"El imprescindible"

A veces me pregunto que habría sido de la situación actual de tu país si no te hubieras ido. A veces me pregunto también como es que generaste tantos sentimientos encontrados, tanto en quienes te admiramos, como en quienes no. A veces me pregunto cosas, muchas cosas... Y sobre todo me pregunto si estarás viendo (donde sea que te encuentres) lo que tus hijos están haciendo con tu patria, con tu proyecto socialista de vida para un mejor país, con ese trabajo incansable por el cual te consumiste durante estos catorce años de gobierno (¿lo aprobarías o no?). No sé, a veces solo me pregunto...

Quisiera no preguntármelo porque la asunción de estos pensamientos que hoy carcomen mi alma me hacen dar cuenta que estoy ante una realidad que, aunque parezca mentira, nunca sopesé. Esta no es otra que la realidad de saberte ausente (duele), de saber que no te escucharé más en una de tus cadenas en vivo (duele), de no poder oír como pones una y otra vez en su lugar a periodistas insidiosos, personalidades opositoras, gobernantes del mundo y hasta a reyes (duele). De no poder volverte a oír cantando el corrío de "Maisanta" y, cómo no, el himno, tu amado himno patrio que tanto te enorgulleció desde que lo cantabas por allá en la escuelita en que estudiaste en Barinas, cuando te llamaban "el arañero" por ayudar a tu abuela a vender esas famosas arañitas de lechoza. Creo que hasta a la oposición le duele tu falta, y es que, ¿cómo no les va a doler?, si tu eras su figura principal, su tema diario de información. Eras la personalidad más mediática tanto dentro como fuera de estas fronteras, cualquier noticia que llevara tu nombre era de interés público, arrastraste masas contigo (también opositoras), y fuiste, por mucho, el venezolano más influyente de la última década y media. Por eso es que creo fielmente que tu ausencia es un vacío que hasta la oposición siente.

El afán de la oposición y ese tan ansiado anhelo por ganar unas elecciones -más de una vez- iban precedido no solo de un deseo de la toma "democrática" del poder, como ellos mismos la llamaban, sino también por un deseo mayor que era el de verse ganadores ante semejante contendor como fuiste tú que solo perdiste una elección de 18 en las cuales participaste (presidenciales y con rangos de ley), ése era justamente el logro mayor: "derrotar a Chávez", demostrar al mundo que "el tirano, el dictador que tenía a Venezuela sumida en la miseria", no era invencible, pero -afortunadamente- tu pueblo te respaldó, hubo algo que, independientemente de los problemas y errores que son propios dentro de un proceso de cambio, gustó a esas mayorías, al soberano, algo que más que el gusto a una ideología determinada también era benéfico en demasía. Ese “algo” se impuso de manera férrea en el subconsciente del venezolano. Aún habían muchas cosas por resolver, cómo no, se seguían cometiendo errores pero tu (incansable siempre), trabajabas arduamente para subsanarlos, corregirlos, encauzarlos de tal forma que tu pueblo no sufriera las consecuencias, o al menos no en su totalidad.

Bolívar se consumió "aparentemente" por razones de salud a temprana edad, en el esplendor de su madurez como líder intelectual y estratega, quizás cuando su amada patria (Suramérica entera) aún lo necesitaba pero abrió los caminos, dio el ejemplo y despertó a los venezolanos de ese letargo en el que se encontraban, de ese yugo europeo que asumían como forma de vida y -además-"castigo de Dios". De igual forma te consumiste tú, te desgastaste por tu patria, por continuar con esa independencia hoy, doscientos años después; misma guerra, diferentes métodos pero que estabas afianzando al punto de enraizarla en lo más hondo del pensamiento colectivo de tu pueblo. Despertaste ese sentido de pertenencia en nosotros. De conocer más nuestra historia para entender el presente, nos enseñaste a leer, a leer de verdad; investigar, ahondar, hurgar en los anales de la historia de Venezuela, todo ello con el fin de poder seguir luchando por este proceso revolucionario (quien no conoce su pasado no puede luchar por su futuro), que no defiende otra cosa que no sea el bienestar y el crecimiento de nuestro pueblo como bandera de libertad, de verdadera emancipapción, es decir, la felicidad social, el bienestar del colectivo en un proceso socialista. Por esto es que hoy tratamos con las uñas de defender lo que dejaste, lo que empezaste y que debemos continuar, pero el camino Comandante, no es fácil, claro, que eso no tengo ni porqué decírtelo, quién sino tú podía saber y prever esto mejor que nadie, nunca lo ha sido lo que pasa es que tú supiste asumir la carga (como buen padre) de gran parte de esa guerra y hacías -no sé como- que nosotros, tus hijos, los hijos de la patria no sintiéramos el 'carajazo' de sopetón. Quizás tu carácter, tu personalidad y fuelle en momentos de gravidez fue lo que nos motivaba a seguir luchando contigo, siempre a tu lado. Y, aunque hoy seguimos en pugna defendiendo tu legado, es menester que sepas que la motivación y las ganas no son las mismas (duele). Tu muerte tuvo dos fuertes impactos en la sociedad venezolana: uno sentimental, muy profundo por parte de quienes aún lloramos tu partida física y, otro, monetario: sí, quizás el más fuerte desde el punto de vista del desarrollo y crecimiento de la nación, en el entendido de que la patria se hace grande en tanto que sus habitantes mejoran su calidad de vida de forma paralela. Pues bien, para nadie es un secreto que Venezuela, desde siempre, pero más notablemente desde que fuiste electo presidente, ha pasado por momentos álgidos en su economía, marcados por la especulación y el juego sucio -en su mayoría- de la empresa privada en el que ha salido perjudicado como es de suponer y bien supiste; el pueblo, tu amado pueblo, ese que a lo largo de la historia siempre ha pagado los platos rotos de las decisiones tomadas por quienes ostentan o tienen el poder dentro de las naciones, ojo: poder para intereses propios no para el beneficio colectivo, a éste poder es al que me refiero. Actualmente, y como te hice mención más arriba, especialmente después de tu inesperada partida física este último impacto que llamé "monetario" (económico/financiero), se acentuó de una manera grotesca.

