El discurso político del gobierno (I), el caso del "motor minero"

Hay que comenzar a rescatar el discurso revolucionario. Debemos volver a Chávez.

No existe mejor referencia para un discurso revolucionario que la de ese hacedor de lenguaje, de ese creador de conceptos y valores pensados desde los cambios revolucionarios. Chávez tuvo la inteligencia de traducir en un lenguaje bolivariano y socialista a la vez, el propio, el de sus cambios y los cambios. Un lenguaje en un discurso vivo, eso que llaman algunos "fresco", que no es otra cosa que hablar con a la verdad.

Pero luego de su muerte, el discurso político se muestra tan flexible como calculado, que sirve para sugerir todo y nada a la vez. No aclara, sino oscurece.

Los acuerdo mineros

Con los acuerdos mineros el discurso del gobierno ha sido evasivo. Se ha hablado en un lenguaje tan vago como el usado para describir la "emergencia económica" o la "guerra económica". Este tema es tratado con sumo cuidado para no decir nada, igual como la han hecho con el resto del tema económico: se ha hablado de "cambio de modelo económico", de "elevar las fuerzas productivas" sin hablar de socialismo, de producir y trabajar sin decir cómo es eso en socialismo, -¿Para quién se trabaja? ¿Para la sociedad o para los capitalistas?-. Y ahora se está hablando de aprovechar nuestras reservas minerales sin explicar qué tiene de socialista ampliar el "modelo rentista" –ese mismo que se quiere cambiar- al de la explotación minera. O simplemente, se quiere mostrar, con un discurso súper optimista, las ventajas de explotar nuestras reservas mineras sin presentar la otra cara de la moneda, la de cuáles serían los riesgos que eso supone.

En los contratos y acuerdos comerciales internacionales el lenguaje cobra un rigor casi médico. Sobre todo en los compromisos a futuro, porque son sellados entre las partes sobre un documento de compromiso de honor. ¡Todo está hecho a la medida!

Yo estoy seguro que antes de acordar explotar nuestras reservas naturales Chávez lo hubiera consultado antes con especialistas, con Fidel, con socialistas, y de cara a su gente, no a espaldas. De cara, de frente, porque, al final, en todo caso es la gente la que debe refrendar cualquier compromiso que ponga en riesgo nuestro futuro. No en vano incluyó el referéndum en la constitución como un mecanismo de consulta nacional. Porque un referéndum no sirve nada más para sacar al presidente...

El caso de Berta Cáceres en Honduras

"Berta Isabel Zúñiga Cáceres, la segunda de cuatro hijos de la luchadora indígena Berta Cáceres, responsabiliza del homicidio de su madre "a la empresa DESA, constructora de la represa hidroeléctrica Agua Zarca, en la comunidad de Río Blanco, que en reiteradas oportunidades la amenazaron indirecta o directamente, y que habían pagado a sicarios en varias oportunidades para asesinarla". También "al gobierno de Honduras, ya que en el año 2010 dieron una cantidad exuberante de concesiones hidroeléctricas y para la explotación minera, que afectan a todas las comunidades"

Hace poco asesinaron a la dirigente Berta Cáceres. Dice la noticia en Aporrea, "Junto a la comunidad lenca,… emprendió una lucha en defensa de su territorio, que constantemente ha estado amenazado por proyectos mineros hidroeléctricos, y en defensa de los recursos naturales hondureños". En uno de los últimos acuerdos o concesiones hechas por el gobierno de Honduras, hubo una que afectaría mortalmente a la comunidad lenca de Rio Blanco, a muchos campesinos y pueblos originarios, por la construcción de una represa hidroeléctrica la cual fue acordada con el gobierno de China. Sin embargo China tuvo que abandonarlo a consecuencia de las luchas y denuncias. China, inteligentemente se retiró del proyecto de construcción de la represa, pensando en su reputación y en sus intereses "a futuro".

Ahora el presidente tiene ante sus propias narices la muerte de Berta Cáceres. Debe tener claro lo que es capaz de hacer el capitalismo con la vida de la gente que se le atraviesa en el camino. De cuáles son los métodos para defender los negocios importantes, similares o peores a los que se les ofrece en el Motor Minero.

Pero el discurso del gobierno no da cabida a reflexiones distractoras, sigue siendo oscuro. ¿Por qué no se habla del asunto de Honduras? Haciendo referencia al crimen de Berta Cáceres y relacionándolo (o diferenciándolo) con lo que podría pasar con nuestros capitalistas convidados. Que la reciente muerte de una mujer que se opuso a los intereses de una empresa depredadora y a un gobierno cómplice, nada o todo podría tener con nosotros. Mario Silva, como siempre, no le da mucha importancia al asunto. El cree que los mineros capitalistas van a respetar las reglas y usar tecnologías ambientalistas, que más bien van arreglar las cosas. Todavía hoy (hoy es Martes 8) Héctor Rodríguez escribe en Últimas Noticias que este es un modelo que resguarda los "recursos con los que hemos sido beneficiados como país, para asegurar un futuro productivo". Nunca había leído, por escrito, una opinión tan disociada y tan mal pensada respecto de las otras que podemos conseguir en los discursos oficiales hablando del mismo tema. Pareciera que en el gobierno y en el partido cada uno anda de su cuenta declarando cualquier cosa.

