Burócratas socialistas aprendan a escuchar al Pueblo

Parto de la idea que en Venezuela una gran mayoría de la gente de izquierda está descontenta (en mayor o menor grado) con el resultado de las políticas públicas diseñadas para afianzar lo que se llamó el Socialismo del Siglo XXI. Esto no significa opacar algunos procesos que mejoraron ostensiblemente los desequilibrios sociales.

Este Socialismo del Siglo XXI parte de la base teórica que las contradicciones dinámicas en la sociedad generadas por los desequilibrios sociales, económicos, territoriales y políticos, deben servir para resolver y llegar a encuentros que promuevan la igualdad antes que la desigualdad, la propiedad colectiva de los medios de producción antes que la propiedad personal y de grupúsculos con poder de acumulación de capital, la felicidad social antes que el sufrimiento de las masas, y entre otros resultados, el Estado promoverá la producción que permite satisfacer necesidades humanas, no de acuerdo a como las sientan o quieran los burócratas, sino como las perciben los ciudadanos dentro de una sociedad socialista. Lo otro del Socialismo del Siglo XXI, brillantemente pensado por Chávez, pero distorsionado (¿intencionalmente?), es la planificación, esta debe ser la mejor compañía para mover el proyecto socialista desde la imberbe idea hasta su concreción. Mirar hacia atrás solo para medir y rectificar, y esta debe ser otra cualidad del socialismo del Siglo XXI, los avances son cuantificables, medibles y entregados a la sociedad no sólo la nuestra sino al mundo entero, como oferta de otro mundo posible.

Con este preámbulo, el éxito del proyecto no está en que lo diga la burocracia sino que la reconozca la sociedad. De esta forma, los burócratas deben entender, y es cierto, que el Pueblo donde se batallan las contradicciones, sabe lo que pasa y tiene además por conciencia poco sentido del perdón, aunque acepta la rectificación. Es por eso que los argumentos de la guerra económica y mediática es aceptada solo si se esgrimen desde la perspectiva que la vamos a ganar, nunca a perder, a tirar la toalla o a buscar escapatorias por vericuetos que agravan la crisis y ceden terreno a los que nos hacen la guerra. ¿Alguien duda que la guerra fuera previsible frente a la propuesta de Chávez de transformar radicalmente nuestra sociedad? El capitalismo internacional puede permitir discursos emotivos pero vendría contra el Socialismo del Siglo XXI, si el desenlace de esas contradicciones que los sustentan comienza hacerse realidad.

De allí que lo que el Pueblo no entiende es cómo en este marco delicdao se potencian las debilidades gubernamentales en algunos ámbitos que enflaquecen la capacidad de defensa del proyecto socialista. Veamos algunos ejemplos:

1/ La sordera gubernamental pareciera común en todos los espacios de la burocracia. El Pueblo clama por agua, gas, alimentos, medicinas y seguridad. En vez de tomar sus palabras y transformarlas en una rectificación de rumbos, se descalifica la denuncia, provenga de consejos comunales, UBCH, liderazgos locales. Pareciera que solo es creíble para el Presidente los informes amañados del "todo está bien" que le presentan desde el más cercano círculo de fuego que le protege. De manera, que Maduro solo escucha campanitas de cristal. Así es imposible tomar adecuadas decisiones. La burocracia puede ser eficiente, puede contribuir a gobernar con eficacia, puede generar soluciones, para eso están allí, no para refugiarse en el freno a la crítica para mantenerse en posición de poder.

2/La corrupción galopante que a veces pareciera se tratara de un raspado de la olla en los momentos difíciles del país. La gente (pueden ordenar estudios de percepción para constatar) considera que este fenómeno se amplió desde el alto gobierno hasta los centros de distribución de los CLAP, asunto reconocido por el mismísimo Presidente Maduro. Nunca ha habido una explicación sensata ni transparente sobre el uso de las divisas para sufragar importaciones para alimentos subsidiados, pero menos para transparentar las importaciones de alimentos del sector privado de la economía, que luego especula terriblemente en su oferta al público de bienes de consumo. La burocracia no se instala para robar, ni para favorecer esta vieja práctica heredada de tiempos coloniales. Los burócratas pueden ser honestos, no todos pueden haber caído en el insano juego de la corrupción, pero estos han contaminado el discurso que el Pueblo tiene sobre burocracia y corrupción.

3/ Militarismo y gestión pública: Ha aquí una de las principales debilidades del proyecto socialista. Se reconoce que sin el apoyo militar, este proyecto hubiera sucumbido antes; sin embargo, el coste político es muy alto. Los militares han llevado su forma de ser, su estilo, ímpetu, y discrecionalidad a la función pública civil. Es imposible que el sector industrial, la agricultura, la construcción, la educación, la ciencia y la tecnología, entre otros sectores puedan sentirse bien gobernados por la presencia directa o indirecta de los militares. Por lo general son sectores de mucha interacción, que construyen sus propias soluciones, que hacen un esfuerzo que puede requerir controles, pero no sentir la bota en el cuello. La propuesta de la unión cívica-militar es loable en la discreta presencia del apoyo militar a la civilidad. Pero, en la evidencia está que son muchos los espacios burocráticos, donde las decisiones se adoptan bajo el criterio del "argumento de la autoridad y no de la autoridad del argumento". Existe la percepción social (habrá que evaluarla) que la valoración del resultado electoral puede conducir a una derrota que se atribuiría a la excesiva presencia militar en la gestión pública, antes que a la propuesta socialista. Es hora se quitarle a la burocracia la cultura militar (cuando proceda) que además ha incrementado el nepotismo en la función pública. Es hora de devolverle al Pueblo agricultor casi un millón de hectáreas bajo la égida militar.

4/ La producción es el gran reto. El Pueblo comprende el tema de la guerra económica y mediática, pero también sabe que una parte de la escalada alcista de los precios se debe a una crisis de producción de origen nacional. Están a la baja las producciones petroleras, petro-químicas, agrícolas, industriales, agro-industriales, farmacéuticas, de insumos intermedios, la calidad de los servicios públicos, por citar algunas. En su lugar hay un expansivo mercantilismo que ha llegado a los niveles perjudiciales del "bachaquerismo" que es la manifestación más burda del Pueblo contra e Pueblo. Esa es una responsabilidad concreta del pésimo papel de la burocracia. Frente a esto, lo mejor que puede hacer el Presidente Maduro es pedir cuentas, con indicadores verificables y… ¡mover la mata!

5/ Un gobierno no se cae solo, se cae con su gente, la que aplaudió, la que criticó, la que se sacrificó y la que usufructuó la dicha del poder. Lo lamentable es que la recuperación del poder transformador depende de los tiempos y de muchos actores sociales, menos de los que lo usufructuaron. Esos miriápodos tienen un espacio en un nuevo gobierno, se mimetizan en la hojarasca, o vivirán de la dicha monetaria en otros países del mundo.

El Pueblo decide su gobierno en estas elecciones burguesas (llamadas así, a pesar que Chávez consideró que la revolución pacífica estaba en la vía electoral y en la participación). El Pueblo eligió a Maduro, lo ha defendido y el Pueblo también está en capacidad de derrotarlo, si no se enmienda la plana o al menos se muestran las ganas de hacerlo.

Es una advertencia, cuidado, se puede perder un gobierno, pero no los ideales socialistas.



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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