Mi desgraciada duda sobre Américo De Grazia

Debo advertir, sin ningún dejo de ironía, ¡por mi madre!, como solíamos decir los muchachos de mi tiempo, expresión que servía para que los oyentes le diesen a uno toda credibilidad, que antes de lo recientemente denunciado, el horrible como genocidio de Tumeremo, nunca había escuchado mencionar el nombre del diputado autor de la denuncia. Desconozco en lo sustancial de quién se trata y menos de las intenciones de lo que dijo; lo contrario sería caer en la bajeza de juzgarlo por razones de índole política. En principio, porque nobleza obliga, debo reconocer el valor de su comportamiento en cuanto a lo sucedido muy pocos días atrás en Tumeremo.

El hecho que un denunciante sea opositor al gobierno o partidario de este, no es motivo suficiente para que una denuncia suya y de esa naturaleza se menosprecie y hasta se intente descalificar u ocultar. La conducta inicial, inmediatista de algunos funcionarios de no darle valor y hasta negarla apriori fue del todo negativa. Quienes asociaron al diputado y sus supuestos fines a la denuncia para restarle valor, incurrieron en error. No hay duda. Y eso es peligroso, porque los delincuentes de toda ley se valen de las discrepancias entre los poderes para pasar impunemente. Como aquellos carajitos que aprovechan o manipulan el mal manejo de las diferencias entre sus padres para hacer rubieras.

Si es malo que se ignore, descalifique, lo que uno denuncie, cosas cotidianas, de la política y economía, ajenas a la criminalidad y la bajeza, como siempre hacemos, es peor si se actúa de la misma forma ante cosas de la gravedad de lo acontecido en Tumeremo. Hasta a la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, entrevistada por Vladimir Villegas, le parecieron cargadas de ligereza, las primeras reacciones de ciertas autoridades, por la mala calificación que tienen de la fuente de la denuncia.

Pero el diputado De Grazia, también debería tomar en cuenta estas consideraciones para los efectos de juzgar adecuadamente a los delincuentes, sin importar de qué lado estén o finjan estar. Ladrón es ladrón aunque sea del Psuv, vista de camisa roja; de la MUD, de amarillo, blanco, verde o algún otro partido, sin importar si es compañero de uno. Terrorista lo es en las mismas condiciones. Esto tiene un gran valor a la hora de evaluar cualquier conducta y considerar un proyecto de Ley de Amnistía. Por ejemplo, Posada Carriles, quien no tiene empacho en confesar el horroroso crimen que envolvió la voladura del avión cubano, es terrorista aunque lo amparen los gringos. Estos se exhiben con doble cara.

Del mismo modo, nadie decente debe de antemano declarar inocente o cubrir con manto de impunidad a un acaparador, contrabandista, especulador, estafador de las divisas nacionales o terrorista, porque está o finge estar en su bando político. Lo que es lo mismo, nadie es culpable de cuanta indecencia se diga contra él, sólo porque está en bando contrario al mío.

Los indecentes están valiéndose de la polarización hasta para denigrar, apostrofar, robar e inventar indecencias como instrumentos valederos de la política.

Los delincuentes se están amparando en la impunidad que otorga la polarización política venezolana. Así como algunas autoridades, entre ellas el gobernador de Bolívar, en principio trataron con cierta ligereza la denuncia por la opinión que tienen del denunciante, la oposición también descalifica denuncias procedentes del gobierno; todos ellos actúan acordes con aquel viejo y primitivo principio de que "al enemigo ni agua". No puede haber ladrón, asesino, terrorista, estafador, bueno porque es de los nuestros.

Es elemental que, muchos empresarios, aparte del peso de su bolsillo, se valen de esa rencilla a todo trance, para encubrir sus malos procederes y agresiones a la gente toda, empezando por los más humildes. El gobierno mismo de los Estados Unidos alienta esa rencilla, trampa cazabobos, que no permite que gobierno y oposición, venezolanos todos, no hallen absolutamente nada en que ponerse de acuerdo. Ni siquiera en un programa para contrarrestar los efectos del niño que amenaza por igual a todos.

