La morisqueta de Maduro y la intelectualidad enmendadora de su plana

La "dieta de Maduro te pone duro" fue la expresión que usó el presidente de la República en el acto del pasado domingo 11 de septiembre, precisamente donde se anunciaba la creación de la revista de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).  Y el tema no es simplemente lo que le salió realmente con la chanza al mandatario, sino toda la significancia de la peculiar ocurrencia.

La dieta de Maduro es una composición popular derivada del padecimiento diario y constante que vive la población venezolana. Es decir, es una expresión que lleva implícito la vivencia del hambre, de horas de colas, de falta de medicamentos, de inseguridad, de escases, la pérdida de peso corporal…

Pero "La dieta" parece que también ha alcanzado a otros niveles, porque si algo queda claro con el gesto del presidente, es la ausencia total de comprensión, como también de solidaridad, respecto a esos millones de mujeres, hombres y niños sobre quienes ha caído el peso de una situación sin parangón en nuestra historia. La gran diferencia estriba en que la dieta de Maduro es una carga impuesta a la mayoría de nuestra gente a punta de autoritarismo e irresponsabilidad y "la otra" es el resultado del cinismo, la soberbia y el descaro de unos pocos.

Pero esos pocos pertenecen a una cúpula, por demás espuria, que se regodean desde las estructuras del poder sin importarles cuan ilegítimos sean, que los lleva a que todo su comportamiento, razonamiento o respuestas sean insultantes. Contrastando con la riqueza viva, así como argumentativa, en aquellos momentos en que el sujeto constituyente marcaba la senda en el proceso revolucionario.

Cual gobierno tradicional burgués, el que preside Maduro, ha profundizado desde la administración del Estado ese hilo conector conocido como clientelismo político. De esa manera y ante la desordenada administración de la situación trágica que estamos viviendo, es que se recurre a la eliminación de las listas de las bolsas de los CLAP a quien critique, se despide de las empresas a los trabajadores que denuncien a los burócratas por hechos de corrupción, o lo mismo pasa con quienes más recientemente osaron en firmar por lo del revocatorio, siendo trabajadores públicos o de empresas que administre el gobierno, violando cuanta legalidad haya.

Los llamados intelectuales bolivarianos pro gobierno, pretendiendo hacer valer su condición de connotados poseedores, de una gran capacidad racional y valor científico, se esfuerzan enormemente por explicarnos cómo es que los mortales menos capaces necesitamos que nos repasen cual niños de primer nivel, todo lo que desde la dirección política PSUV-Gobierno hacen y las decisiones que toman, las cuales estamos muy lejos de comprender.

Luigino Bracci ha sabido "destacar" por su condición de "traductor" de Maduro y el gobierno. Con el reciente episodio del presidente sobre la famosa dieta, el señor Bracci hizo lo propio, explicando a través de redes sociales, que el presidente solo quiso echar vaina un rato. Tal parece que la morisqueta de Maduro puso a otros a morisquetear.

Luigino, indudablemente podríamos decir que se esmera bastante en su función y eso es de reconocérselo. Sólo basta con echar un ojo a los trabajos que suele publicar. El detalle esta (que no es cualquier detalle) en que su esfuerzo queda guindando cuando buscamos la relación entre el rigor de lo que hace y esa dinámica conocida como realidad. El esfuerzo de Luigino queda entonces en una suspensión y a la vez nos deja esa sensación que sentimos cuando vemos a alguien gritar donde solo tenía que hablar.

Para enmendar la plana a Maduro y al gobierno en general se requiere de un exceso tan impetuoso que termina siendo exageradamente monótono. El rumbo que tomó la cúpula psuvista no tiene nada que ver con las claves de nuestro proceso, que en concreto es ponerse de espalda a la gente, por ello se reúnen en secreto con Shannon, por ello firman los negocios con las transnacionales, por ello pactan con la MUD, por ello la mueca de Maduro respecto a la dieta que lleva su nombre. Siendo así, no hay dudas que Maduro merece ser revocado y Luigino Bracci perdió una oportunidad histórica de no morisquetear.



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Gustavo Martínez Rubio


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