Mi país en terapia intensiva

Tal vez pueda ser calificado como alarmista, por mi sentencia, en torno a que mi país se encuentra en terapia intensiva. Pero para quien vive el día a día, no estoy diciendo nada nuevo. Quien observa y oye, sabe que este país está enfermo, muy enfermo. Sus habitantes están profundamente enfermos. En otras palabras, esta sociedad está muy enferma.

Para afirmar esto, me baso en lo que veo, tal y como lo ven la mayoría de los venezolanos y venezolanas. Ejemplos, hay muchos. Sólo me voy referir a dos o tres aspectos: En primer lugar, nos estamos sacando los ojos unos contra otros. La solaridad del venezolano se fue al pote de la basura. Cada quien anda en un ¡sálvese quien pueda!, sin importar a quienes se llevan por los cachos.

La guerra, ahora, no es contra el enemigo tradicional. Contra el gringo y sus lacayos. Sino contra los propios venezolanos. Nos estamos "comiendo" unos a los otros. Y todo sigue igual, como si nada. La guerra es total: entre gobierno y la oposición apátrida; entre chavistas y no chavistas, y, lo peor, entre chavistas contra chavistas… ¡La locura!

En segundo lugar, ese ¡sálvese quien pueda!, está llevando a las personas a cometer cualquiera tropelía, enrostrada en una violencia destructiva contra todo lo que huela a gobierno. Se roban los cables eléctricos, sean del grosor que sea, causando apagones. En Puerto Ordaz, para poner un ejemplo más, las sillas del flamante estadio Cachamay, se las han robado, quedando sólo el caparazón. ¡Destrucción! ¡Destrucción! ¡Destrucción!

Ya, para cerrar este artículo; existe un tercer elemento que no cede en su consolidación como arma mortal contra la gente de a pie. No basta con la gigantesca especulación (robo descarado y criminal) de los comerciantes y bachaqueros, sino que a esto se une un galopante deterioro del trasporte. En Ciudad Bolívar y en Puerto Ordaz, ya no bastan los camiones para llevar gente, como si fuera ganado, sino que, por la escasez de taxis, camionetas, microbuses y comuniones, la gente anda caminado como loca, de un lado a otro, para llegar a sus respectivos trabajos. El ausentismo laboral se ha triplicado en estas últimas semanas. ¿Cómo se llama eso? Caos, caos, caos.

AGREGADO:

Soy un venezolano privilegiado que cuenta con dos HCM. El primero corresponde a mi condición de militar en reserva activa. Estamos hablado de Seguros Horizontes. El otro corresponde a la CVG, de donde soy jubilado. ¿Saben qué? Los dos no sirven para un carajo. En las clínicas no nos atienden porque ambos seguros son mala paga. Es decir, no pagan. Son maula. Así se juega con la salud de uno. ¿Por qué sucede eso? Porque no hay real. ¿Por qué no hay real? Porque la gallina de los huevos de oro está moribunda, gracias a que unos funcionarios se robaron el dinero que produjo, cuando estaba sana, y, otros, la abandonaron a su suerte… ¡Se cansa uno!



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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