Carta a Aristóbulo por Carta de Jamaica y porque Bolívar no fue un “cogío” a lazo

Como suelo decir y escribir, me aburre el estilo académico. Aparte que no soy nada de eso. Prefiero soñar y darle rienda suelta a la imaginación, que no implica inventar, sino intentar atrapar los hechos por venir “sin instrumentos”, como dicen los aviadores, y mejor guiado por mis instintos, limitados y primitivos recursos. Esto nada tiene que ver con inventivas, mentiras ni negar la verdad de manera premeditada. No es presumir de nada significativo para buscar reconocimientos sino una confesión de querer adivinar pero sin dejar de pegar el oído sobre la madre tierra y escrutar dentro del cúmulo de palabras y acontecimientos. Para más señas, soy vicioso lector de la narrativa porque el manejo suelto del lenguaje, como mariposas que danzan en el aire y enterarme de la vida cotidiana en la urbe o en el campo, es más agradable que esos como engomados discursos políticos e históricos sujetos a la norma. La norma es de por si opresora y un fastidio. Pero las cosas son como son y la imaginación o el compromiso eso no deben evadir.

            Que sepa, Aristóbulo Istúriz, es profesor egresado de la Escuela de Geografía e Historia del Pedagógico de Caracas. Y esa escuela suya, me consta, fue de excelente calidad. Escuché a alguien decir que tiene post-grado en Historia de la Economía Venezolana, disciplina a la que soy como un aficionado; un rudimentario artesano; lo que significa que académicamente no estoy facultado para revisar las planas del vicepresidente, persona de mi respeto y agrado. Pero resulta que fui sorprendido, de verdad lo fui, por una expresión suya, si mal no recuerdo ahora, en un discurso reciente en Haití o un acto relacionado con el tema abolicionista. Dijo el vice que Bolívar inspirado en lo visto en Haití, aquella república de negros o afrodescendientes, para decirlo a la carta, pues este trabajo es sobre una carta, y por insinuación, pedido o compromiso con el Presidente Petión, optó después de salir de aquella isla en la llamada “Expedición de los Cayos”, incorporar a su programa político y social el tema de la abolición de la esclavitud. Es cierto que, poco tiempo después de llegar a Venezuela, en la llamada proclama a los pueblos de Carúpano y Rio Caribe –escribo de memoria que como ya dije es mi usual defecto pero de mi gusto -  en junio de 1816, promulgó el conocido decreto abolicionista.

            Pero decir que esta proclama o decreto, que todavía en el congreso de Angostura pide se cumpla “como si pidiera por mi vida”, resultó de lo dicho por Aristóbulo, que no es tampoco creación suya sino  que antes lo han dicho otros, no es la primera vez que leo y escucho semejante explicación, distinta a la que por los años 1957-58 nos daba nuestra provinciana profesora de Historia, cumanesa como quien esto escribe, Fermina Álvarez y a la que me aferré después de oír, escuchar, leer historias más sensatas, profundas y con mayor soporte.

           Decir lo que dijo Aristóbulo, supone pensar que el fenómeno Boves no dijo nada al “genio de América”. Además, que un asunto tan evidente, notorio que percibió y aprovechó José Antonio Páez para convertirse en el sucesor del aquél, pero al servicio de la independencia, no fue percibido como tal por Bolívar, es suponer a este un eunuco mental.

            Como soy flojo y no me voy a poner a jorungar libros de los tantos que existen, me bastará decir, que en “La Carta de Jamaica”, escrita por Simón de la Trinidad en 1815, un año antes de entrevistarse con Petión y apenas unos 9 meses después de la batalla de Urica, donde se dio muerte a Boves, clama “por la proscripción de la esclavitud”.

           ¿Si Bolívar pudo prever el destino de América antes española ante la avalancha que significaría el crecimiento del norte, aun en una muy temprana etapa del capitalismo, como decir aquello de “Los EEUU parecen destinados por la providencia a plagar América de miseria en nombre de la libertad” y añorar “¡qué bueno que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!”, haciendo alusión al Congreso de Corinto que, convocado por Filipo II al final dio origen a la gran nación Griega y hasta al Imperio Macedónico bajo la conducción de Alejandro, cómo no entender que ya para el 1815, cuando escribió la Carta de Jamaica, sabía bien lo relacionado con la masa esclava que ya, de paso, se incorporaba masivamente a la independencia bajo las banderas del “taita” Páez? ¿Cómo es posible creer que un hombre que, oteando en el horizonte, “pensando por encima de los siglos y mirando a lo largo de continentes”, como dijese Rafael Correa, propusiese lo que ahora mismo es una consigna viva y objetivo por alcanzar, no pudiera haber entendido en 1815, después de los hechos de los años 13 y 14, una falla tan evidente en la estrategia clasista del movimiento emancipador? Sería descalificar al Bolívar que, ya en el año 1812, entendió que el destino de Venezuela estaba ligado al de “América antes española” toda.

