Sin selvas no hay lluvia, ni agua, ni electricidad

Gracias a los pisos vegetales de las selvas y bosques tropicales la lluvia puede ser frenada antes de tocar el suelo, lo que facilita su infiltración para recargar los acuíferos que alimentan nuestros manantiales, quebradas, ríos y lagos el resto del año. Además de aumentar la infiltración de agua al subsuelo, la vegetación selvática reduce la escorrentía, evita la sedimentación de los cauces y reducen los riesgos de aluvión solifluidal en masa o deslaves.

Al infiltrar mas lluvia al subsuelo se recargan los acuíferos, el agua subterránea que fluye para formar manantiales, quebradas, ríos y lagos, además de pozos profundos para suministro de agua a la población y embalses o lagos artificiales para los acueductos de las grandes ciudades y producción hidroeléctrica.

Sin embargo, la mayor importancia de las masas selváticas del país consiste en su interacción con la estabilidad del clima en la reducción del albedo o reflejo de la radiación calorífica del sol, la fijación de carbono como madera y, muy especialmente, su aporte de humedad a la atmósfera, que llevada por el viento permite extender las lluvias como un corredor climático continental.

La mayoría de las lluvias en Venezuela dependen de la convección intertropical de vientos, de lo cual el viento del sur es el que más aporta humedad debido a la evapotranspiración de las selvas de la Amazonia y de los estados Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro; como en el extremo noroeste, las lluvias del sur del lago de Maracaibo y cara norte de los Andes dependen de las selvas en la cordillera de Perijá.

A pesar de esa importancia climática e hidrológica, nuestras selvas han sido víctimas de desforestación e incendios forestales por explotación de madera, ganadería extensiva y agricultura migratoria, explotación minera y hasta para invasión de viviendas; lo que se refleja en cada vez menor humedad y mayor temperatura del viento del sur, que causa menos lluvias en gran parte del país y pudiera agravarse hacia una desertificación, como ocurrió ya en África, donde la desforestación redujo la humedad del aire y ya no llueve en muchos lugares.

Urge crear conciencia sobre la importancia de estas masas selváticas y decretar como Parque Nacional Indígena todas las cuencas altas y medidas de los afluentes del Orinoco en los estados Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro, que sería el área natural protegida más grande del mundo y podrá calificar como medidas para mitigar los cambios climáticos globales, además de asegurar la estabilidad de nuestro clima y del sistema eléctrico del rio Caroní.

Esto implicará reorientar el uso de esos espacios a prácticas silviculturales, usos no maderables, agroecología, ecoturismo, etnobotánica, artesanía, entre otras prácticas que permitan preservar las selvas del sur, para garantizar la lluvia de casi todo el país y el caudal de nuestros ríos. El agua y la electricidad lo valen.



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Edwards Castillo R.

Ecologista, Humanista y Socialista

 edwardscastillo@gmail.com

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