El venezolano “más”

Quiero creer que realmente “vamos bien”, como dice Guaidó.

Quiero creer que Venezuela definitivamente se enrrumbó en un mejor destino, como lo prometió Chávez aquel 4 de Febrero.

Quiero creer que volveremos a ser esa nación vanguardista de latinoamérica, esa “tierra de oportunidades”, esa “pequeña Venecia” que no solo destaca por sus hermosas mujeres y su petróleo sino también por la calidez de su gente, el profesionalismo de sus trabajadores y lo variopinto de su cultura. Definitivamente... ¡quiero creer!

Quien escribe estas letras hoy, en definitiva no es el mismo ciudadano que antaño se colocaba detrás de un teclado y una computadora a defender y exponer su punto de vista subjetivo acerca de una revolución política que lo conmovía. No es, ni de cerca ese caraqueño/tuyero que se colaba en los recovecos absurdos de un sinsentido político al que llamó, repetidamente, “Socialismo”. Es simplemente un VENEZOLANO MÁS. Así he definido, desde mi ignorancia, desde mi subjetividad, al venezolano y a la venezolana de hoy en día, en el que me incluyo.

El “Venezolano Más” es aquel individuo promedio que, en su ignorancia, desesperación o en ese sentimiento de decepción que le genera el despertar de una terrible pesadilla ideológica, causa una estruendosa transformación en su ser social y político. Al punto tal que llega a defenestrar de sí mismo aquello por lo que erróneamente creía estaba compuesto su pensamiento. Es decir, que estaba “más 'pelao' que rodilla e'chivo”.

Toda vez que se entienda esta definición, procedo a explicar porqué el adjetivo de “más” como complemento. Aclarando que nada tiene que ver con connotaciones políticas ni partidistas, ésto que quede claro de entrada. Se trata más bien, repito, de un valor agregado al significado integral del ciudadano/a de la actual Venezuela. El de hoy no sólo es un venezolano más puesto que;

es un VENEZOLANO MÁS consciente de lo que gasta en contraposición a sus ingresos,
es un VENEZOLANO MÁS precavido en el orden de gastos y prioridades,
es un VENEZOLANO MÁS sano e irónicamente más propenso a enfermar,
es un VENEZOLANO MÁS hogareño puesto que no sale de su casa,
es un VENEZOLANO MÁS atlético ya que hace largas caminatas diarias hasta su sitio de trabajo,
es un VENEZOLANO MÁS ecologista ya que no consume sino que re-usa materiales y ropa,
es un VENEZOLANO MÁS violento a causa de lo “caliente” que se ha vuelto la calle,
es un VENEZOLANO MÁS ´hippie´ ya que se baña con menos productos de aseo personal,
es un VENEZOLANO MÁS indolente ante la aflicción que viven sus semejantes,
es un VENEZOLANO MÁS estético ya que cada vez es menos gordo.

Bueno y malo dependiendo de la apreciación o ideología de cada quien. La situación de país actual nos ha abierto los ojos (lamentablemente no a todos), y nos lleva a creer que hay un camino alterno posible. Que hay otros senderos que recorrer, otras opiniones que escuchar, otros líderes a los cuales seguir y de los cuales fiarse. Que no todo puede ser de una misma manera ni bajo un mismo criterio. La objetividad con la que se aprecian las cosas es subjetiva en sí misma puesto que está evaluada bajo el prisma de alguien más, ¿entonces?, ¿debo creer que yo y solo yo tengo la razón y por tal motivo las cosas deben verse bajo una misma percepción?, lo dudo. Somos muchos los y las venezolanas que, equivocadamente le dimos curso (a través del voto), a un proceso político que se hizo especialista en prometer y no cumplir, lo cual no es nuevo en la historia de nuestro país, el Chavismo no inventó el agua tibia. Pero lo que sí fue una novedad es la forma en que desangraron a una de las naciones más ricas de Latinoamérica. Hicieron a un lado la meritocracia para abrirle paso al “compadrismo”. Y de esta manera fue que acabaron por entregar en manos de inexpertos los recursos y las principales empresas estatales (Industrias DIANA, Café Fama de América, AGROISLEÑA / AGROPATRIA, solo por nombrar algunas). ¿Otro ejemplo del desangramiento?, el Megaproyecto de ensamblaje de productos línea blanca HAIER en Yare, Estado Miranda: hectáreas de terreno, construcción, equipos importados para la producción, perdidos y absorbidos por el monte. Abandonado a su suerte. Una gran fuente de empleo en la zona tuyera que quedó relegada a la desidia más descarada porque ni siquiera se tomaron la molestia de disimular ese fraude. Obviamente surgen preguntas en torno a eso: ¿qué pasó con los recursos, la mano de obra, el personal calificado, las importaciones para la obtención de las maquinarias, las construcciones, la materia prima? Pues bien, la respuesta es muy sencilla: desapareció. Ojo, no pretendo hacer una denuncia formal de esto. La lista de casos similares en este país sería interminable para poder denunciar. Además, si así fuera, ¿quién carájos me va a escuchar? Sería perder mi tiempo. Es más bien para ejemplificar la gravedad de la forma en que se hicieron las cosas y el cómo fue que unos cuantos se llenaron sus bolsillos rápidamente a costa de los recursos financieros de la nación, a eso me refiero.