            Es decir, si bien es verdad que en el “Manifiesto de Cartagena” Bolívar no hace alusión al fenómeno esclavista, asunto que nada debe extrañar, si lo hace en la Carta de Jamaica. Es decir, cuando se entrevista con Petión, ya tiene posición tomada sobre el asunto; sólo que las discrepancias internas en el universo patriota donde se movía, fuera del país, le habían hecho difícil ser más persistentes en plantear un asunto que acá en Venezuela, desaparecido Boves, había tomado cuerpo de manera tal que los negros empezaban de manera abundante no sólo a abrazar las armas de la república sino que asumían posiciones de primera línea. Aquel espacio donde se movía, rodeado de patriotas díscolos, divididos por pequeñeces, por el mando mismo, no era el espacio apropiado para plantear problema tan conflictivo.

          Porque el asunto no era tan sencillo tampoco a lo interior de Venezuela como lo fue en Haití, donde por el peso cuantitativo de la población de ascendencia africana se constituyó una república de negros inspirada en los hechos de la Revolución Francesa, en los cuales muchos haitianos tuvieron participación hasta destacada. No olvidemos la historia de Piar, cuyas imprudencias en el manejo del problema de la esclavitud lo condujo a un lamentable destino; tanto que pese sus glorias, todavía en Venezuela, aparte de llevarle al Panteón Nacional, reconocimiento más que merecido, ni siquiera el oficialismo de ahora se acuerda de resaltarlo como se merece. La toma de Guayana por sí sola, sin contar su historial de guerrero casi imbatible, le hacen digno de los más altos reconocimientos. Pero todavía se le cobra, como por un efecto subliminal, para no llamarlo clasista, haber sido fusilado, con la anuencia de Bolívar, justamente para aplacar los odios y reclamos de los partidarios del esclavismo que, todavía para 1817, son fuerza predominante en el ejército patriota.  Por esto, Bolívar, como ya dijimos en el discurso del Congreso de Angostura ruega por la libertad de los esclavos “como rogaría por mi vida”. Pocos meses después, Fernando Peñalver, un tribuno oriental, vocero importante del conservadurismo esclavista en el movimiento patriota, sigue planteando, en efectos oficiales del nuevo Estado, a nombre de los suyos, la conveniencia de mantener la esclavitud “porque es la base de la producción o la fuerza que trabaja”. Pese que en todo el ejército patriota ya abundan altos oficiales negros y la negritud heroica se confunde entre los catires de las invencibles fuerzas de caballería de José Antonio Paéz.

        Pensar que Bolívar en su paso por Haití obtuvo un significativo aprendizaje de aquella primera república de negros y en su conversar con Petión afianzó más su convicción sobre el problema esclavista, es valedero. Pero no lo es, desconocer la influencia y marca dejadas en Bolívar lo que ha venido sucediendo en Venezuela desde los alzamientos de José Leonardo y Gual y España. Como tampoco pertinente desconocer lo dicho en la Carta de Jamaica, y la experiencia dejada por los hechos posteriores al “terrible año trece”, el fenómeno Boves, la aparición de la negritud en lucha a favor de los patriotas bajo las banderas de Páez. Como parece iluso imaginar que Bolívar, pese su enorme talento, su insaciable capacidad para informarse, de análisis y tendencia a ubicarse en favor de los vientos de la historia, no había ponderado aquellos hechos al llegar a Haití en 1816.

            Creo, que para ayudar a comprender este problema y quizás las inhibiciones de mucha gente, conviene recordar que la abolición de la esclavitud, un decreto como obligado por un aparato productivo agotado, tanto que al esclavista era más negocio liberar que mantener la esclavitud, se produce en 1854, veinticuatro años después de muerto El Libertador. Eso da una idea del peso del esclavismo aun dentro del movimiento emancipador y es un indicio más que todas esas luchas estaban ligadas al proceso de integración que hubiese ayudado a romper todas las relaciones injusta en la América nuestra de entonces.

            Vale pensar que, sabiendo de las contradicciones entre el ejército patriota, Bolívar estuviese para comienzos de 1816, tratando de visualizar el momento oportuno para manifestarse a favor de aquella medida, pero de allí a creer que, sólo la concibió porque se lo aconsejase o pidiese Petión, siempre me ha parecido una versión insostenible y hasta como infantil.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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