A quien esto escribe, no le cabe en la cabeza que la oposición acepte con naturalidad y hasta aplauda las amenazas del Pentágono, que lo son más que de Obama, contra Venezuela, sabiendo todo el riesgo que eso significa a esta altura de la historia de la humanidad y las apetencias de la gran economía estadounidense y las demás organizadas en torno a la OTAN, por nuestros recursos naturales. Seré más preciso, no entiendo como factores de la MUD, entre ellos gente con un historial que los identifica como viejos luchadores contra el imperialismo y anticolonialismo hoy, por discrepar de quienes gobiernan, hagan causa común con sus enemigos históricos.

Como tampoco entiendo, que en la AN nadie del oficialismo hable el lenguaje que usó Aristóbulo en su comparecencia ante ese Poder del Estado; en cuanto a la necesidad de gestionar porque en algo se pudiera llegar a acuerdos. Como dijo alguien de mucha autoridad para mí, llegó la hora de hacer política en el Poder Legislativo y también más allá. Aunque uno note que la oposición, justamente por sus propias contradicciones internas, parezca una pared o muro que, como tal, es ciego y sordo.

Por esta como malcriadez o actitud de llevar la contrario en todo, conducta como inmadura, que practican oficialistas y opositores, el diputado De Grazia, en el programa de Vladimir Villegas, dijo algo que pareciera ser de ese carácter; decir algo "sólo por joder", como decimos en nuestro lenguaje coloquial o solo por molestar al adversario. Pero, quizás pienso yo, de la mejor buena fe, no se percató del error garrafal que cometió, que pudiera servir para que se le investigue por lo menos por negligencia.

Le dijo a Villegas que lo entrevistaba, para fundamentar sus acusaciones de ineficiencia, impunidad o dejadez contra el gobierno, que tiempo atrás recibió llamada de una señora para denunciarle unos graves delitos que se cometían en la zona minera. Dijo de Grazia, palabras más o menos, eso está en la grabación del programa, que habiéndole preguntado a la señora por su nombre, con la intención de darle valor a la denuncia, esta se negó a suministrárselo pero le dijo, según él mismo, "soy la cocinera" de yo no sé qué cosa. En apariencia, pues no entendí la palabra que mencionó el diputado, se refirió al nombre de un organismo, institución, oficina o alguna cosa que fácilmente se puede determinar. Digo esto porque el diputado De Grazia usó el término como algo que le es conocido. Por esa información que sólo es incompleta, según él mismo, desestimó la denuncia.

El diputado De Grazia informó en ese programa de Villegas, que pocos días después se enteró por la prensa que una señora cocinera de……, volvió a usar la misma palabra, había sido asesinada.

¿Habiéndole dicho aquella, la palabra, el dato en cuestión, era necesario, indispensable le diese su nombre para que el diputado atendiese la denuncia y luego él advirtiese a quien eso corresponde? ¿Costaba algo averiguar, dado el caso, cómo se llamaba la cocinera de ese ente?

Si lo que De Grazia contó es verdad, cometió un garrafal error y un acto de dejadez e irresponsabilidad, pues con el dato, relativo a "la cocinera de", nombre al parecer de mucho sentido para él, tenía más que suficientes elementos para hacer una denuncia aunque fuese de manera privada, discreta, a quien esas cosas competen, que pudiese haberle salvado la vida a su informante, nada anónima. Aún más, eso le hubiese permitido, después hacer la denuncia respectiva, habiendo sido asesinada la señora, para darle verdadero fundamento a sus acusaciones sobre la incompetencia, dejadez del gobierno o complicidad de algunos funcionarios.

Esta conducta, confesada por el propio participante, con rango de diputado, contribuye a que sus informaciones pudieran parecer dudosas, sobre todos a aquellos a quienes el diputado De Grazia, no les cae en gracia.

Pero prefiero, pese a lo dicho por él mismo, pensar que se inventó ese cuento para descalificar al gobierno y, como uno es muy observador, le agarramos la caída.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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