Resistiendo con 2 cartones de huevos y un paquete de harina precocida

La mejor campaña que debe tener el Presidente Nicolás Maduro, amplio favorito para ganar las elecciones presidenciales del 22 de abril, debe ser su gestión al frente de los destinos del país. Su discurso y acciones deben apuntar, no como el típico dirigente que está en la oposición que aspira a llegar al poder político del país, puesto que es el Primer Mandatario y Jefe de Estado en funciones. Y como estadista, lo que debe potenciar son sus acciones de gobierno, su gestión, que será a la larga, lo que evaluará la población para ratificarlo en el cargo.

En las últimas opiniones expresadas a través de estas líneas por este servidor, he querido expresar los temas más sencillos que afectan a la cotidianidad del venezolano o venezolana de a pie, más allá del signo ideológico que profese. Las complejidades por las que estamos atravesando nos afectan a todos y a todas por igual, tanto a los que nos definimos simpatizantes de la Revolución Bolivariana y al legado de Hugo Chávez, como a los que adversan a nuestro proyecto político.

Insisto en que en las últimas semanas, tal y como lo expresé en mi artículo anterior, hemos visto como a raíz de la apertura de la jornada de preventa del petro, la cotización ilegal del dólar ha venido mermando (tendencia esta que pudiera mantenerse en los próximos días, a despecho de algunos). Y no creo que sea a través de ese mecanismo como pretenderán derrocar a la Revolución, puesto que alerte sobre la posibilidad de la implementación de un portal llamado "PetroToday", a objeto de ocasionar los mismos daños que han hecho mercenarios económicos con la cotización del dólar, y otros que he señalado en artículos anteriores. No obstante, y como eso no es tema de este artículo, sino los propios de nuestra cotidianidad, debo expresar, sin ambages de ningún tipo, que los precios han acelerado su carrera alcista, y eso está contribuyendo a la precarización de las condiciones de vida de la clase trabajadora y de la población en general en el país.

El malestar y descontento que se percibe en las calles es el de una inflación incontenible que confisca nuestro poder adquisitivo y deteriora nuestra calidad de vida. Sin duda, más del 90% de estas circunstancias se deben a factores externos que conspiran en contra de nuestra Patria y de eso no puede haber dudas de ningún tipo. El otro 10% restante podemos atribuírsela a la corrupción y a mafias enquistadas a lo interno de nuestras instituciones.

Conozco de casos muy cercanos de compañeros y compañeras dentro de la Administración Pública, por decir lo menos, que la están pasando muy mal. Compañeras y compañeros con puestos de responsabilidad, que ganan no menos de 2 millones de bolívares mensuales más el bono de alimentación que se ubica en 549 mil bolívares como debemos recordar, y con ese salario, su dieta básica, además de estar basada en carbohidratos fundamentalmente, a veces para un mes deben mantenerse con dos cartones de huevos y una harina precocida (para no hacerle propaganda a una marca en particular).

Esta situación incómoda y difícil sin duda está influenciando en cada uno de nosotros. No se trata de que incentivemos e impulsemos la cultura de la queja, que es lo que mayor abunda en buena parte del país, como un ariete fundamental en una fuerte campaña psicológica de desmoralización e incremento de los niveles de descontento en la población venezolana. Pero también se debe rescatar la empatía, que no es más que ponerse en los zapatos y en la situación en la que se encuentra el otro y la otra.

Es importante destacar que observamos como muchos que deberían ser verdaderos servidores públicos y servidoras públicas, se convierten en traficantes de las necesidades de un pueblo. En muchas instituciones te atienden como si te estuvieran haciendo un favor y no como la obligación que tienen estos servidores públicos y servidoras públicas en la prestación de sus servicios a fin de garantizar derechos a nuestro pueblo reconocidos por nuestra Constitución y el ordenamiento jurídico vigente.

Pero todo ello es producto de la afectación del estado psicoemocional basado en la crisis económica inducida, del modelo capitalista en su versión rentística petrolera venezolana.

Es ahí, donde el Gobierno Bolivariano, que no es el responsable exclusivo de la actual situación, y eso lo tenemos claro, debe asumir su cuota de responsabilidad. En primer lugar, no debería esperar después de los comicios de abril para tomar algunas medidas que contribuyan a neutralizar un tanto las agresiones a nuestro bolsillo y maximizar los factores de protección a nuestro pueblo. Precisamente por eso somos gobierno, porque la gente, además de nuestro discurso político ideológico y de compromiso militante con la Revolución, está esperando soluciones y respuestas a sus necesidades más urgentes y sentidas. Debemos trascender de las meras consignas, del discurso panfletario y de acciones efectistas que en nada nos ayudan y más bien nos perjudican, y pasar rápidamente a acciones concretas y contundentes.

