Como un "Conversatorio" con Chamo luchador clandestino de la MUD

Cuando uno llega a viejo se vuelve muy quisquilloso y apegado a las viejas formas. Es demasiado celoso con sus costumbres, maneras de hablar e impermeable a formas que llegan de otros lares. Es malo, lo admito, pero como ya dije, son vainas de viejo.

De un tiempo para acá, no mucho y este "mucho" está avalado por mi larga edad, he venido escuchando y leyendo la palabra conversatorio. Desde el primer día que la escuché o leí, la percibí como un invento de algún joven que quiso llamar el acto de conversar, sobre todo en un grupo, con una expresión que llamase la atención; algo así como eso que un gran amigo llama "frases cohetes", enrevesadas y elaboradas complicadamente para dar la sensación que se dice algo muy profundo. En este caso no se trata de una frase sino de una simple palabra que es un americanismo pero no venezolano. Por eso no lo había escuchado o leído antes, por lo menos con tanta frecuencia.

Es de uso habitual en Colombia, Cuba, Ecuador, México, Panamá y Perú, países en los cuales más o menos significa lo mismo, reunión de personas para tratar un tema. En Honduras se utiliza para referirse a una rueda de prensa.

He referido lo anterior para dejar constancia que con razón la palabra me sonaba extraña y ajena, pues antes, en mi juventud, mis largos años de estudio, militancia, metido en todo tipo de reuniones, con distintos calificativos, según la técnica, no había oído en aquellos mis tiempos esa palabra que, cuando la escuché o leí por primera vez, me pareció pretenciosa. Pero parece no lo es, se trata de algo como un instinto xenofóbico de mi parte; pues como queda dicho, según el diccionario, si bien la palabra es ajena al venezolano, es americana.

Como este trabajo intenta ser algo como dar una clase, pues eso fue lo que procuré hacer con el "chamo luchador clandestino", sobre todo para que aprendiera a protegerse de la "represión dictatorial de Maduro", empecé por dar el mismo tratamiento con la palabra que encabeza el título y que deliberadamente metí entre comillas, pues tratándose de un tema tan extraño nada mejor que una palabra como esa.

El chamo llegó con su camioneta 4x4, muy grande y costosa a alinearla en el mismo sitio donde yo llevé un viejo caucho que me regaló un amigo para pegarle una zapata y poder usarlo como repuesto "para un llegue", como se dice desde viejos tiempos por estos lados. En tres de los vidrios de su vehículo, de cauchos muy costosos y nuevos, incluyendo el de repuesto pegado en la parte de atrás, llevaba pintada tres consignas llamativas y comprometedoras, "¡Maduro, asesino!", "¡Abajo la dictadura!" y "¡Quiero una Venezuela libre!"

En verdad no sé que me pasó al observar aquello. Primero me causó risa y no podía ser de otra manera, siendo yo de una generación de jóvenes que vivió por lo menos dos clandestinidades, preso tres veces y hasta secuestrado una tercera vez. Haber vivido intensamente la experiencia de ser perseguido, saberse acechado y verse obligado a vivir escondido hasta de la familia, tomar todas las rigurosas medidas que la lucha clandestina impone, lo que comienza por irse de la casa, de la ciudad donde nacimos y formamos raíces profundas y en todas direcciones, cambiarse el nombre, alejarse de los amigos ajenos a lucha en la que uno estaba metido, para protegernos y protegerlos, ver a la novia sólo de vez en cuando sin que ella supiese en lo que uno andaba y, en ese mundo "legal" donde nos introducíamos, fingir ser todo lo contrario de lo que en verdad se era. Como hasta decir en reuniones sociales todo lo contrario de lo que uno pensaba. Pues si eres luchador contra una dictadura, tienes que ser clandestino y eso implica ocultarse y hasta mucha veces fingir. Es decir, uno vive dos vidas al mismo tiempo.

