La derecha vencida, ¿lucha por retomar sus privilegios en extinción, o cruentamente se venga?

Los perdidos poderes políticos, religiosos y sociales, ejercidos durante más de 500 años a la fecha, heredados lineal y sucesoramente de sus ascendientes consanguíneos o meramente políticos, como buenos segregacionistas e incestuosos que han solido serlo, no pueden corresponderse con una entrega conformista, ni muchísimo menos con diálogos y dialoguitos para sordos.

Si eso hicieran, no habrían jamás salido de ese omnipoder que todo los días se les va extinguiendo en todas sus variantes, habida cuenta de que están quedando desamparados hasta de esos interesados amigotes y tartufianos a quienes ellos, conscientemente habían convencido de que les convenía ser sus compañeros de clase en lugar de asumir sus roles como proletarios.

Resulta lógico que una alienación clasista sembrada y cultivada durante siglos no puede desarraigarse como se desmonta un terreno para su resiembra.

Resulta, pues, que cuando el Presidente Chávez rompe aquella pasividad política que reflejaba la bobera o el alto grado de idiotización que la clase dominante había logrado inocular en las inocentes y acríticas mentes del trabajador, esa pasividad y conformidad o "paz social", decimos, fue tan exitosa para la burguesía y sus vestigios colonialistas, latifundistas y mantuanoides, que aquella Venezuela prechavista lucía como una sociedad tranquila, como ejemplo de democracia, de igualdades balanceadas, y libre de las discriminaciones sociales que caracterizaba a otras sociedades del mundo.

A tal punto se hallaba "en paz" esa Venezuela del pasado que la derecha tuvo muchísima razón en endilgarle a Chávez la división de los venezolanos entre sí, porque antes, aquí-para ellos y para muchos trabajadores-"se vivía muy bien", salvedad de una que otra perturbaciones esporádicas y erráticas ocasionadas por "desadaptados", subversivos, "comunista de mierda" y, ni qué decir, de "cubanos asesinos", esos perturbadores del "orden público"-léase paz burguesa-que "perfectamente el Estado sabía enfrentarlos "con mucho éxito" a través de torturas, desapariciones y muertes impunes que hoy no han prescrito pero que, admitámoslo, tampoco pareciera haber mucho interés en su castigo por parte de los burócratas involucrados en el quehacer justiciero.

Por consiguiente, como quiera que ya sus privilegios se les extinguen aceleradamente, su razonable, lógica y consiguiente alternativa es la venganza rayana en crueldad, en matanzas, en daños al patrimonio público del que ya dejaron de ser sus dueños exclusivos y excluyentistas. Reflexionarían así: si no es para nosotros, para ellos tampoco sería. Necesitan hacerle daño al país para descargar sus "arrecheras", sus indignaciones sociales por haber perdido las manguanguas que fueron tan duraderas que hasta terminaron creyéndolas eternas y divinas. Sus arrecheras o disgustos deberían endilgárselos a sus ídolos o sus correspondientes dioses.

Claro que Chávez dividió a Venezuela, lo hizo porque supo deslindar el proletariado (parcialmente) de sus explotadores; el sabio deslinde o desmelcochamiento entre las clases que se hallaban apelotonadas, aunque una arriba y otra aplastada; clases escondidas por la máscara de una perversa alienación insuflada por la burguesía y el terrateniente conjuntamente con su protector, la Iglesia reinante en nuestro país, sobre el proletario, del hacendado sobre sus peones, etc., etc., etc.

30/11/2015 10:35:26 a.m



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Manuel C. Martínez


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