Jorge Giordani y los terratenientes territoriales. De la criptomoneda al lenguaje encriptado

La criptología tiene mucho de misterio, tanto que como de muerto y enterrado. Un mensaje encriptado está encerrado "bajo siete llaves". La criptomoneda, llámese Bitcoin o Petro tiene mucho de eso. Se trata de no dejarle en estado contrario, pasada de viva, como al garete, para que el primero que se la encuentre se la apropie. Pero también hay un lenguaje, estilo al escribir encriptado, donde se dice una vaina para decir otra. O mejor se escribe o habla para que cada quien entienda lo que más le conviene. El Dr. Giordani, eso no es encriptado, es demasiado evidente, tiene su "pique", pero demasiado serio con quienes gobiernan, tanto que le distancia de estos tan lejos como el territorio nacional, del mojón que marca la línea fronteriza más al oeste con Colombia hasta allá en donde rozamos con Trinidad. Pero también sufre por sus "desencuentros" con el pasado "que añora", como en el hablar gardeliano, el cual insiste en mantener encriptado, habiendo llegado la hora de sacarlo de la cripta y ventilarlo para que la vida lo oxigene, lo someta a revisión y sirva de nuevo impulso; no hay por qué pensar que está muerto y menos convertido en palabras para hacer letanías. Es malo eso que cada quien lo interprete libremente, literalmente y hasta mal use.

El Dr. Jorge Giordani sus motivos tiene para sentirse distante y hasta herido por el inadecuado trato contra él por quienes creen haberse quedado con la herencia de Chávez. Es decir, con discurso que no es. No es oro todo lo que brilla. Pero creo, por distintos motivos ocultos que aquí no dilucidaré, no está siendo lo suficientemente explícito al exponer sus dudas o mejor razones. Creo que insiste en el error, que sería entendible en un político de profesión y no en lo que él es, según mi criterio, un científico social, en ubicar sus críticas fuera de tiempo y hasta de foco. No quiero decir con esto que esté desfasado, sino que ubica las causas, el empuje inercial de lo que percibe errado en medio y hasta en el final del camino.

Acaba de escribir un excelente artículo titulado «Los venezolanos terratenientes territoriales», que en mi percepción no sólo es una crítica a la tradicional cultura rentista del Estado venezolano desde que reventó el primer pozo petrolero, aquel que pasó por aquello de «Ta´ barato dame dos», la locura de Cadivi y «dame mis dólares para salir a raspar cupo», «mi casa bien equipada», sin que aporte nada para eso», «dennos un carro a cada médico recién graduado y póngannos la cuota más baja, tanto como que no paguemos nada» y bonos por cualquier motivo, sólo para fingir una inútil lucha contra la inflación que el mismo gobierno induce y hasta estimula, con la cruel finalidad de secuestrar los votos. Es también, a mi parecer, una crítica acerva a la Petro o Criptomoneda, pues por algo con ironía dice: «propietarios territoriales luchad por vuestros más genuinos intereses, ahora con más ímpetu dada la aparición de la magia tecnológica, computacional y matemática, de una moneda virtual descentralizada. Éxito y suerte en tan encomiable misión. Cosas veredes, amigo Sancho».

Para él, la Petro moneda no parece ser más que un invento diabólico para prolongarle la vida al rentismo en base de lo que está allá en el fondo de la tierra de la cual "somos propietarios" – "terratenientes territoriales"- sólo vendiéndolo o empeñándolo a los mejores postores que allí lo tendrán hasta llegado el momento de reclamarlo, habiendo nosotros dilapidado lo dado en adelanto en francachelas, fiestas electorales y dándole a cada quien algo por su derecho de propietario, sin ningún agregado suyo, salvo que siempre habrá quienes tengan más saliva.

