Alquimia Política

El discurso esperado

Se dio el Discurso del Presidente Nicolás Maduro, con aristas importantes en lo que ha sido una política económica accidentada y con obstáculos políticos enormes. El Gobierno nacional ha convocado a una serie de personas que a su criterio impulsaran la nueva economía socio-productiva del país. El problema de lo que sucede hoy por hoy es más de cómo se ve la política a cómo se "vive la política". Si nos centramos en cómo se ve la política, apreciaremos, desde el ala opositora, que se está en una profunda crisis económica y social; si nos colocamos en el ala oficialista, apreciamos que el Gobierno está combatiendo las políticas neoliberales y busca imponer su modelo económico contra todas las dificultades, no niega la crisis, pero la ve transitoria, con posibilidades de avanzada.

En otro aspecto, de cómo se "vive la política", se tiene que un sector privilegiado está siendo convocado a reorientar la economía, aspecto que no dudamos que tenga sus aciertos, pero se está descuidando un recurso humano calificado que al no ser parte del "grupismo", ha sido, desde las filas de la revolución, excluido y banalizado. Hoy quienes cuestionamos aspectos como la corrupción y la improvisación, en las políticas públicas, como lo fue en el pasado, somos relegados a un plano de indiferencia y sutil aislamiento. Así, no podemos creernos parte de una política de Gobierno, menos aún, como expresa el Vice-Presidente Aristóbulo Izturiz, parte de una "revolución". Hay malestar en los cuadros profesionales y técnicos de la revolución (a pesar de que cada quien sigue haciendo lo propio, colocando al servicio del país su profesionalismo), porque una oportunidad como esta en la que la Patria necesita de todas las voluntades para mejorar el modelo económico y hacerlo realmente productivo en lo económico y social, se ha actuado con mezquindad y sectarismo, lo que hace pensar que las tres "R" al cuadrado, se ha disuelto en las buenas intenciones de un Presidente convencido de su papel histórico pero aún rodeado de condicionantes que impiden ver más allá del bosque.

A todas estas, y lo he escrito con suficiente ahínco y fundamento, me siento involucrado con el proceso revolucionario no con los cuadros políticos que tienden a presentarse más "chavistas que Chávez", porque esos cuadros han minimizado la capacidad crítica de los revolucionarios que no somos desde el 4 de febrero de 1992, sino mucho antes. Pero a pesar de esta dura etapa en que vive la revolución bolivariana, aún hay pensadores e ideólogos convencidos de que hay posibilidades inmensas de mantener el Poder y la confianza del pueblo. Ser revolucionario no es "juntarse con los adecuados" para ser candidato y ganar en una fórmula de partido que lo lleve a uno a ganar elecciones como efecto de una "ola" de liderazgo ajeno; ser revolucionario es tener liderazgo y capacidad de "desdoblarse" ante las adversidades y ganarse el camino polvo a polvo, tramo a tramo. Los pocos diputados que logramos hacer llegar, lo hicieron con el efecto "ola" y no por liderazgos propios o consolidados, eso debe llamarnos a la reflexión.

En tiempos del Comandante Chávez, entre el 2000 y el 2003, estuve convencido de que la revolución como la concebí desde los textos clásicos de Marx y Engels, y de la experiencia de la Cuba revolucionaria, no tenía nada que buscar en un Estado invadido por el sectarismo y la politiquería. Las acciones de Chávez de reivindicación de la soberanía nacional, de re-independencia institucional y moral, me hizo entran de nuevo en el proceso revolucionario, eso nunca lo he negado; como tampoco niego que trabajé para sectores de la oposición en aquel entonces y recibí golpes, trampas y ataques desmedidos a mi dignidad humana (hay una Carta de renuncia a los afectos y lealtades que había ofrecido a grupos de oposición en mi localidad). Por ello, creo conocer de esencia el sentido humano de cada bando, me preocupa que la revolución bolivariana, en su estatus de Gobierno, coquetee con vicios de la democracia representativa y mantenga cuadros tóxicos que impiden abiertamente reconquistar los espacios perdidos circunstancialmente.

¿Qué Discurso se esperaba en pasado 15 de enero? Un Discurso de consolidación del proceso revolucionario. Las palabras del nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, fueron las más destacadas en centimetraje en la opinión pública, respondió a una estrategia clara: seguir presentando a la revolución como un fracaso. Y lejos de opacar los logros de la revolución lo que hizo fue motivar a mirarnos hacia adentro y comenzar a revisar, a lo profundo, en qué estamos fallando. Si el esfuerzo en esa actitud de auto-evaluación es sincero, sin duda arrojó esta premisa: "nos estamos pareciendo a nuestros adversarios". Las palabras del Presidente de la Asamblea Nacional, si las vemos desde el ojo crítico de nuestra realidad, fueron sinceras, porque lo que piensa el más humilde de los militantes de la revolución bolivariana, es que se le está excluyendo y en su lugar están dándole cabida a un grupo élite que asegura ser de línea dura pero que en realidad están volviendo a las viejas consejas de la democracia representativa.

El Discurso que yo esperaba era ese Discurso que me convocara a participar en el reimpulso a la economía nacional; el Discurso que me dieron fue un papel de trabajo de buenas intenciones hechas a medias y de un modelo de país que no se adapta al contexto dinámico de la economía mundial. Hace falta entender que el diálogo nace de la negociación en igualdad y no en el abuso altisonante de quien tenga mayoría de poderes. Confrontar la Asamblea Nacional desde los otros poderes no es una estrategia política adecuada, se ve viciada y se ve viciado todas las actuaciones de esos otros poderes en los casos propios de su atención. Del abuso no se llega a los acuerdos, por eso me pareció galante e inteligente escuchar a la Asamblea Nacional en sus contradicciones con nuestro modelo económico y con nuestra concepción humanista de la economía y la política, porque eso es sano, democrático y sobre todo justo para los electores. Tenemos que andar con cuidado y no volver a los vicios de una democracia representativa que fácilmente la destruyó un pueblo; y ese pueblo puede, hoy día, hacer lo mismo con nosotros.

 

 



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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