"Año nuevo, vida nueva…"

 

"…más alegres los días serán (…) con salud y con prosperidad…" Frases memorables del canto decembrino que integran el acervo cultural e identitario latinoamericano. A todos nos pertenecen. En ellas prevalece una valoración de lo que somos en esencia: entusiastas, optimistas, amadores y amadoras de la vida…

Aunque en el ambiente que respiramos en la actualidad aquí en Venezuela, para ciertas personas lo esperanzador no tiene cabida, a propósito de lo que observé y escuché durante estos días. En una ocasión cuando compraba un pedazo de queso, el charcutero, un gordito ostentoso que escuchaba tal canción, frunció el entrecejo, fingió un trago amargo y dijo: "Con la verga. Si es como este que no venga, menos si es con esos vergos chavistas". La irracionalidad al punto ¿Qué tendrá que pasar para que ese venturoso año no llegue? Cómo detener ese tiempo-vida; además, la esperanza es consustancial a nuestra existencia como pueblo embestido siempre por las adversidades históricas, y es precisamente allí donde se ha puesto a prueba, constituyendo la principal motivación para la cohesión de esfuerzos en procura de nobles proyectos urgentes para la sociedad.

Pero algunos de ustedes, lectores y lectoras, tal vez como yo pudieran preguntarse qué hacer para tributar a la prosperidad que nuestra sociedad necesita, que el gobierno pretende y que bien nos solicita la canción. Si como pueblo estamos desarmado materialmente, sin ningún alcance para incidir en las decisiones económicas que nos afectan, o para intervenir en las contralorías de las redes de distribución de alimentos públicos y privados que marchan según los intereses de grupos cada vez más el estómago de la gente, o sencillamente para tener voz y voto en el tratamiento que desde las instituciones le dan al mal funcionamiento de los servicios públicos. En tales circunstancias, la repuesta pareciera ser que no se puede hacer nada. Sin embargo, si creemos en la buena nueva, en las pascuas y en todo ese ambiente que genera este tiempo, es menester armados con optimismo, reflexionar en cada espacio posible sobre la situación que atravesamos para poder aproximarnos a las respuestas del quehacer inmediato en nuestro entorno, en nuestra familia, con nuestros amigo, allí en el Concejo Comunal, en el CLAP, sobre su papel en la coyuntura, que no es solamente para beneficiar a un grupo, sino para todos, para incluir. Asimismo nos toca seguir creyendo en el liderazgo del proyecto bolivariano, en su capacidad de reinventarse; nos toca exigir también, más y mayor efectividad y eficacia en el ejercicio de gobierno, así como, solicitar limpiezas reales de prácticas y practicantes de la corrupción en la administración pública en connivencia con particulares y sectores privados. Condiciones necesarias para que además, del año nuevo que inexorablemente tendremos, sea además prospero.

Así debemos investir este año nuevo y la vida nueva en el 2019.

Después de eso, no sé qué se hará el dueño de la charcutería arriba mencionado, ese gordito ostentoso con camisa blanca por fuera manga larga, con celular de alta gama en mano, a la usanza de una nueva clase de comerciantes que dolarizaron la economía doméstica. Ese quien después de la alharaca por su tan mala situación de este año, arriba descrita, salió tarareando del local: "Año nuevo, Vida Nueva"; para montarse en su camioneta Toyota último modelo, encenderla y perderse a toda velocidad.

 

 

 



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Aquileo Narvaez Martínez


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