Amarrar la lealtad a un carnet: más adeco imposible

Continuando con el cuento de la honestidad que se pelea con la mediocridad –o la voluntad de ser mediocres, porque todos tenemos una buena parte de mediocres- ahora la realidad pugna con los deseos de nuestros dirigentes para imponerse sobre sobre las fidelidades del chavismo. Seguimos hablando de lo mismo. La lógica de los desees, de lo que debería ser quiere imponerse a la realidad.

Pero lo más peligroso es, que si la realidad vence (que está en su naturaleza vencer) y este equipo de dirigente no la acepta y comienza a buscar de nuevo excusas para otro posible fracaso, será el triunfo definitivo de la mediocridad, de la intolerancia, de la soberbia, de la peste emocional, del fascismo.

¿Qué tipo de fidelidad le garantiza un carnet al gobierno? Una fidelidad nominal, degradada o aniquilada por un pedazo de papel ¿Seguro que los que tengan el carnet van a defender la revolución con su vida? ¿Seguro que van a votar en las próximas elecciones? ¿Segura que no se lo van a exigir, a la hora de buscar trabajo, o simplemente, que quienes lo tengan no lo van a mostrar para buscar trabajo o favores? ¿Seguro que el que lo tenga no lleva en el bolsillo una licencia de chavista, un certificado de chavista? También el carnet de acción democrática fue útil en su oportunidad, abría cualquier puerta, en todos los sentidos.

De nuevo los dirigentes en el gobierno y dentro del PSUV quieren atar la realidad a los deseos. Ese ejercicio nos puede llevar a la locura del fascismo fácilmente. Se trata de una desesperación por querer conciliar el producto nefasto de políticas contradictorias y erradas con el afecto popular, mediante un compromiso. Hacer que él el pueblo chavista entienda y ame el disparate. Que esa sea la norma ver lo blanco en lo negro, ver lo bueno en lo malo, el socialismo en el capitalismo, la conservación de recursos naturales en la devastación, inteligencia en el regreso al país de Gold Reserve.

La carnetización de los "fieles" a la revolución traerá, porque siempre la realidad se impone, más infidelidad, más traición, más bien la estimulará. Porque la realidad nos dice que a un pueblo desmoralizado no lo cambia un carnet… ¡Señores líderes de esta revolución de cartón y grandilocuencias!, ¡salgan a la calle!, disfrazados; escuchen lo que opina y piensan los de "a pié", chavistas o no; observen las colas; mézclense con los comerciantes y vean lo que hacen y escuchen lo que dicen; graben a Pérez Abad y divulguen sus conversaciones privadas en vez de estar persiguiendo fascistas en Miami; dense una oportunidad con la realidad, mírense hablando, quédense en las mañana una rato más frente al espejo.

Líderes máximos de la revolución, no hay un solo deseo que se cumpla o se cambie sin conocer un mínimo de la realidad. Y sin la pretensión de buscar la conciliación de lo que no se puede conciliar, deberían humildemente cambiar de deseos. ¡Rectifiquen hacia la lógica del socialismo!, la de la revolución, la cual es "dialéctica" (¿se acuerdan de eso los filósofos del PSUV?) es decir, dinámica, deviene siempre con la realidad, que así como cambia la realidad la lógica de la revolución nos obliga a movernos sobre sus espaldas.

Insistir en valorar por encima de la realidad lo que se está haciendo, ignorarla por un acto de soberbia, esto va acabar con el chavismo, o el amor que siente el pueblo chavista por la revolución. Pero, lo peor es que va ir engendrando dentro del partido y en el país un pueblo de aprovechadores, de pícaros, capaces de mentir sin que se les mueva un solo músculo de la cara. Por favor, rectifiquen.

Si el gobierno se muestre en público ignorante de cuánto cuesta un café en la calle, los mismos chavistas de a pié carnetizados comenzaran a sospechar que de verdad están tutelando a este país desde la Luna.



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Héctor Baiz

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