Muchos dicen, mi Comandante, que todo esto no es más que el producto de una guerra mediática que pretende desprestigiar a la Revolución Bolivariana y que las cosas realmente no están como las pinta la oposición y sus líderes fascistas que están -si se quiere- "haciendo leña del árbol caído". Pues bien, en este particular y, desde mi humilde punto de vista, quiero expresarte que, quisiera que realmente eso fuera lo que estuviera pasando, es decir, que todo cuanto escuchamos y vemos en los medios informativos, en las calles, en el fragor del día a día, no fueran más que meras tretas por desprestigiar este proceso: una guerra mediática. Pero no es así (duele), y es justamente éste el punto central de este artículo.

Tu hijo político y el primer presidente obrero de nuestro país, Nicolás Maduro se planteó desde que tomó las riendas de tu legado, el combatir la corrupción imperante en Venezuela. Sin embargo, lejos de disminuirla, ésta se ha incrementado a unos niveles estratosféricos, lo que ha traído como consecuencia una inflación muy marcada que apenas si nos permite comer diariamente. No exagero, asumo la responsabilidad de mis palabras, en tanto que he sido víctima de como nuestras propias instituciones están jugando a este juego sucio de la especulación, la corrupción. Esto no puede sino entristecer grandemente porque de manera indirecta le estamos (sí, me incluyo, porque en el momento en el que no denuncio o protesto en cuanto a ésto paso a ser culpable por omisión) haciendo el juego a la derecha, mejor dicho, se la estamos "poniendo papita". No hay que ser un erudito en temas políticos o de gobierno para darse cuenta de que lo que se está gestando desde el seno de nuestra propia nación es un golpe de estado silencioso, indirecto, susurrante, según lo veo. Y es que, detrás de todo este cuadro que te acabo de exponer mi Comandante, no hay otro culpable que la derecha fascista a través de la empresa privada y de quienes manejan los monopolios productivos del país, sí, ellos están en confabulación con sectores políticos que están fraguando la desestabilización en el país. A éso están jugando.

Por otro lado, considero que, quienes no nos quejamos, ni protestamos de manera efusiva en contra de estos males que nos están asfixiando, también somos parte fundamental del problema, en tanto que no nos oponemos. El proceso Revolucionario Bolivariano tiene muy buenos objetivos; algunos alcanzados y otros en vías de, pero, para que este proceso se mantenga en pie y Venezuela salga adelante como nación socialista, el cambio tiene que darse desde las bases, desde el pueblo y más adentro aún, desde la conciencia de ese colectivo que sufre, que vive y frentea contra los embates de la corrupción en todas sus formas. Bien lo decía el Ché: “...del imperialismo no se puede confiar ni tantito así”, tú también lo intuiste desde siempre Comandante y cuánta razón tuviste en ser reacio y radical con la derecha fascista que en tantas ocasiones trató de desestabilizar al país en nombre de la democracia y con el apoyo de esos aliados foráneos que ya conocemos. Hoy el juego es a la especulación, al crecimiento exponencial de la inflación que jode al pueblo, lo descontenta y lo hace creer que es el Gobierno el que no está asumiendo su rol regente como debe ser. Y es con ésto precisamente que debemos estar muy atentos mi Comandante. Por ello te escribo estas líneas llenas de esperanza, con un poco de tristeza y de anhelo y a la espera de que, en cualquier lugar que te encuentres puedas -de alguna manera- leerlas y ayudarnos (seguirnos ayudando), sobre todo a quien hoy dirige en tu lugar los destinos de la patria de Bolívar, al presidente Maduro. Ilumínalo, guíalo, dale algo de tu temple para que embista de manera contundente a los que hoy quieren ver este proceso acabado, que no les permita “ni tantito así”, seguir aprovechándose del país.

De gota en gota se llena el vaso hasta que rebasa y si el presidente no toma acciones definitivas y contundentes que enderecen el rumbo de esta agitada sociedad, corremos el riesgo de que Venezuela caiga en manos de los 'fachas'. No podemos permitir en modo alguno que tu muerte haya sido la llave que les permita a ellos abrir las puertas del destino de la patria, nunca más...


“Hay hombres que luchan un día y son buenos,
hay otros que luchan un año y son mejores,
hay quienes luchan muchos años y son muy buenos,
pero hay los que luchan toda la vida, ésos son los imprescindibles”


Bertolt Brecht



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Mario Araque


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