La tragedia de Chávez y la farsa del PSUV

En el año 1977 yo militaba todavía en el MAS. Tenía 19 años. Salí de mi militancia en "la estudiantil", luego de la juventud, hasta llegar a la universidad. Ese año, mi último año de militancia fue en la UCV.

Bien, fui delegado por mi escuela para un congreso de la militancia en la UCV, por primera vez. Como siempre, me tocó defender el lado opuesto a la Dirección Nacional, comandada por Teodoro Petkof y Freddy Muñoz. Íbamos con propuestas para renovar la democracia interna. El acto lo presidió el secretario general del partido Freddy Muñoz. Y comenzó su discurso…

Hasta hoy no tengo la más mínima idea de cómo terminó ese congreso. El señor Freddy Muñoz comenzó a hablar y hablar y hablar necedades, ganando tiempo para que no se dieran los debates, para que no se escucharan las propuestas, para sabotear el congreso a fin de que todo siguiera como estaba.

Dejé la militancia, decepcionado de esa basura anti política que llegó a ser el MAS, despreciando la figura de Freddy Muñoz como el perfecto hipócrita manipulador, y a toda esa dirección (salvando las excepciones, siempre dignas y que siempre fueron minoría).

Es lamentable hablar así de alguien que tenía una gran reputación como militante aguerrido cultivada en otras épocas. La verdad que ahora no sé cuánta verdad hay ahí de eso. Queda solo ¡Que hablen los que lo conocieron bien! y digan algo a su favor. De lo que hubo en su contra, de eso, yo mismo fui y he sido testigo hasta su muerte.

La verdad que no conozco los debates críticos y fuertes en otras organizaciones socialistas (a excepción de los propios en la juventud del MAS y en el mismo partido de Miranda). Esa fue mi única militancia partidista (que creí era socialista), junto a una breve pasantía a mis 16 años por grupos más radicales, llamados entonces ultrosos (como Ruptura, Bandera Roja, Liga Socialista etc.).

Tengo hoy amigos, muchos amigos, del PRV - RUPTURA, de cuando fuimos estudiantes en bachillerato. Pero nunca quise volver a militar, después de esa experiencia adeca y adequizante del partido, de ese partidito. Hasta hoy no he participado en un grupo así, sin haber perdido mis inclinaciones políticas, mis preferencias políticas, el impulso a la militancia por las ideas; al punto de estudiar, a pesar de todo eso, con más disciplina, con cierto método a Marx, a Lenin, a Trotsky, y de estudiar todo lo que me ha sido necesario para sostenerme despierto.

No me quejo de la militancia; fue útil. Pero sí me quejo de la decadencia en los métodos y en el espíritu de aquel militante en el MAS: cuando este militante llega a un punto en el cual nada tiene que ver con ideales; cuando se hace un oportunista, un ladrón, un manipulador, un mentiroso –y todos los derivados que les correspondan-. Y me quejo porque hasta hoy yo no soy ni he sido nada de eso. O, mejor dicho, hasta hoy, por lo menos, sé que debo luchar cada día contra toda esa lacra de la ignorancia, de la falta de conciencia en mí mismo. Y vaya que ha pasado el tiempo, uno viviendo con esa lucha.

El síndrome MAS en el PSUV

Hoy revivimos el síndrome Freddy Muñoz en el PSUV. Si fuera militante activo del PSUV, hoy estaría tildado de traidor. No porque muchos que me conocen no lo crean ahora, sino que estaría estigmatizado como traidor en mi calle, en mi comunidad, en mi trabajo, por una militancia estridente, floja, inculta, pícara; que solo hace masa en muchas de las movilizaciones del partido. Lamentablemente, fuera del partido hay gente más racional, más "honesta", más crítica, y veremos por qué.

Cierto que para militar hay que ser valiente, creer y defender sus convicciones, pero cuando se ha concentrado el poder un unos pocos convencidos, parece que sus maneras, sus mañas y manipulaciones amedrentan hasta el más inteligente y fuerte militante que disienta. Este se caga y deja de resistir.

Y al perder la crítica y la resistencia dentro del Partido todo es casi que terrorismo. Sin conciencia revolucionaria, socialista, solidaria, de respeto, el partido es un aparato de control con tendencias al fascismo; una universidad del oportunismo, de la hipocresía, de la adulación, para que se desarrolle un instinto de poder sin probidad.

Eso es el partido sin críticos y sin espacios para la crítica. Qué si hasta ahora no se ha visto ninguna persecución por tener posiciones críticas a la dirección del Partido y al gobierno, no quiere decir que en la calle, si te conocen, no te ataquen; no quiere decir que esa carencia, que esa debilidad moral no vaya a amalgamarse con toda especie de tirano, esté o no dentro del partido.

Si no hay ideología, conciencia política clara, si no hay socialistas convencidos, lo que queda es una masa de oportunistas y cobardes; gente disciplinada a la nada, al poder y nada más; manipulable, sin ideas y sin ideales, sometidas al juicio de las "autoridades". Cuando las palabras del que más mea, del jefe, es la medida de la verdad, cuando ese es el valor de la realidad, lo demás es miedo, oportunismo, adulación, engaño, es mentira. Sin crítica, sin discusión real, sin debates de ideas, no puede haber revolución nunca. Menos puede haber democracia socialista, disciplina socialista, lealtad socialista.

Terminado el tiempo de la tragedia, en la calle, con muertos, con héroes y heroísmos, hoy vivimos el momento de la farsa, lleno de palabras y más palabras, de discursos vacuos, de mentiras repetidas cien veces.

Chávez es la historia hecha como tragedia. Este gobierno es la historia que se repite ahora como farsa.



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Héctor Baiz

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