El modo venezolano de usar el petróleo como arma en al ámbito internacional es una conducta cónsona con la orientación humanista de su gobierno

El término “chantaje” es un vocablo usado en el léxico politológico y estratégico para denotar acciones de intimidación destinadas a doblegar la voluntad de un actor político. Aun cuando no tiene la carga peyorativa que posee en la cotidianidad, que lo coloca como un acto criminal, tampoco es un acto normal en el marco de la política, con su dinámica definida por el dialogo y el debate. Es una conducta, que con un fin político, se enmarca en lo estratégico, donde la polémica –confrontación de poderes- es el signo distintivo. En la vida pública de los pueblos, el chantaje lo realizan sectores minoritarios que controlan factores de poder críticos para la vida del Estado.

Ejemplos de este cuadro son las acciones realizadas por el complejo militar-industrial yanqui, que tutora el sistema político de los EEUU o, él que intentó realizar la tecnocracia petrolera en Venezuela en la etapa final del “puntofijismo” y en los primeros años –hasta el paro petrolero que fue la cima de este ensayo- del gobierno revolucionario. Pero su uso más notorio es el realizado en la escena internacional, dentro del marco hoy identificado como estrategia de disuasión. Es el uso del poder de un Estado para intimidar a otros con la finalidad de imponerles su voluntad. Las presiones económicas, psicológicas y militares que actualmente ejercen los EEUU hacia los países del sistema internacional, para orientar la votación en la selección del miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU en representación de Indoamérica, responden a esta categoría de acciones estratégicas.

En ese sentido, en un cuadro internacional que ha sido colocado por el gobierno de Washington en el terreno netamente estratégico por la instauración de lo que se conoce como guerra preentiva, Venezuela no se ha privado del uso de este medio en el logro de sus objetivos en la arena internacional. En control de un recurso vital para el desarrollo humano –los hidrocarburos- utiliza este factor de poder en sus relaciones con el sistema internacional. Pero a diferencia de Washington, no lo hace dentro del esquema suma-cero (el que gana, lo gana todo). Lo utiliza dentro del esquema de los juegos ganar-ganar (todos los actores ganan, aunque en proporciones diferentes) en el tipo de relación normal entre los seres humanos. La relación competencia/cooperación. De modo que Caracas ha venido usando ese medio para estimular la cooperación de actores internacionales afines con sus intereses geoestratégicos, así como para intimidar sus adversarios. La amenaza de cesar sus exportaciones petroleras e, incluso, de destruir las infraestructuras de la industria en caso de una acción militar contra el país, son disuasivas. La ayuda energética a los países importadores, incluyendo los sectores pobres de los adversarios, es un gesto de cooperación que anima la solidaridad con los intereses nacionales. Es una conducta consona con la orientación humanista de su gobierno.


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Alberto Müller Rojas*


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