-"Mira chamo", dije al joven apenas se bajó de su vehículo, ¿No sabes exactamente el riesgo que corres? ¿No temes por tu vida? ¿Acaso eres un luchador social, político o un simple suicida?" "¿No te mortifica siquiera que la persona a quien acusas de asesino, quien de paso es el presidente, pudiera introducir una demanda contra ti por difamación, pues si no pudieras probar la validez de tu juicio, lo que es seguro, habiendo una dictadura y llevarte a la cárcel? Es más, como es un dictador, sin juicio alguno puede enzamparte en un calabozo oscuro y sucio y hasta mandarte para un campo de concentración. ¿Cómo, si sabes que hay ahora aquí una dictadura, andas tu por la calle denunciándote de enemigo de ella con esa pinta que cargas en el carro?". Para las dictaduras, esas pintas son consignas subversivas y hasta las "democracias como aquella de Betancourt", a quienes ellas pintaban en alguna parte castigaban rigurosamente. Un primo nuestro, analfabeta de paso, por habérsele hallado mirando, pues dije que era analfabeta, sólo mirando, una consigna recién pintada por otro para él desconocido, lo mandaron preso a la isla del Burro, más de un año se caló allá".

"A un muchacho de aquí de Puerto La Cruz, llamado Enrique Rodríguez, la policía política del gobierno de Betancourt acribilló a balazos por la espalda cuando apenas comenzaba una pinta que debía decir la simpleza de "Renuncia Rómulo" y él apenas había escrito la R."

-"Imagínate alguien que acaba de cometer un delito denunciándose así mismo poniendo en el vidrio de su carro una nota que dice yo fui quien robó esta mañana el banco".

-"Así estás procediendo tú. Habiendo una dictadura, quien se declare enemigo de ella es objeto inmediato de la represión habitual y tú andas por la calle, con tu carro, exhibiéndote como tal. ¿No comprendes los graves riesgos que corres? En cualquier momento y sitio, un esbirro de la dictadura puede darte un tiro o por lo menos detenerte, llevarte a un cuarto de tortura a un calabozo solitario y tu familia nada sabría de ello".

Para suavizar mi argumentación y no la tomase a mal, le posé mi brazo derecho sobre su espalda y le aseguré que mis palabras, la de un viejo experto, tenían la sana intención de salvarlo del peligro que le acechaba; pues pese "saber que había una dictadura en Venezuela", parecía no saber que "vaina es esa". Me lo llevé a un apartado lugar donde nadie nos escuchase, salvo el joven que le alineaba el vehículo, para hacerle comprender los riesgos que corría y decirle todo aquello.

Después de escucharme pacientemente se apartó de mí con delicadeza me miró y me dijo lo siguiente:

-"¡Coño! Pero lo que usted dice no es lo que me dijeron sobre la dictadura".

-"Me hablaron otra cosa. Por ejemplo que no puedo manifestar pacíficamente sin recibir la agresión policial".

-"¿Eso crees? ¿Y qué haces tú sino manifestar pacíficamente, pero en parte, pues hablas de un presidente asesino, mientras recorres Puerto La Cruz, Lecherías y Barcelona, sin contar que podrías hasta salir del Estado, con esas pintas sin que nadie te moleste o autoridad alguna te incomode?"

-"Mira hacia allá. En esa esquina o corte de calle, llevan un mes protestando y agitando consignas iguales a las que has escrito en tu carro y nadie les molesta. Cuatro señoras, cómodamente sentadas, lideran al grupo que impide al paso vehicular, lo que ya es violencia. Eso sí, como tú, no tiran piedras ni hacen disparos de ningún tipo."

Todavía me atreví a preguntarle ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que pintaste esas consignas en tu carro?".

-"Más de una semana", me respondió y esta vez cambió su porte altanero por otro como preocupado o acucioso.

-"Coño mano, tienes una suerte del carajo, un santo en el cielo muy poderoso o en este país no hay ninguna dictadura, más bien un pata e´ rolismo desmedido, pues si la hubiera, yo mismo, ni loco, me hubiera acercado a hablarte."

Después de escucharle balbucear unas palabras, le recomendé:

-"Por todo y todo quita esas pintas del carro, busca algo sensato, creíble y escríbelo para manifestar de forma coherente tu inconformidad con el gobierno."

Para terminar de importunarle alerté:

-"Mira, el carajito que te está alineando el caucho es chavista, ha escuchado lo que te estoy diciendo, por supuesto ha leído tus letreros y está muerto de risa".

Eso fue como un conversatorio.

 

 

 

   
   
   

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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