conoció el respirar, que necesitó alimentos para tener la energía suficiente y pensar, ya no está; el Martínez Miguélez escritor, hombre de ciencia, epistemólogo en sus ratos libres, el docente a tiempo completo, hoy se consagra en sus libros, en sus artículos y en todo cuanto significa su mundo intelectual. Hoy es un día triste porque despedimos al hombre que no nos acompañará respirando este oxígeno contaminado del siglo XXI, pero también es un día de júbilo, de alegría, porque se consagra el autor, el pensador, el hombre que entendió su tiempo y contribuyó a él en la medida de sus posibilidades, haciéndose referencia y ojalá dejen ya de calificarlo como "meta-lectura", como "compilador" o como "escribidor de temas científicos", y comiencen a reconocer en él que fue un pensador auténtico, tan igual a Husserl o al propio Habermas. No por el hecho de comer tajadas con caraotas y vivir en el refugio dorado de un país tercer mundista, no se tiene los méritos para ser un pensador original y originario, él se lo ganó con creces y a él se le adjudica hoy su título inmortal de pensador por siempre del paradigma emergente. Lástima que no podré estar en sus exequias y no podré ver a esos que tanto le criticaron y hoy, de seguro, estarán allí, con la cara del academicismo raspicuin, rindiendo honores a quien lo merece, pero no de ellos. Que en paz descanses amigo y maestro; a tu familia mi sentido pésame y te lloro desde lejos esperando que las gotas de mi llanto sirvan de vinculo para acercarme mucho más a tu alma en el inicio del gran viaje.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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