"Un hombre bueno" y sus "mentiras blancas" (desdén al 1S)

No hay mentiras blancas, todas son negras y sucias, como las que usa el poder fatuo, estéril, a fin de mantenerse. Porque un poder que no tiene un proyecto, sin valores, sin carácter, no convence a nadie, tiene que hacer muchas promesas y mentir para no perecer, y ¡valla que es difícil criar un hombre capaz de hacer promesas! Disimular la realidad, esa es la función de los políticos serviles. El poder, cuando se justifica en un proyecto moral, de justicia, superior, se sostiene diluido en sus valores; sus valores son Su poder y Su autoridad.

El asunto es que, en el fragor de la batalla política se puede mentir, de forma táctica, para conquistar algunas colinas fundamentales. Mentiras "temporales" que no ponen en riesgo los objetivos fundamentales, los principios; tal decisión de mentir se carga y se rectifica en la conciencia. Mentir tácticamente debe incluir el compromiso de develar la farsa en su momento, de reconocerla como una herramienta táctica y excepcional, protegiendo los fundamentos morales por los cuales luchamos con la verdad.

Mentir más allá es negar nuestros propios principios. Sin embargo, en el candelero de la guerra, de las batallas, a veces hay que tomar decisiones éticas muy serias, en caliente, como aquel cuento del Che del perrito degollado. Por una decisión como esta se siente dolor y hasta culpa, pero siempre será excepcional, extrema, y debe ser condenada como práctica de vida y práctica revolucionaria.

Mentir no puede ser una práctica comunista. Eso de mentir está descartado en la conducta del revolucionario comunista: "No mentir jamás": así debe ser.

No obstante, los principios de justicia e igualdad deberían gobernar su conducta. Sancionar a un asesino capturado infraganti, debe ser su responsabilidad ante la sociedad y su fuerza como autoridad moral. Es el caso de los capitalistas traficantes de comida, con los cuales nuestros políticos serviles son condescendiente, no muestran ningún tipo de autoridad, evaden su responsabilidad ante la sociedad, impunemente los dos.

Eso de mentir, como una "táctica" no puede ser recurrente. Una "táctica recurrente" se hace fácil una práctica recurrente. Y mentir es lo propio, o mejor dicho, es connatural con el capitalismo y con el hombre sin valores, tarifable, el burgués y el pequeño burgués, que viven de y en una mentira.

O sea, cuando la esclavitud, o cuando el modelo feudal de propiedad resultaron anticuados, incómodos apareció el capitalismo, el modelo burgués capitalista. Y con él la mentira, como arma comercial inspirándose en las prácticas persuasivas de la Iglesia, reformada y no reformada. Hacer creer a los pobres que su condición es un castigo, y hacer pensar a los pobres con los mismos prejuicios y valores de los ricos como si estos fueran valores naturales. Mentir resultó un arma de dominación menos costosa y más efectiva respecto a las confrontaciones militares...

Una de estas mentiras es, que, en el mundo capitalista burgués todos los miembros de la sociedad pueden ascender o descender socialmente. De este asunto se han gastado todos los temas rosa y no tan rosa de la literatura moderna. Se puede ascender con el favor de la magia, los hechizos, las hadas; con el favor de todo tipo fantasía, y sobre todo del trabajo humillante. La Ley del mercado dejaba una hendidura a la movilidad para los más serviles y fieles a los amos, dispuestos a ser súper humillados al extremo, solo por acceder a un escaloncito superior dentro de la escala social.

Eso no ha cambiado en mucho hasta hoy. Lo que distingue nuestro tiempo de, digamos, el tiempo de las hadas, es que ahora la mentira es un requisito obligatorio, para vivir pequeñoburguesamente correcto y para poder acceder a los estratos sociales supremos.

La mentira y la revolución socialista.

Por eso somos políticos socialistas y hombres de principios comunistas, porque aborrecemos la mentira, porque sabemos que en la mentira yace toda clase de maldad, cobardía, resentimientos; de insania mental y de mala consciencia. En ella nace, crece y se desarrolla el fascismo, el miedo colectivo, los prejuicios, la división de clases sociales, los estratos sociales, los test de inteligencia, el racismo y etcétera...