Vuelvo y repito, el Chavismo, como movimiento político no descubrió el agua tibia. La corrupción en nuestro país ha estado desde tiempos inmemoriales y con el pasar de los años se ha ido perfeccionando. La tecnología y el intelecto de algunos pocos puestos al servicio de estos nefastos objetivos han llevado a que la política sea un medio para un fin: adinerarse ilícitamente a través de la corrupción, el “cogoyo”, la “macoya”, la “rosca” y el “compadrismo”. Llámelo usted como quiera, analícelo desde diferentes aristas y se dará cuenta que llegará a la misma corrupción, perdón, quise decir conclusión. Sin embargo, hay algo que sí hay que reconocerle de diferente e innovador a la forma de hacer política –corrupta- que tiene esta gente. Y es el hecho de que las cantidades en dinero, bienes, cuentas, lujos y vanalidades son mucho más exorbitantes que las de antaño y se obtuvieron en mucho menos tiempo, es más, me atrevo a decir desde la ignorancia que me da mi inexperiencia histórica en los procesos anteriores, que “El Gocho”, Caldera, Betancourt (y su tan nombrado Pacto de Punto Fijo) y muchos otros señores que llevaron las riendas de este país y que han sido despotricados por corruptos, se han quedado en pañales al lado de Maduro y su combo. Sino que lo diga el tesorero de la nación al cual le bajaron de forma “misteriosa” más de 1.200 millones de dólares. Sí, como lo lee: 1.200 millones a un solo funcionario. No menos inocente es una de las hijas del fallecido presidente Hugo Chávez a quién se le comprobó una cuantiosa fortuna también en millones de dólares, la moneda del “imperio capitalista culpable de toda nuestra situación de país (salud, comida, vivienda, servicios, insumos, medicinas, etc.)”. Porque esto también hay que decirlo, quizás esa pobre muchacha o ese honesto funcionario no tengan la culpa de ser millonarios y que su pueblo se esté muriendo de hambre, de inanición, de mengua en los hospitales por falta de insumos y medicinas, quizás ellos no sean culpables de la masiva migración de nuestros jóvenes (entiéndase como el futuro de la patria), a otras latitudes en busca de un mejor futuro y una vida digna. Quizás de verdad ellos no sean culpables de que el Gobierno se los haya puesto tan ´bombita´ y hoy sean millonarios de la noche a la mañana, quizás. Pero ¿va a decir el zamuro que no se va a comer la carne porque está lleno?, ni de vaina. Es más, la culpa la tiene Donald Trump, sí, ese magnate multimillonario que hoy por hoy es presidente de los Estados Unidos y que lleva años y años siendo adinerado, empresario, inversionista y que además era dueño de un concurso de belleza internacional. Sí, ése es el culpable de que a mi sobrino no le hayan podido coser una herida en la frente en ningún centro de atención primaria de salud en la ciudad capital porque no tenían algo tan básico y puntual como sutura y guantes, ¡imagínense ustedes! Y yo pensando que la culpa era de Maduro o de la ministra de salud o de la mala gerencia en los recursos, ¡qué b… tengo yo de andar pensando así! Me estoy volviendo imperialista, capitalista, fascista y todos esos improperios que terminen en ´ista´ y que me relacionen con alguien que tuvo la desfachatez y el desparpajo de abrir los ojos y decirle al mundo y a Maduro, como dijo Lusinchi: “a mí tú no me jodes”.