Giordani en esta percepción, opinión crítica, sabe bien lo que dice. Conoce del asunto, por algo tiene sus pergaminos y experiencia. Nosotros que poco sabemos del asunto encriptado que hay en ello, pero sí bastante de la cultura nacional y la confusión táctico-estratégica de quienes nos han gobernado en los últimos dieciocho años, estamos embargados por la misma duda. Razones nos sobran. Aquel chaparrón de precios de 120 dólares por barril se volvió sal, agua, unas cuantas ruinas y esa mezcla se nos fue entre las manos y por los vericuetos y vertederos naturales volvió al mar. Fábricas existentes se cerraron, otras quedaron produciendo poco y sujetas a exigencias culturales ancestrales y materias primas terminadas o a medio terminar que se fabrican afuera, como esta de la gasolina que por ella pronto pudiera hasta paralizarse la producción del vital combustible para automóviles en Venezuela y ello generar un entumecimiento colectivo. De las cerradas nadie explica el por qué y al gobierno no parece importarle, como sucede con las tierras que no paren y los criaderos de animales que se han vuelto de monte. Pero la renta, la poca que aún queda, por una producción petrolera que declina sin que a nadie le importe, menos ahora cuando llegamos a la etapa de la criptomoneda para vender algo así como la comida cruda o los peces que nadan en la mar, nos permite fabricar billetes sin cesar aunque terminen no valiendo nada pero generando un impactante espejismo, ver caer en la cuenta bancaria cifras que nos producen la ilusión de mucho. Y en la cuenta bancaria, porque ni siquiera hay forma de producir la moneda en físico. Es una vida que se nos vuelve encriptada, algo así como el morir.

Pareciera entonces que el próximo paso, según la interpretación de Giordani, es repartirnos la renta de la tierra, pero por una vía distinta, portento de los nuevos tiempos y la tecnología; por el Petro, vendo lo que está allá dentro y voy acumulándole a quienes aquél llegan a monopolizar, para un buen día reclame lo puesto en respaldo, lo empeñado, pero como se saca desde arriba, apartarán a todos aquellos que fueron propietarios y estorbarán, tanto como que ningún derecho tendrían porque vendieron por cuotas, «se gozaron todo eso por adelantado», tanto que nada hicieron para crear a partir de ello una riqueza duradera y reproductiva. Algo así como gastarse todos los reales que uno tenga en una pea de una corta noche.

Pero vuelvo al principio. Pareciera que Giordani oculta, claro no siempre, porque algunas veces se le han salido sus cosas, que esa cultura rentista y práctica electoral, festiva y «regalada», con mucho de cristianismo primitivo, viene impulsada y respaldada por una vieja y desde atrás ventolera. El mismo ha contado las veces que se fue del gobierno por sus desencuentros, que tuvieron motivos en cosas como esas.

Resulta que quienes ahora gobiernan dicen ser los herederos de un legado. Según ellos actúan guiados por un estricto código al cual deben lealtad y está encriptado. Sólo ellos pueden sacarlo de la cripta, leerlo y repetírnoslo a nosotros para que digamos amén ¿No habrá llegado el momento de desplegar ese código oculto, constatarlo con la realidad, no diré que con la dialéctica porque vendría alguien, ya lo sé, me ha sucedido y me tildaría de hegeliano y subjetivo, como quien tira un papel reciclado a la basura, de dejar claro que el futuro es más lejano de lo que a veces parece y hasta los dioses, la historia, lo dejado en evidencia, van desapareciendo y por lo menos cambiando porque la vida también eso hace? ¿La lealtad no puede andar por un lado y la vida por otra, como seguir siendo devotos de santos que ya están, sino en la obsolescencia, si sujetos a revisión?

Es extraño como la gente de Rafael Ramírez, quienes se le acusan o no de hechos inmorales, esos que como diría Giordani cogieron por adelantado su cuota de petróleo sin medir que se pasaron de raya, aquel mismo personaje, quienes están en el gobierno, quienes estuvieron y fueron echados y hasta quienes siguen luchando dentro de lo que ellos todos llaman como quien usa un santo y seña el «proceso», se aferran a una herencia, una figura, sin intentar siquiera un análisis crítico, como si se tratase de alguien infalible o los infalibles fuesen ellos al tildarse de portavoces idóneos, y como tal ajenos a las desviaciones que han traído la ola del tiempo y las aguas torrenciales.

Giordani debe ser el primero, sobre todo en los asuntos económicos, otros pudiéramos hablar con cierta propiedad de otros aspectos como el concepto de partido, la política de aliados, historia, la relación entre dirigentes y dirigidos que todavía prevalece y asuntos que no se corrigen. Pero todavía no vamos a las fuentes primarias, no subiremos al cerro aquél que derrama el agua con fuerza y nos culpamos unos a otros, mientras las ideas siguen vivas. Seguiremos así, porque eso de la criptología, no sólo tiene que ver con la moneda, sino con el lenguaje y la manera evasiva de abordar la historia y juzgar a quienes asumimos como dioses.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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