¡Viva Caracas! que se joda la provincia

Caracas es Caracas, lo demás es monte y culebra Esta era una frase que de manera popularmente discriminatoria reflejaba, no sólo la distancia geográfica que separaba a los provincianos de la ciudad capital, sino además se entendía que nacer o morar en esta gran urbe implicaba ciertos privilegios que no teníamos los que ocupábamos dispersamente el resto del país.
Llegar a Caracas para nosotros era un momento alucinante, era otro mundo, en la noche nos cegaba la luminosidad nocturna y en el día nos abrumaba el bullicio de las multitudes, pero a su vez nos generaba un encanto hipnótico. Sus grandes avenida republicanas o sus estrechas calles de la añeja colonial, sus parques, sus sitios históricos, sus grandes centros comerciales, los extensos cerros con sus ranchos guindando sometiendo a la ley de la gravedad a dudas y la gente del este y oeste con sus amplios contrastes entre la opulencia y la marginalidad, pero teniendo en común su arraigo a este valle. Si pasábamos una pequeña estancia en esta ciudad, al retornar a nuestro lar provincial cambiábamos el ustedes y el vos por el tú, adaptando igualmente los ademanes, la moda, el andar y las costumbres propias de los nativos de la sultana del Ávila, la otrora ciudad de los techos rojos hoy convertida en una selva de impenetrables y altísimos árboles de concreto, donde viven como pájaros sus habitantes, alimentados por el abundante bastimento venido de la cuenca lacustre zuliana, de la serranía andina, dé los arreboles larenses, del litoral oriental, de las llanuras o del sur casi inhabitado de nuestro país.
Hoy la Caracas que vimos y sentimos en varias oportunidades ya no es la misma. Su encanto, su donaire, su ritmo cegador se ha sumergido, al igual que el resto del país, en esta profunda y mísera crisis que nos agobia a todos, pero sigue siendo privilegiada en mayor grado con respecto al resto de nuestra triste Venezuela. Y nos preguntamos ¿Qué produce Caracas? La respuesta mas obvia hoy en día es, caraqueños. Si, caraqueños nacidos, adoptados y adaptados que tragan con voracidad inmensurable los servicios y bienes de consumo que produce la abandonada provincia. Y al igual que en Europa donde todos los destinos conducen a Roma, en Venezuela todo lo que se hace, se origina o se genera va ha parar a la Caracas que engulle y hasta depreda el mayor porcentaje de provisiones que se produce en todo el territorio patrio, como si la mayor prioridad es mantener esta gran masa de gente mejor atendida que el resto del país. Parece ser que hay que conservar a los caraqueños, sino contentos, por lo menos tranquilos, ya que es la cuarta parte de los habitantes de esta nación metidos de manera apretujada en el estrecho valle del Güaire y son muchos en un solo espacio y si se unen en una sola voz y levantan su puño al unísono, la vaina se puede poner color de bachaco y lo que hagan o dejen hacer ellos producirá una reacción en el resto de los que moramos en esta patria, por aquello de seguid el ejemplo que Caracas dio.
En la actualidad se ha distendido aun más esa distancia entre Caracas y la provincia. Hoy los caraqueños son los más consentidos en un país donde ya no hay consentimiento. No les puede faltar casi nada o por lo menos tener acceso a cosas que acá son impensables adquirir o conseguir. Además de las provisiones que le entran por la puerta de Tazón con esa interminable serpiente de camiones o de la gran autopista de la costa o la regional del centro, se le suma toda la carga que arriba por el puerto de La Guaira o el aeropuerto Maiquetía y que al llegar de manera inmediata le cortan una gran tajada de esa gran pastel para que se lo engullan los capitalistas, digo, capitalinos, quedando los pequeños trozos y la boronita para que el resto del país se pelee por ellos.
