Alquimia Política

La emigración venezolana como necesidad humana

En los últimos tiempos nunca antes había estado tan cercano de familiares y amigos que han asumido la necesidad de cambiar su estatus de vida, tomando el costo de la emigración. Para algunos sectores de la sociedad son "valientes que arriesgan todo para asegurarse un futuro"; para otros, son "contrarrevolucionarios que huyen en vez de pelear su espacio y contribuir con el desarrollo del país". Lo cierto es que desde un punto de vista revolucionario o desde la óptica de la derecha más radical, la emigración es un acto de huida, táctica de una estrategia política para debilitar la capacidad científica y tecnológica del país, al perder su recurso humano profesional y/o cualificado.

Lo cierto es que la situación de la emigración no es un asunto de táctica política, menos de un plan maquiavélico para debilitar el Gobierno venezolano; es el producto de una necesidad humana por buscar nuevos escenarios de bienestar ante la abrupta y sensible situación económica que está desequilibrando la estructura de distribución y comercialización, de los productos de primera necesidad. Las acciones del Gobierno Nacional del subsidio directo a través delas Cajas de alimentos CLAP, y de los bonos a través del Carnet de la Patria, han sido "trapos tibios", ante una economía que necesita más libertad y autonomía para su operatividad y no el exceso de controles y alcabalas que lo que han hecho es crear caldos de cultivo para la corrupción. Si las Cajas de alimento llegaran completas y quincenalmente a todas las familias beneficiadas, y si los bonos llegaran, con carnet o sin carnet, al cinturón de trabajadores y desempleados en el país, que de eso tenemos buenos datos en el Instituto Nacional de Estadística, se pudiera argumentar que se está enfrentando aguerridamente esta crisis económica que día a día está diluyendo las esperanza de una buena masa de ciudadanos connacionales.

En un aspecto puntual, la emigración venezolana se está dando en el espectro de un cordón humanitario donde la juventud y algunos adultos contemporáneos, buscan alternativas creativas y en algunos casos improvisados, producto de la desesperación por la falta de recursos financieros para cubrir lo más elemental que es la comida, porque para otros rubros ya se ha perdido totalmente la capacidad de compra. De la noche a la mañana hemos pasado de poder cubrir con un salario profesional la manutención de una familia de tres personas, a la inhabilitación del salario profesional y a la necesidad de aumentar a dos salarios profesionales, más algunas acciones creativas para vender habilidades y destrezas a cambio de pagos en moneda extranjera que aseguren entradas extras para cubrir los costos de subsistencia de esa familia pequeña. El problema radica que hemos venido en un proceso de declive constante desde el 2013, al punto de perder totalmente el control sobre el aparato económico, imponiéndose en estos escenarios la anarquía, la especulación y la corrupción. Esta realidad no aguanta un nuevo programa de despegue o de reimpulso, necesita transformar el modelo económico desde ya; asumir medidas que sean anti-populares pero que le devuelvan al país una mínima capacidad de maniobra partiendo del salario base, porque de lo contrario estamos cayendo en unas curvaturas gigantescas que amenazan la paz ciudadana y hace deslucir el esfuerzo del Gobierno por mejorar las condiciones de vida del pueblo.

No hay fórmulas mágicas que no pasen por el sinceramiento de la economía y la ruptura con los grupos que se han atornillado en los altos cargos de toma de decisión política y que están cometiendo actos agresivos de descapitalización de los recursos financieros asignados a las políticas sociales asistencialistas para ayudar a la sociedad a confrontar los duros efectos de un proceso hiper-inflacionario.

Sin embargo, se ha querido trasladar las culpa exclusivamente al Gobierno Nacional, y en definitiva tiene sus culpas, no se exonera de ellas, pero las acciones de la comunidad internacional y las medidas de restricciones hacia la economía nacional por parte de Estados Unidos de Norteamérica y la Comunidad Europea, han enrarecido más aún el panorama. Han profundizado la herida de un Sistema Político que se estuvo debatiendo desde el 2002, con actos de saboteo y conspiración, contra las fuerzas legítimas que constituyen el Estado Nacional venezolano.

Se necesita un proceso de ajustes, de re-planificación e ingeniería social, para restituir condiciones y para erradicar los vicios que impiden que las acciones del Estado puedan alcanzar sus metas en el fortalecimiento del proceso de crecimiento económico nacional. Los venezolanos en el exterior hoy constituyen un grupo de colaboradores con su entorno familiar; se sacrifica para responder desde sus experiencias laborales a las necesidades de los suyos en el país. Salvo algunos que tienen presencia en la comunidad internacional por sus posturas políticas, nuestra emigración es de carácter humanitario, están allá resolviendo la poca o nada capacidad de la economía venezolana para cubrir sus proyectos de vida. Cuando se leen artículos y opiniones que buscan minimizar la postura de nuestros conciudadanos en el exterior y venderlos como el ejército continental contra los valores institucionales del país, no es más de una acción irresponsable y contraria al respeto a los derechos humanos y la dignidad de nuestra gente.

Cada emigrante tiene su historia y camina con sus propios zapatos, el Estado debe tener conciencia de que sus acciones no son en contra de un Gobierno, sino a favor de sus familias, de sus realidades locales, por ello celebro se tomen medidas de protección para nuestros emigrantes en diversos países latinoamericanos, norteamericanos, europeos, entre otros; garantizándole como sociedad organizada que ante el Derecho Internacional deben respetarles su condición humana y deben asegurar que cumpliendo su cometido laboral en otras tierras, tienen su espacio garantizado para volver. Es inminente que las duras pruebas a las que se ha sometido el Estado venezolano tendrá un desenlace enmarcado en la institucionalidad del voto popular y en el respeto a la soberanía e independencia patria, porque augurar la violencia para cambiar la realidad, sería entrar en un torbellino de situaciones en las cuales Venezuela sería el epicentro pero el mundo tendría el efecto inmediato de una nueva era de incertidumbre y caos. Apostemos a la paz y permitámonos ser verdaderamente democráticos. *.-



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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