La mentira obliga a "coquito", el sobrino del "Tío Simón", a vivir avergonzado de su condición de negro; a disimular su dolor y a burlarse de sí mismo, de su color negro (o carrubio, oscuro, el matiz que sea hacia lo negro), de su herencia, de su familia. Si "coquito" fuera revolucionario no hablaría de la raza, que no sea en una discusión política seria, revolucionaria, consciente.

Pero no lo es. Sigue siendo esclavo; tiene mentalidad de esclavo. Gente como él se deja usar en favor de los prejuicios burgueses, porque a blanco aspira "el pobre negro". Otros que he conocido, más cultos, simplemente optan por darle argumentos al fascismo, a los nazis y se disfrazan, con esvásticas y todo, pelando los ojos con odio, como blancos atrapados en sus cuerpos oscuros, pardos. La mentira está al orden del día en cada prejuicio, en cada ser amedrentado, temeroso, sin honra, sin valores, sin proyectos de vida, donde dice Sartre se encuentra la verdadera libertad.

Sartre nos enseña que la libertad es un compromiso, una decisión de vida sobre un proyecto. Muy humano, por supuesto. Lo mismo es para el comunista marxista; una decisión de vida por el socialismo, por la justicia y la igualdad.

Por eso me horroriza el estatus moral del gobierno cuando le es igual hacer negocios con los capitalistas, adulterar el Plan de la Patria original escrito por Chávez, mentir descaradamente sobre esto a los chavistas todavía esperanzados, y hacer del ejercicio político una práctica secreta recurrente, oculta del juicio de las masas.

Diosdado Cabello, que muestra mucha irreverencia, no puede ser irreverente disculpando las contradicciones de Maduro, que no hace un ratico estaba extendiéndole la mano al gobierno del norte y hoy lo maldice y lo acusa. Su irreverencia pasa a ser otra mentira más. Se peca de lo mismo sin probidad.

Nosotros le hemos dado la vuelta al caso de las contradicciones de Maduro y del gobierno para tratar de explicar ese sentimiento de "hombre bueno" con el cual se presentan (por citar tres) el presidente Maduro, el vice Aristóbulo y Jorge Rodríguez. "Hombres buenos", pero ya acostumbrados a mentir. Acostumbrados a no asumir responsabilidades y culpar al otro o a lo otro de sus faltas. "Hombres buenos", pero astutos y solapados a la hora de hacer pactos para defender el poder (el podercito, cada vez con menos pueblo)….

Alguien muy querido por mí me explicaba, que esa alianza con las empresas extranjeras en el Arco se debía a una circunstancia política, una "estratega" para no perder el poder.

Y le respondí "Estrategia, para qué?", "Poder para qué?"….

Esa son las preguntas ¿Cómo se puede hacer una revolución sin cambios, mintiendo? ¿Cómo se puede hacer una revolución socialista sin un proyecto claro socialista, sin una estrategia clara, sin una conducta recta? ¿Cómo se puede hacer una revolución socialista sin jurar como un comunista, sin compromisos?... ¿Dónde hay libertad si compromiso, sin responsabilidad, sin verdad, sin rectificación, sin coraje?...

Sentirse bueno en este mundo es difícil. Se necesita un acto de contrición. Se necesita consciencia y hablar con la verdad para ni siquiera pensar en eso. Además, sentirse o ser bueno no es un atributo, es una condición de vida, o sea, es acción, arrojo. Lo que se siente como bueno es un efecto del ejemplo que transmitimos a los demás, en la práctica de nuestras convicciones; asumir compromisos y asumir sus consecuencias, sean estas malas o buenas. Para sentirse bueno hay que ser un hombre y una mujer dentro de sus principios, de principios que no se traicionan jamás.

Y para que esa maravilla sea posible solo basta con intentarlo todos los días. Cada día un poquito… Que cada mañana nos despertamos pensando en eso y tratemos de ser mejores comunistas y mejores personas, así sea un poquito. Lo importante, en una revolución, ya lo dijo Luis Britto García, es avanzar en los cambios, en cambiar algo, de forma radical, por más nimio que sea ese cambio. Alguien verá la luz, de su estrella, en su conciencia.

En fin, mañana, en este caldo de mentiras, no pasará nada que nos tome por sorpresa, ganará siempre el capitalismo mientras no reconozcamos que somos hijos herederos del capitalismo, y que el enemigo lo llevamos dentro, y es ahí donde debemos comenzar la lucha.

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Héctor Baiz

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