Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada

Este es el punto de quiebra fundamental donde la revolución se separa de los constitucionalistas, y de los reformistas y demás mutaciones.

Los constitucionalistas: se apegan a la ley como buenos pequeños burgueses. No se comen una luz, así los estén persiguiendo para asesinarlos, y sienten vergüenza hasta cuando saben que van a morir, como si fuera una falta a la ley.

Los reformistas socialdemócratas, como auténticos pícaros, se aprovechan de la ley. Asesinan a su mujer, todos lo saben, pero si un tribunal los absuelve salen orondos del tribunal con el rostro en alto, sintiéndose inocentes.

Son dos caracteres que están destinados a cambiar o morir dentro de la dinámica de la revolución.

El primero, respetuoso de la ley, lo que respeta más bien es una tradición burguesa (o más antigua aún) vinculada a la hegemonía de las clases sabias, privilegiadas, que atesoran tanto secretos y conocimientos como engaños. Lo que realmente respeta es el poder del orden y sus instituciones. Aspira a él, pero con servidumbre, con una fe ciega en su lógica pero para no pensar mucho en el futuro, para no cambiar, se conforma con alguna medalla de honor y nada más.

El segundo conspira, intriga, es capaz de sacrificar cualquier cosa por ser reconocido, ser distinguido socialmente, gobernar sobre muchos. Adula cuando es necesario, asesina cuando las circunstancias lo ameritan, agita masas con la misma facilidad que las traiciona, agita masas traicionándolas a la vez. Miente con facilidad porque detrás de su mentira no hay otra cosa que no sea más mentira. No cree en milagros, solo en la acción, no cree en nada, solo en la acción, no cree en teorías, en ideas, no tiene ideales, utopías, sueños, su vida es solo una acción desesperada, si de algo es fanático es de la traición.

Pero, como Fouché, no sabe qué hacer con el poder, prefiere la servidumbre al Señorío, tenga este el nombre, el rostro y sexo que tenga, se rinde ante la majestad del capitalismo que es bisexual, multirracial, plurisocial.

Mientras sus aliados tengan dinero, o estén dispuestos a todo para conseguirlo, el pícaro no parará su actividad.

En estos dos grandes grupos sociales se fundamenta el edificio ideológico burgués, se equilibra la democracia burguesa, y por supuesto, con la ayuda de la violencia, con la administración del orden, del terror, del fascismo.

No es que seamos especialistas, hemos estudiado algo y hacemos mercado, tomamos anís cartujo con nuestros amigos en navidad, discutimos el día a día de la política en el trabajo, leemos y pensamos en las noches, ahora escribimos casi que a diario, investigamos con mucho más puntería que cuando estuvimos en la universidad, inclusive más que cuando fuimos militantes de partidos…Solo para disculpar esa forma tan asertiva de decir las cosas.

Revolución es un estado de ánimo que nos obliga, que brota cada tanto tiempo en muchas individualidades y en sociedades enteras; es una necesidad de cambiar todo de raíz, es un sentimiento que evoca tiempos remotos donde fuimos libres

Cuando se tiene un sistema carcelario en una sociedad injusta, amoral, corrompida, de pícaros que hablan de ley para no cumplirla, se te llenan las cárceles de injusticias. Allá, o más allá, anidarán de nuevo las chiripas. Igual pasa con las universidades, con casi todas las instituciones de la vida pública. El sistema lo hace la práctica social y la práctica social revolucionaria la orientan solo razones sagradas, una idea más humana de destino, el socialismo.

¿Cómo controlas la reproducción de las cucarachas con otras cucarachas? ¡Imposible! ¡¿Vedad?!.

Dentro de la constitución todo puede ser falso y ambiguo, puede ser difuso, como dice la ley. Pero dentro de la revolución todo está obligado a un imperativo moral aunado a una práctica de vida, es decir a una conducta distinta, ejemplar. Por eso la revolución manda sobre cualquier ley, por sobre cualquier constitución, por más blindada, o lógicamente blindada que esté. Las prácticas sociales hacen la ley, le dan su sentido y su valor "científico". Su ciencia solo depende de los movimientos sociales. Es más, toda ciencia, en su sentido final, es y tiene que ser una herramienta moralizadora. Verdad es creer y actuar a la vez.

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Vimos uno de los cursos dictados por la Escuela de Cuadros, en VIVE tv. A pesar de los prejuicios, descubrimos un espacio de conocimiento muy útil, serio. Hace tiempo que existe, pero de una manera tan subterránea que sus clases resultan casi que elitescas.

El caso es que sobre la discusión del concepto del "Capital ficticio" se hizo una buena reflexión sobre el futuro del capitalismo tal y como está evolucionando. El invitado era un economista, un intelectual sensato. Él se llama Marcelo Díaz Carcahola.

Con sus razonamientos aclara las razones por las cuales solo dentro de una lógica distinta al capitalismo es posible superar la crisis del capitalismo. Mientras los argumentos que arguye el gobierno para justificar al capitalismo en medio de una revolución socialista son ambiguos y contradictorios, desde una perspectiva marxista este joven economista demuestra que la única manera de vencer al capitalismo es con otra lógica de pensar y actuar, es con más socialismo, iluminando el camino con Marx, y demás revolucionarios.

Porque el capitalismo es un monstruo que se alimenta de las almas, capaz de renacer de sus cenizas mientras el fuego del consumismo y de los valores burgueses y pequeñoburgueses estén encendidos. Vencer los procesos vitales de la acumulación del capital y capitalistas y sus derivados sociales y morales, la desigualdad, la corrupción moral, el hambre y las enfermedades, la contaminación del ambiente, la devastación de la naturaleza y el calentamiento global, solo es posible en una sociedad que cambie su conducta, sus hábitos; en una sociedad educada, informada, una sociedad socialista racional, capaz de planificar parte de su destino. Sin alianzas estratégicas (eso no es un argumento para la desviación y la traición), sin pactos, solo con socialismo.



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Héctor Baiz

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