Siguiendo esta lógica, si yo fuera el gobierno de China, lo pensaría dos veces antes de firmar un contrato con Venezuela (aunque ya está pensando en participar en 8 de los 14 Motores). Sobre todo cuando un gobierno como el nuestro está entregando, de espaldas al pueblo, al pueblo indígena que es el más afectado, y de espalda al país y al planeta, sus reservas naturales a cambio de dinero.

Pensarían los chinos que no hay mucha garantía de que se cumpla un compromiso tan raquítico, tan poco firme, cuando no cuenta automáticamente con el respaldo consciente de la población. Porque, teniendo un poco de escrúpulos, no debería ser legítimo que un grupo de tecnócratas negocie con privados o con otras naciones lo que nos pertenece a tantos. Estos acuerdos o proyectos lo refrendan solamente ellos, el llamado "alto gobierno". Mientras la mayoría del país no se ha enterado aún de qué se trata el asunto de explotar de forma industrial grandes reservas de minerales valiosos.

¿Por qué de espaldas al pueblo?

Porque no basta con transmitir en "cadena nacional" un acto oficial. Donde solo se pudo ver la firma de los acuerdos con las empresas, la presencia de embajadores, de ministros y de los aduladores de rigor y de oficio. Y un admirable video de presentación de lo mejor de nuestra naturaleza, en una especie de publicidad inversa: "Miren, señores capitalistas, todo lo que pueden devastar, todo lo que pueden contaminar, talar, controlar, gobernar con su furia"…

Y es que la obligación de un gobierno revolucionario es la de explicar primero los riesgos que las fantásticas ventajas capitalistas de estos acuerdos de explotación. O, mejor dicho: es que la obligación de un gobierno revolucionario debería ser, ni siquiera pensar en vivir de la explotación de la naturaleza, por más necesidades de "consumismo" y locura consumista haya en el país. Son ridículas las ventajas efímeras y en "contante y sonante" de obtener muchos dólares frente a los peligros que suponen para la sociedad y el ambiente (o para el ambiente y la sociedad.

El gobierne debe EXPLICAR esto para ver si se puede evitar.

El discurso político del gobierno es la inercia.

Por una parte pareciera que las cosas avanzan; en el discurso, avanzan. Pero por otra, en la cotidianidad de nuestras vidas hay una inercia total.

Solo se ha hablado hasta ahora de elevar las "fuerza productivas", y mucho bla bla bla parecido, como si se aprovecharan de las mentes atontadas por la práctica del populismo de la repartidera, espasmódica, más publicitada que real, y la de un discurso populista vulgar. Se habla de ganar mucho más con la minería que con el petróleo, al mismo tiempo se le reparte pan a los menesterosos, como en una rebatiña ¡Agarre ahí quién pueda! Todos ignorantes de nuestros destinos.

Se repite a cada rato que hay que superar el modelo rentista, pero no se explica qué es, en qué consiste ese modelo, si sólo se puede ser un "país rentista" del petróleo y no "rentista" de la minería. Solo se dan órdenes, promesas y cifras de miles de millones. Y nadie se conmueve. Y nadie se mueve de la cola. Nunca se escucha una explicación clara, no se dan razones que justifiquen las negociaciones que se hacen con nuestros recursos naturales o que justifiquen el porqué de hacer negocios con los capitalistas.

No se habla de costos, de riesgos, de desventajas. Mientras, las colas mantienen a la población distraída de todo lo importante, de todo lo trascendente; funcionando casi que de manera instintiva, acostumbrándonos solo al consumo, a intercambiar productos frente a los supermercados o venderlos en la calle o en los lugares de trabajo. Amañándonos a la vida de la necesidad, a la mala educación, a ignorar todo lo que no sea de provecho personal. Pareciera que así lo prefiere el gobierno (¿Será que piensa caer… y junto a él cargar con el futuro de todos (incluyendo el productivo)?)

Es así que una buena explicación le daría alternativas a la gente que nos sentimos o nos vemos afectados por este tipo de decisiones. Y una de ellas es, la de decidir, para impedir o revertir un compromiso pactado con "nuestro futuro", el de todos, el cual fue autorizado por unos ingenuos o unos "pícaros" de espaldas a todos.

Pero para algunos es preferible que sigamos atontados en nuestras colas, sin pensar mucho.



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Héctor Baíz

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