Sí, resistiremos, pero necesitamos apoyo

"Aquí no se rinde nadie" es una frase que escuchamos una y mil veces a camaradas que intentan motivar a otros a continuar militando en la revolución y respaldando al gobierno nacional.

Loable la intención, sin lugar a dudas, pero si nos detenemos a revisar lo que en el fondo de esa consigna hay, tenemos que concluir que falta algo, que el puro contenido no es suficiente, que el voluntarismo no resuelve el problema.

Me decía un viejo amigo, jubilado de PDVSA, ¿cómo hago para convencer a mis dos hijos y sus esposas que no se vayan del país, si lo que ganan no les alcanza para comer y cada vez que se enferman de cualquier pendejada, pasan por un calvario para conseguir y comprar las medicinas.

No, no basta con gritar "aquí no se rinde nadie". La resistencia a la cual esa consigna invita, debe ir acompañada de acciones que generen esperanza y que intenten construir un futuro mejor. Resistir hasta la muerte forma parte de la naturaleza humana, del instinto, pero no es suficiente para conducir a una victoria.

Resistir tiene sentido si se espera la llegada de refuerzos, si se espera que alguien tome una acción que neutralice el ataque del enemigo, si se estima que el enemigo se está debilitando con la resistencia que consigue; pero resistir por resistir no sólo carece de sentido, es casi un suicidio.

Con todo lo anterior no queremos decir que hay que rendirse o abandonar la resistencia. Esa sería una posición cobarde. Lo que queremos expresar es que esa resistencia del pueblo debe ir acompañada de acciones del gobierno que generen esperanza y motiven a resistir. Y no nos referimos a la esperanza de que en un mes nos llegue una caja de CLAP.

Nos referimos a la esperanza que despertaría un gobierno resteado en la lucha contra el bachaqueo, pero restado de verdad. Haciéndolos presos, incautandose de sus productos, condenándolos a varios años de cárcel y expropiando sus propiedades.

Nos referimos a la esperanza que despertaría un gobierno restado en la lucha contra los contrabandistas y sus cómplices en la Guardia Nacional (incluyendo altos mandos).

Nos referimos a la esperanza que despertaría un gobierno restado en la lucha contra la especulación y que expropie cada negocio donde se incurra en esa práctica.

Nos referimos a la esperanza que despertaría un gobierno dispuesto a hacer pedazos la estrategia de DolarToday mediante el uso de una moneda que no sea manipulable y que a través del pago de salarios internacionales, se permita vender bienes y servicios a precios internacionales y acabar así con los subsidios, sin afectar el bolsillo del más humilde.

Nos referimos a la esperanza que despertaría un gobierno que mostrará una estrategia clara y realizable para incrementar la producción de crudo de PDVSA.

Nos referimos a la esperanza que despertaría un gobierno que entienda que a pesar de su enorme esfuerzo en lo social, la economía del pueblo es la economía del hambre y que no es dejando de hablar del tema como se va a resolver el problema.

Decimos esto último porque hicimos un seguimiento a los mensajes que los altos funcionarios del Gobierno y del PSUV han emitido, durante los últimos dos meses, por las redes sociales y los medios tradicionales y no encontramos uno solo que haga referencia a las dificultades que tiene el pueblo para comer, comprar alimentos, conseguir transporte, disponer de efectivo, comprar un repuesto o un cauchito para su carro.

Nada, absolutamente nada. Mucha referencia a lo político, a las patrañas de la derecha, a las decisiones de los gringos, pero nada que haga nacer (menos crecer) la esperanza en el alma del pueblo.

Se agota el tiempo, la calma, la fe, la esperanza. Es hora de que el gobierno escuche .

¿Recuerdan el Dakaso? ¿Saben por qué tuvo ese gran impacto en el pueblo? Porque el pueblo creyó que se trataba del inicio de una estrategia Nacional a gran escala en la lucha contra la especulación, pero se quedó allí y el pueblo no tuvo más remedio que rumiar su rabia.

Ya basta de operativos. Es necesario ir a fondo en esta guerra. Sino estamos dispuestos a ganar la guerra no le pidamos al pueblo que resista. Eso sería demagogia



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Alexis Arellano


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