Auditórium

Maduro: ¿Por qué no caerá?

"La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas con otros medios" Carl von Clausewitz.

La oposición tiene que poner los pies sobre la Tierra. Tras la salida de USA de toda el área económica productiva no queda la menor duda de que en Venezuela, donde los principales voceros de la oposición alegan que bajo la égida de un gobierno "comunal- comunista", el país se ha vuelto inviable, y el pueblo pasa hambre, el transporte público, y privado se paraliza progresivamente por falta de repuestos, y el racionamiento de combustible. ¿Entonces porque no se ha derrumbado, y arrastrado por su propio peso, el gobierno de Maduro? ¿Por qué la clase media profesional, el pueblo trabajador, y el empresariado productivo han huido?

Si se estudia la historia reciente de las dictaduras totalitarias, el proceso de disolución se hace evidente: al desaparecer o debilitarse la tutela del satélite que las abastece, pero se observa que en todos los partidos opositores afloran tendencias encontradas. No existe un líder indiscutido e indiscutible, el liderazgo de Guaidó esta por verse en cuestión de días, la revolución está bajo el mando absoluto de Maduro, del lado opositor se sigue observando grupúsculos con ambiciones de poder que no se ponen de acuerdo sobre el alcance, y los obstáculos en la toma del poder.

Post 23 de enero, 2F y 12F de 2019 se han producido ciertas declaraciones: primero, los opositores crearon una falsa ‘caída de Maduro’. Más tarde como sucedió con Chávez en el 2002 de una manera errática, el país que quieren controlar, con los mecanismos democráticos. La movilización del 23E, 2F y 13F 2019, sin discusión mostró el rechazo masivo de la sociedad al gobierno ‘bolivariano’.

En la Venezuela del 2019 no ha podido ocurrir la misma secuencia de acontecimientos, de abril del 2002 porque la impericia político-militar lo impide. Maduro ejerce el poder sin contención, aunque eso no quiere decir que todos sus funcionarios están de acuerdo con sus decisiones, Por el goteo notable.

Se observa en su círculo más íntimo donde la mayoría de esas personas, no creen que es acertado mantener el actual modelo económico marxista-leninista a ultranza. Pero esas personas no se atreven a manifestar su inconformidad con la actual situación, porque reza una vieja máxima totalitaria que a los caudillos se les obedece en los aciertos y en los errores, y el que desobedezca cae en desgracia o se seca. En la actual ANC pareciera existir el criterio mayoritario de crear un sistema unipartidista de corte leninista y economía centralizada.

Después de 18 años de fracasos prácticamente nadie cree ya en este modelo, lo demostró el pasado 23E,2F,13F. ¿Pero quién tiene el valor de dar un paso al frente? Un presidente que es capaz de mantener preso sin el menor asomo de duda al mejor y más popular militar ‘chavista’, como lo fue el general Raúl Baduel. ¿Qué no sería capaz de hacerles Maduro a los segundones que se le volteen? Pero además existe el terror, y la subordinación psicológica.

Después décadas de sumisión lo natural es que la facultad de pensar y tomar decisiones esté limitada a Maduro, aunque muchos de sus más cercanos colaboradores no encuentran la menor contradicción en señalar a Maduro como el causante de todos los disparates y simultáneamente están convencidos de que es el único que con una sabia decisión, podrá sacarnos de la crisis. No es la lealtad lo que los mantiene unidos a Maduro, sino el terror. El miedo a las reacciones de Nicolás, y a lo que puede ocurrir si de pronto desaparece el manto mágico de protección con que se protegen.

Se observa revuelto poder y crisis en todo caso, el hecho de que Maduro, por su condición de ‘dictador’, no pierda el poder, no quiere decir que no pueda seguir ejerciéndolo con un mínimo razonable de eficacia. Hoy su autoridad, muchos analistas políticos la ven como la del capitán de un barco que se hunde. Pero los marinos del psuv continúan ahí, obedeciendo las órdenes, pero los duros golpes de los vientos, y el fuerte oleaje en forma inclemente continúan destruyéndole los mástiles, y las velas al navío, mientras sube en forma alarmante los niveles del agua. Maduro podrá, desde su puente de mando, insultar al embravecido mar, y pedirle que se tranquilice, pero ese recurso discursivo, y retórico parece a estas alturas inútil. ¿Ante el embravecido Mar El barco pareciera ser que naufragará?

Este artículo es un ejercicio imaginario de la grave crisis política venezolana en pleno desarrollo y que vislumbra un desenlace en cuestiones de días. Ahora bien, cuando interpretamos todas las metáforas marineras arriba descritas, cuando los buques se hunden, conducidos por timoneles alocados, que navegan hacia la catástrofe. Cuando por el mundo corre la noticia del continuo deterioro del nivel de vida de los venezolanos, al escribir esta nota el kilo de queso blanco rondaba el precio de Bs. 20.000 superando el salario mínimo. Qué significa esto, en el plano material, menos comida, menos diversión, menos movilización, más enfermedades, más dolor, más incomodidades, más insalubridad, más muertes en los hospitales. Lógicamente que en la sociología política, estas deplorables condiciones de vida provocan tragedias sicológicas y espirituales: los colmillos de la crisis significan, más tristeza, más dolor estresante, más inconformidad, más suicidios, menos ganas de trabajar, menos producción, y más protestas, a lo que, el gobierno responde erróneamente con más represión.

Hago este análisis con las vísceras en el congelador con el mayor equilibrio posible, porque a veces se piensa que las riñas políticas se desarrollan en el plano de estadísticas abstractas, pero no es así: las estadísticas o los datos objetivos no son más que la expresión de la tragedia por la que atraviesan los venezolanos. Y es mi condición de analista resaltarlo, porque la política se hace con los venezolanos, que son personas de carne, y hueso que hoy con esta tragedia, sufren y lloran, y no basados en esclerosados esquemas ideológicos.

Por esto, ni siquiera Nicolás Maduro, hoy líder indiscutible, puede abstenerse de proponer una solución viable a la grave crisis. Ya que desde su puesto de mando, con el timón mal operado, el presidente tiene que explicarle a su gente cómo va a sortear las dificultades. Para eso se tiene el poder. En pleno siglo XXI un gobernante tiene que ser moderno, y la modernidad exige estar obligado a sostener su autoridad en la promesa de un futuro más próspero, justo y dichoso para su pueblo. El presidente tiene que saber cómo lograr esos objetivos o por lo menos tiene que diseñar una estrategia en el que justifique por qué estos objetivos no se cumplen, ante la posibilidad de que sobrevengan nuevas calamidades aún peores. Hoy en el mundo no se justifica un gobernante, ni siquiera un caudillo todopoderoso como lo fue Stalin, de sentarse en el sillón presidencial, y gobernar sin más alegatos que la fuerza bruta, y las imposiciones a troche y moche. En las próximas horas vale la pena explorar qué tiene Maduro en la mente, y cómo se propone escapar de la crisis en que se encuentra. Amanecerá, y veremos.



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Edgar Perdomo Arzola

Analista de políticas públicas.

 Percasita11@yahoo.es      @percasita

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