Este escrito no está redactado para culpar al pueblo caraqueño de su situación un tanto favorecida, sino a la táctica y estrategia empleada para mantener el control sobre ellos, importando poco los ingentes daños colaterales que se dan en el resto de la población venezolana. Pero, por poner un ejemplo matizado en estas interrogantes ¿los sesudos estrategas de esta operación no han tomado en cuenta que si le llenan el buche de gasolina al inmenso y dispendioso parque automotor caraqueño, con que coño se va ha trasladar los productos que se generan desde los campos de la provincia venezolana a los hogares de los capitalinos? Si le cortas la luz por 8 o 12 horas diarias a los emprendedores, agricultores y productores de alimentos en general aunque tengan plantas auxiliares de energía, porque no hay combustible para ponerlas a funcionar ¿cómo se conservan de manera adecuada los productos agrícolas perecederos? Aparentemente es "comprensible" marginar a las tres cuartas partes de los habitantes del país disperso en el territorio, para frenar la latente posibilidad de que se presente, no una asonada militar, sino una asonada popular que genere un efecto dominó mas allá de Caracas y que en esta se combine zorros, camaleones y gente de bien, emulando (con la gran distancia histórica) una revuelta donde la burguesía se mezcle con el pueblo para derrocar al gobierno, como en la histórica revolución francesa, dando como resultado, que los burgueses asuman el poder y el pueblo, carne de cañón, quede por fuera y mas jodida porque será sometida por los verdugos que ellos acompañaron. En este caso, el posible Caracazo está vigilado, pero, si la revuelta se materializa en la abandonada y golpeada provincia, ¿cómo se va ha controlar esto?
Estamos viviendo o más bien sufriendo tiempos difíciles. Estamos en el entendido de la arremetida inhumana del imperio gringo y sus amaestrados títeres criollos, dirigido por unos psicópatas con sed de sangre y destrucción, nos han envuelto no en una guerra en el campo de batalla cuerpo a cuerpo, pero si en una de nueva generación con millones de victimas, ya que todos los gobernantes norteamericanos han tenido su guerra particular, para distraer a su población y exacerbar su nacionalismo imperialista con que se nutren. Pero, también es un hecho que los que nos gobiernan nos han colocado en un estado de indefensión total, producto de haber dilapidado los recursos per capita más grande que país alguno latinoamericano ha tenido en su historia. Han inventado las mil y una maneras de raspar todas las ollas con diferentes proyectos, programas, impulsos y reimpulsos económicos, motores y motores que se han estallado y un aparataje de movilización y mediático con la consigna de la rodilla en tierra u otras arengas, en un pueblo entristecido y desesperanzado y desesperado. Estamos viviendo en la provincia la escasez no solo de productos, sino del estipendio real para adquirir alimentos a precios irreales, con hijos de putas funcionarios del estado de todo nivel permitiendo el desmadre, o participando directamente o conformando redes de bachaqueo a la vista de todos, de manera descarada, luciendo ostentosamente sus atavíos, sus lujosos carros, sus acicaladas y bien equipadas viviendas, porque son la autoridad y los administradores de la cosa pública, vestidos de uniforme o con un oligarca paltó y todo estos esplendores y privilegios por arte de magia lo han conseguido con un mísero sueldo de burócrata quintorepublicano mal llamados servidores públicos. Son aquellos que entran por las colas VIP de las gasolineras, son los se toman a cada momento selfies o un video en las marchas o jornadas políticas con un Samsung10, un Huawei P30 o el iPhone 10, publicados en el Instagram o Facebook haciendo revolución en la web, pero que no ponen la rodilla en la tierra para no ensuciar sus Levi´s Strauss o sus Nike o Adidas, sino que levantan el codo con el vaso lleno de añejo escocés para llevarlos a su boca o colocan muy a menudo su trasero en la silla de cualquier buen restaurante porque son gourmets consagrados y no precisamente de lentejas con arroz y atún licuado, cuando hay .
El país esta cortado con diferente rasero de atención a su gente, se está presentando una hambruna con los anaqueles llenos y los bolsillos vacíos y eso se oculta o se miente como el famoso aviso de que no hay escasez de gasolina en el país, claro, con fotos de las estaciones de servicio de Caracas. Ahora si, literalmente el resto del país se ha convertido en monte y culebra y mientras tanto, sigue la desolada caravana de compatriotas con sus morrales tricolores, atravesando cual triste rebaño sin rumbo ni destino, las trochas y carreteras de los países vecinos, que los tratan como hermanos, si pero, como Caín a Abel.



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Carlos Contreras


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