Llegar vivo al día siguiente

Nuestro pueblo tuvo que resistir pruebas muy difíciles. Nuestra revolución encontró muchos enemigos. No me refiero sólo a los imperialistas rapaces que hicieron todo lo posible para que regresáramos al pasado semicolonial. También me refiero al analfabetismo masivo, a la miseria y al secular agobio del pueblo. La caída de los precios del petróleo de otras materias primas, la falta de alimentos, todo ello amenaza con hacer mayor la dependencia, que tiene, además, una gran deuda exterior. Pero ése es el destino de toda revolución auténticamente popular, que siempre encuentra resistencia en las fuerzas del mundo caduco.

Pero también es cierto que, al conquistar la independencia política y al regirse por sí mismo, el pueblo liberado se ve obligado a luchar duramente por liquidar el atraso económico y la miseria, por fortalecer su soberanía. Las fuerzas del imperialismo recurren al sabotaje económico, a las provocaciones políticas, y ejercen una presión directa de fuerza. Esta política se basa en la "doctrina del nuevo globalismo", elaborado a toda prisa. Esa línea no brilla por su originalidad; se quiere volver al viejo y clásico sistema, al bandolerismo.

El imperialismo, al mantener a nuestro país en una situación desigual, carga sobre las consecuencias de las distorsiones operadas en la economía propia. A ello se debe que los precios de las materias primas sean los más bajos en estos cuatro años, a ello se debe la caída de los precios del petróleo y la falta de alimentos. (También, dirigentes incapaces). El imperialismo, al explotar a Venezuela, se lucra y enriquece. En gran medida, por medio de nuestro país, financia él la carrera de armamentos. Resuelta que por una parte está la deuda de Venezuela, y por la otra, las superganancias de las transnacionales y los bancos de Gringolandia.

Esta política imperialista es bien conocida en nuestra América, en todo el mundo. Es un hecho que sólo para pagar los intereses de la deuda exterior, los Estados en vías de desarrollo desembolsan más de doscientos mil millones de dólares al año. Pagan sumas superiores a los nuevos créditos. También podemos mencionar otro hecho elocuente: por cada dólar invertido en nuestra América, las transnacionales obtienen cuatro dólares invertidos en ganancias. Ésa es una contabilidad dura, pero el imperialismo no conoce otra.

La amenaza que entraña la destrucción de Venezuela. Desde todos los puntos de vista —incluido, por supuesto, él moral— ha llegado el momento de renunciar a la mentalidad del "asalto-saqueo", convertir las espadas en arados, invertir los medios así ahorrados en la solución de las necesidades sociales, para fines creativos. Estamos convencidos de que la única alternativa a la política de suicido, la garantía de supervivencia del pueblo venezolano es la creación de un mundo no violento, libre del fascismo.

—No soy un fantasma cualquieras: Soy, El Libertador, que he venido a salvar a nuestra Venezuela del caos.



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Manuel Taibo


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