Los buenos ejemplos

"El señor director, en medio de un remolino de confusiones, esputó en palabras casi incomprensibles la siguiente idea:

–Vamos a premiar a los delegados de piso, a todos, con bolsas "especiales" de comida, que le daremos cada quince días’.

– ¿Qué dice doctor?, ¿y nosotros qué? – Clamó su segundo jefe.

– ¡Tonto! – replicó el Doctor- ¡eso es para nosotros, necio!... como no podemos darle bolsas "especiales" a todo el mundo, se las damos a los delegados… para que no jodan…. ¿te das cuenta?

– ¡Ah!, ya entiendo jefe.- dijo el sub jefe entrecerrando los ojitos con una mirada de astucia

Así su asistente, ahora "gerenciando" como debe ser, sobre sus subalternos, llamó a una reunión urgente a los delegados de piso, para exponerles la propuesta que bautizó improvisadamente como PET "Premio estímulo al trabajo". Luego de hablarles en tono de chisme un buen rato, fue finalizando su discursito, y despachó la reunión diciendo:

– Esto es todo lo que presento a su consideración,… algo breve - dijo- ¿Alguno está en desacuerdo?

Todos los presentes, sentados alrededor de un gran mesón ovalado se vieron las caras tratando de buscar apoyo a sus dudas. Sabían que aquello no era una propuesta justa, por lo menos para el resto de los compañeros, en su mayoría menesterosos de esa ayuda; que había algo de deshonesto en eso. Pero sin embargo era una proposición provechosa para ellos, que podrían contar con una bolsa "resuelta" de toda clase de artículos necesarios, cada quince días.

Aquellos seres estuvieron un rato esperando del otro la primara palabra. Pasaron 3 o 4 minutos sin que nadie dijera nada, solo se cruzaron algunas miradas. Hasta que Roberto Carlos, el delegado del piso X, rompiendo el escandaloso silencio de sus conciencias, dijo indignado…

– ¡No estoy de acuerdo con eso! – Señaló de manera tajante, sonora y clara - Nosotros representamos los intereses de nuestros compañeros en cada piso ¿Cómo vamos a explicarles esa inmoralidad cuando aparezcamos con nuestras bolsotas repletas de comida, jabón, champú?... ¡Si las bolsas no son para todos no son para nadie! –Casi que arengando a sus compañeros-.

Todos los presentes voltearon al unísono hacia el segundo a bordo, el cual, con una sonrisa fingida, una mueca de burla y desprecio, respondió

–Bien vamos a votarlo entonces… ¿Alguien más quiere decir algo más?-

El grupo bajó la cabeza, como una sola persona, sin decir palabra. Solo Roberto Carlos se levantó de la silla lentamente con amargura, y fue dejando el saloncito poco a poco repitiendo para sí, en voz baja, "No estoy de acuerdo con eso, es una inmoralidad".

En el instante cuando Roberto Carlos dejaba la reunión, el Gerente Asistente segundo abordo pudo hacer la votación, sin las incomodidades que ocasionan las personas rebeldes. Todo el mundo votó a favor.

–Hay gente que se opone a todo, hasta de aquello que lo beneficia – decía- Luego insistía sobre el premio. Se trata de una bolsa "especial", más nutrida que la que reciben los empleados y obreros cada tres meses, la cual duplica todo su contenido original, y será entregada cada quince días a cada "delegado de piso" como "premio a su labor" de representar y hacer de voceros: "no cualquiera puede hacer eso de representar a su gente" – decía con los ojos desorbitados el entusiasta "gerente", segundo al mando.

**

Precisamente eso fue lo que no hicieron estos pobres espíritus, representar los intereses de sus compañeros de piso, cuando estuvieron de acuerdo con aquellos "premios".

