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En las elecciones del pasado 3D ganamos todos. Felicitaciones a mis compatriotas

Todos debemos estar satisfechos por la forma como discurre nuestro proceso político. La concatenación de hechos que se han venido sucediendo desde el “caracazo”, hasta el momento actual, es indicadora de la existencia de una dinámica orientada hacia la racionalización de nuestro devenir. Hay una gran diferencia, en sentido positivo, desde la rebelión del 27F, marcadora del cenit de la crisis desatada con el “viernes negro” de 1983, y este 3D, que signa el final de una transición política. Se dejo atrás el momento cuando los sectores, que conforman los enclaves de modernidad, desistieron de ampararse en sus expresiones públicas de confrontación bajo la bandera estadounidense, para tomar la divisa nacional, izada por la mayoría sumida en una tradicionalidad inercial, como emblema de su lucha. Se convencieron que desde fuera no venían soluciones sino problemas más graves, entre los cuales la guerra era el escenario más probable.

Este 3D cobijó a todos bajo el tricolor mirandino, sin suprimir las contradicciones que permiten el avance humano. Es legítimo pensar un orden social jerarquizado, y hasta excluyente, que garantice la conservación de los niveles de vida alcanzados mediante los patrones impuestos por el liberalismo y su democracia representativa. Como también lo es considerar el igualitarismo del ideario socialista como forma para lograr estadios superiores en la calidad de la vida. No es espurio considerar el Imperio como garantía para mantener el orden y la “pax”. Pero tampoco lo es, estimar que la multipolaridad que balancea el poder, es un medio para suprimir diferencias odiosas y favorecer la paz. Las relaciones dialécticas que rigen la materialidad producirán las síntesis que marcaran el proceso evolutivo de nuestro pueblo y de la humanidad en su conjunto.

El pasado 3D se produjo la confrontación entre estas dos visiones. Pero fue un enfrentamiento racional. Independientemente del resultado, favorecedor de la tesis socialista, la jornada transcurrió con la convicción común de la interdependencia de las partes. Ninguna puede lograr sus objetivos sin la anuencia de la otra. El consenso hoy no es el formal de las elites, es el real de la gente. En su realización pudo haber muchas motivaciones. Sin dudas el pragmatismo y el utilitarismo pueden haber sido las razones individuales de una gran porción de los venezolanos. Los ejemplos de lo que sucede en las sociedades del Medio Oriente, o en nuestra vecina Colombia, pueden haber incentivado este comportamiento lógico. También lo puede haber hecho un ambiente económico favorable para llenar aspiraciones personales. Pero no se puede descartar la presencia de la reflexión propia del ser humano. Pero sin importar las motivaciones personales, la sensación que tiene que prevalecer es que en esta oportunidad ganamos todos. Las cambiantes circunstancias, con su contenido entrópico, presentaran nuevos desafíos. Ante ellos, como se dice, “amanecerá y veremos”.

alberto-muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas


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