Después de 6D hay que sustituir la desesperación por la discusión y la autocrítica

Claro, primero hay que admitir que se han cometido errores, y este acto ennoblecedor debe venir del más alto gobierno, el verdadero, del que decide. Debe venir de nuestro dirigentes más reconocidos. Y luego de aquellos, de todos aquellos que se sientan responsables, por lo menos, de esta evidente desesperación por ganar unas elecciones.

En una Venezuela de camino al socialismo los lideres no estarían tan desesperados, estarían discutiendo para encontrar la forma de sostener y afirmar el paso. De cómo seguir avanzando de forma segura hacia el socialismo. Revisando las tácticas sin perder jamás el sentido que señala la estrategia de avanzar en dirección del socialismo.

Pero en este momento habría que volver a poner el asunto de la revolución socialista el primer punto de la agenda. ¿De qué es el socialismo estamos hablando? ¿Cuáles estrategias previas debemos alcanzar y en cuánto tiempo en un momento de transición? ¿Con cuanta organización contamos? ¿Cuánta gente se está formando políticamente para orientar y acompañar a las masas?.

Lo primero que hay que admitir es que ni siquiera nuestros mismos dirigentes están suficientemente preparados teórica y políticamente para asumir los cambios que suponen una revolución del sistema capitalista. De ser así, no se entiende como ninguno de ellos nunca habla de teorías, de modelos, de estrategias políticas. Si nuestros líderes estuvieran sobre el problema de ir construyendo una sociedad nueva socialista, leyeran y comentaran sus lecturas con la gente, como la hacía Chávez. Pero, no creo que realmente se ocupen de estudiar modelos, formas de lucha, de tácticas políticas, de planificar la revolución, la guerra por la conquista de la sociedad y el hombre nuevo.

El hombre nuevo es aquel que lucha conscientemente con el viejo que lleva dentro. No lo hace una gorra, un tinte y una camisa. Pareciera que nadie se ha puesto a pensar seriamente qué fue lo que nos impactó de Chávez, aquella tarde-noche del 4 de febrero cuando apareció en televisión responsabilizándose por rebelión militar. Y pensándolo bien, lo que nos conmovió fue que apareció ante nuestros ojos un hombre nuevo, protagonizando un hecho político relevante en el país.

No nace por generación espontánea. Es una consciencia que va creciendo con la práctica de vida, con el trabajo y el estudio. Es una conciencia lo que puede hacer de una mujer y de un hombre, mujer y hombre nuevos. Y conciencia es lucha constante con uno mismo, es "control" de nuestras malas mañas, de nuestras peores inclinaciones, que tanto nos avergüenzan, vistas en los otros.

Este acto de humildad que significa admitir que se han cometido errores, es también un acto de conciencia. De conciencia revolucionaria. De responsabilidad. Y viniendo de alguno de nuestros más distinguidos líderes es lo único que salvaría la revolución. Como dice la misa "una sola palabra tuya bastará para sanarme".

Es desagradable hablar de la muerte, de lo feo, de las enfermedades, pero es inevitable recordar las lacras humanas de vez en cuando, porque es muy fácil olvidarlas en uno mismo cuando podemos señalarlas en los otros. Pero, hay que saber, hay que estar conscientes de nuestras propias crápulas y defectos para poder controlarlos, porque se nos notan. Porque el cuento del famoso Rey desnudo se escenifica a cada momento, con cada hombre y mujer seducido por la aquiescencia de sus aduladores.

No es nada fácil saber qué es la consciencia, cuando nunca la hemos experimentado en los desengaños de la vida. Pero, bueno es provocarse ese mismo desengaño a través de la lectura, del estudio y comprobarlo luego en la vida. En vez de hacer el ridículo, por no saber que lo hacemos, es preferible ser un ridículo a conciencia, y a conciencia invertir los valores de juicio e imponerse sobre la opinión de las mayorías. Por ese proceso pasó, con amor propio, nuestro comandante Chávez y salió indemne de burlas. Si hubiera creído sus propias bravuconerías, sus gestos machistas o vulgares, su ignorancia de tal o cual tema o asunto, y el mismo no las hubiese ridiculizados, no hubiera crecido moral e intelectualmente, no hubiera conservado su ascendencia sobre tanta gente, fuera y dentro del país.

Sí ahora nos vemos desesperados por la posibilidad de perder unas elecciones, debemos entender que ese temor es el de no contar con la fuerza viva y moral del líder. Sí ahora nos asustamos porque de pronto descubrimos que no podemos cautivar a la población con nuestro ascendente moral y político, terminemos de pasar esta vergonzosa página y hagamos una especie acto de contrición, y convirtamos el arrepentimiento en fuerza.

Después del 6 de diciembre, cualesquiera sean los resultados, se debe discutir sobre lo pasado. Discutir sobre la necesidad de hablar con la verdad, de volver a liderar al pueblo con la palabra comprometida en la acción, en la práctica política. Con humildad, escuchando las críticas y creando espacios para debate político de ideas, hay que volver a Chávez.

 



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Héctor Baíz

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