Roberto, indignado, buscó apoyo en sus compañeros de piso. Les contó lo sucedido y estos corearon molestos su cólera,

-"¡Maldición!, cómo es posible tanta villanía"- , dijo uno, "Hay que denunciarlos, abusadores ¿acaso esa esos artículos y asa comida son suyas?", dijo otra, "Por eso es que todo está como está, con estos pendejos como jefes", "¿Dónde estará el socialismo en esto?" "¡Bonito ejemplo para la gente!". Roberto Carlos, satisfecho consigo mismo y con el mismo impulso moral los invitó a apoyar su denuncia frente a los otros jefes.

Una semana después, Roberto fue trasladado para un depósito de materiales de desecho, muy lejos de ahí y muy lejos de su casa. El jefe director fue ascendido a director corporativo y su asistente, a director. Las bolsas de comida y artículos de primera necesidad dejaron de distribuirse en su totalidad"

Epílogo

Hoy, en los abastos, supermercados y similares se consigue casi de todo, pero muy poca gente puede comprarlo. Este fenómeno lo llaman, eufemísticamente, o sea, de "chalequeo", "Plan de Abastecimiento Complementario". Un Plan para acabar con el "bachaqueo", fijando precios oficiales, o sea, "precios justos", ya inflados en artículos que son de primera necesidad. Un poco para evitar la especulación salvaje en la calle de artículos subsidiados por el gobierno. Disimuladamente el capitalismo se ha estado instalando de nuevo y con comodidad en sus espacios naturales, en la cotidianidad de nuestras vidas. Vuelve a ser hegemónico en nuestras conciencias.

El otro plan de abastecimiento, el de los productos subsidiados, los CLAPs, ha comenzado a caer en manos de un derivado natural de aquel pernicioso bachaqueo, en manos de una especie de capitalismo popular, el cual anida y coloniza, como las chiripas, al resto de la burocracia oficial y de la gente fuera de ella.

Es difícil que de un cuento así se obtenga algún tipo de moraleja. Creo que no la tiene, porque es una historia indignante, deprimente, parece la historia de algún fatalismo, de algo a lo que estaríamos condenados por el resto de nuestros días.

Pero, recapitulemos un momento el cuento. Roberto Carlos se opuso a sus jefes para que un grupito privilegiado recibiera, solo ellos, de forma egoísta, las bolsas de comida y artículos necesarios. Y sabemos que No pasó nada. ¡Pero se opuso!, ¡pero hubo alguien indignado!, y eso es importante. Un solo hombre, una sola mujer, que se indigne ante una injustica es suficiente para volver a tomar el camino de la revolución, o a resembrar la revolución socialista, la fuerza popular, la conciencia del deber social, del deber de cada pueblo por el bienestar de cada trabajador humilde, de cada madre sacrificada, de cada niño o niña, cada artesano y artista, cada mujer y hombre incultos, por el bienestar de los que no saben leer ni escribir y que si lo saben se les ha olviddo por falta de práctica; en fin, por toda la sociedad de los desposeídos de bienes materiales y sobre todo del espíritu. Un hombre y una mujer rebeldes valen toda la esperanza de cambiar la sociedad.

¿La moraleja? Ese Roberto Carlos, ficticio (que no existe), representa a todos los chavistas, y gracias al maestro Chávez, al padre Chávez, es el espíritu indestructible del rebelde y de la revolución; del coraje del sacrificio… "Camina entre nosotros"

Esos Robertos (que sí existen, pero con otros nombres y de distintos sexos) se multiplicaran. Así pasó con muchos de nosotros. Un hombre rebelde sembró en uno el sentido de justicia, el amor por el conocimiento, al estudio, sin esperar ser recompensado con acreditaciones, títulos, reputaciones, atributos sociales, ¡prestigio!, como dicen por ahí. Un hombre honesto ha perdido todo su prestigio en una sociedad de pícaros oportunistas, pero una chispa de su fuego moral es capaz de incendiar todo el entusiasmo de la revolución.

(Dedicado a los y a las que se indignan y se rebelan frente a una injusticia)



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Héctor Baiz

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