Trump, ése es el verdadero culpable de tóeste peo. Y si no es él son sus predecesores: Obama, Bush hijo, Clinton y hasta Bush padre porque lo crió. Pero ni Maduro ni Chávez tienen culpa de nada de esto y mucho menos esos dos pobres ciudadanos millonarios de los que hice mención líneas arriba, ellos no querían ser adinerados y mucho menos manejar platica en ese cochina divisa guerrerista como es el dólar, ¡asco! Lo que pasa es que eso les llegó por añadidura pues, como resultado de su trabajo en las altas instancias ejecutivas en las que se desempeñaron pero estoy seguro, en el fondo de mi corazón, que ellos no querían esa plata.

Es por eso que hoy me “autoproclamo” como el “VENEZOLANO MÁS” # 01 de un universo aproximado de más de 20 millones de venezolanos que entran en esta categorización que me he inventado y de la que estoy seguro se irán anexando muchísimos más. No podemos seguir siendo tan ciegos/as, no podemos seguir siendo tan indolentes ni tan cómplices de toda esta deformación social y política en la que, queriendo o no, nos hemos convertido. El momento es ahora. No se trata de un arrepentimiento tardío, se trata más bien de un despertar por tu país, por tu tierra, por tu futuro y el de las próximas generaciones. Señores, abran los ojos, ya son veinte años de “revolución” en lo que lo que lo único que se ha revolucionado ha sido la forma tan denigrante en la que desmejoramos nuestra calidad de vida, involucionamos como ciudadanos, como individuos pensantes, sociales y políticos. Permitimos que las falsas promesas se apoderaran de nuestro pensamiento y cual gríngolas no vimos más allá que lo que nuestros líderes nos decían sin sopesar las consecuencias de las acciones que tomaban deliberadamente esos dirigentes (el “foquismo”), le abrimos la puerta a nuevas formas de escala en el estamento social y creamos un nuevo tipo de “status” y hasta lo defendimos: EL ENCHUFADO. Está bien, no voy a entrar en detalles en esta última categorización de clase social. Aquí todos sabemos quiénes son los enchufados, cómo viven y entendemos porqué defienden hasta con las uñas este proceso: así la vida es un jamón, ¿verdad Winston?

Quiero aclarar además que éste artículo va dedicado casi en su totalidad a quienes erróneamente decidimos, en su momento, apoyar este proceso. No lo tomen personal esos amigos(as), lectores que hoy siguen considerando que el camino recorrido es el correcto. No me tomen como un traidor a la patria porque antes que todo soy patriota en tanto que estoy poniendo a mi país en primer lugar antes que a una ideología que tanto daño nos ha hecho individual y colectivamente. No me tomen por oportunista ya que quienes me conocen pueden dar fé que en nada me he beneficiado de esta revolución aún cuando he puesto mis conocimientos, mis habilidades y mi fuerza de trabajo en ella. A nadie debo explicaciones de mis decisiones más que a Dios y hoy solo deseo, al menos a través de estas líneas poder terminar de quitar ese velo en los ojos que muchos aún tienen y del que quizás, por una razón u otra, les da miedo desprenderse. A quienes esto no les parezca, les repito, no busco su aprobación ni mucho menos, solo le rindo cuentas a Dios y consideré un deber con mi país expresarme en torno a esta situación y decir: ¡Ya basta!

A cada cochino le llega su sábado y ya se siente en el ambiente que estamos en un hermoso viernes político. “No hay mal que dure mil años / ni cuerpo que lo resista”, así que el llamado es a la tolerancia y a la unión cívica, en paz y con la determinación firme de que en este hermoso país cabemos todos y todas. Espero que mis amigos sigan siendo eso: mis amigos. Que una filiación política no nos aparte pero que tampoco sea el punto de unión para que compartamos algo bonito, la amistad es uno de los tesoros más preciados que puede tener el ser humano y eso jamás debe venir acompañado por el tinte político/ideológico, jamás. Y a quienes no les parezca, solo me queda desearles lo mejor y extenderle mi llamado pacífico y fraterno de unión, acá los espero.

Atentamente, un VENEZOLANO MÁS.


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Mario Araque


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