Se deberían coordinar a través de acciones de inteligencia social y de Estado, acciones tendientes a golpear duramente al delito y la trampa utilizadas como parte de todo un conjunto de operaciones psicológicas y campañas de neurotización de cara al venidero proceso electoral y de manera permanente, esto a objeto de evitar el desarrollo de la agenda de conflictividad social que promueven sectores fascistas de la derecha nacional, en coordinación con la derecha internacional, a objeto de impulsar la estrategia que materialice una intervención militar contra Venezuela.

Mientras hacemos esto, no podemos descuidar el frente de la gestión de gobierno, como siempre nos lo dijo Chávez, y de ahí que se impone la necesidad de meterle el pecho a atender situaciones concretas como la escasez del efectivo, la de alimentos que en un futuro no muy lejano se pudiera convertir en una situación de salud pública debido a los desmayos que algunos trabajadores han sufrido en sus puestos de trabajo producto de la mala alimentación y el de caminar largos trayectos producto de los problemas inducidos en el servicio de transporte público; el desempleo que ya sectores económicos comprometidos con la conspiración empiezan a concretar sobre la clase trabajadora para complicar aún más el actual cuadro, y demás problemas que afectan la cotidianidad del venezolano y la venezolana.

Hay que impulsar la creación de una plataforma donde no solo hagan vida los diferentes actores políticos, sino que sea inclusiva de los actores sociales, para caer en cayapa sobre las principales dificultades por las que debemos atravesar, y sacar el país adelante.

Mientras no exista ni se tenga una política económica y sobre todo una praxis coherente que respete la planificación bajo criterios de cierta flexibilidad, la cual no debe ser confundida con improvisación y de justificación de lo mal hecho, no cambiará de manera importante la actual situación.

Por otra parte, ante estas dificultades, el pueblo venezolano debe estar claro de las dificultades que nos tocará afrontar durante un buen rato. Y entender, aunque parezca contradictorio, que es con el socialismo y a través de la Revolución Bolivariana liderada por Nicolás Maduro, como podremos conseguir, todos juntos, la salida a los actuales problemas que afectan al país. Esto, porque los mismos no serán eternos, y en el horizonte se avizoran mejores tiempos para la Patria.

La llegada de un gobierno de oposición bajo premisas neoliberales no le garantizaría gobernabilidad, y antes bien complicarían aún más el actual cuadro en Venezuela. Entraríamos en una terrible inestabilidad política, que pudiera abrir las compuertas de la violencia fratricida entre hermanos venezolanos y hermanas venezolanas, que nadie desea y quiere, y es la principal apuesta de los enemigos de nuestra patria, que desean saquear nuestras riquezas.

Sin duda, hay que confiar en la gestión de los trabajadores y trabajadoras, quienes además de luchar por sus reivindicaciones salariales y sociales, deben empoderarse de los medios de producción, contribuir al desarrollo de las fuerzas productivas para la satisfacción de las necesidades colectivas, y asumir la conducción política del Estado.

Pero mientras estemos en esta situación de transición hacia el socialismo que atiza las contradicciones de clase en el seno de nuestra sociedad. Nos tocará afrontar innumerables dificultades, y eso exigirá su correspondiente cuota de sacrificios y que renunciemos a ciertas y determinadas comodidades a las que estábamos acostumbrados.

Pero, y antes de concluir estas líneas, hay algo que me parece fundamental en estos momentos. La Revolución Bolivariana se ha mantenido en el poder, gracias a la conciencia sembrada por Hugo Chávez en el seno del pueblo, más autocríticamente debemos señalar que no hay una conexión entre nuestra dirigencia política y el pueblo de a pie (la conexión amorosa de la que alguna vez tanto escribió el camarada Toby Valderrama y Antonio Aponte en su famosa columna "Un Grano de Maíz que varios leíamos). Queremos ver a los ministros y ministras, a los presidentes y presidentas de institutos públicos, gobernadores y gobernadoras, alcaldes y alcaldesas y servidores públicos y servidoras públicas en general, acompañando al pueblo en sus penurias, comiendo lo mismo que come el pueblo, sufriendo lo que sufre el pueblo, para así rescatar la empatía y la conexión amorosa y espiritual, que será a la larga lo que sostendrá la Revolución en el tiempo.

Y así, si valdrá la pena y nos llenaremos de moral para resistir con dos cartones de huevo y un paquete de harina precocida.

¡Bolívar y Chávez Viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!

¡Hasta la Victoria Siempre!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Juan Martorano

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).

 jmartoranoster@gmail.com      @juanmartorano

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