Los valores y la historia

"Virtud en la República es el amor de la Patria,

es decir el amor de la igualdad. No es una virtud

moral ni cristiana, es la virtud política. Y este

es el resorte que hace mover la República, como

el honor es el resorte que hace mover la monarquía.

Así pues, he llamado virtud política al amor de la

Patria y de la igualdad".

Montesquieu, en El Espíritu de las Leyes

 

En el pasado histórico privado feudal, el honor era un valor fundamental, quien perdía el honor perdía sus títulos de nobleza y la protección de su reino; el honor era una esencialidad para la necesaria convivencia política de una sociedad dividida en clases.

La burguesía, después de haber derrotado a los señores feudales, como clase dominante, comienza a conformar repúblicas, mediante la división de los Estados nacionales. Los valores son imprescindibles a la hora de definir y concretar las reglas de convivencia de una nueva historia, también privada, pero liberal, y moderna, en contraposición con la anterior: obscura, tiránica y dogmática.

La burguesía exhuma la virtud, un antiquísimo valor esclavista, primera fase de la Historia privada, harto comentada por Platón y su discípulo Aristóteles; en palabras de Montesquieu, un burgués brillante y solemne, ideólogo de su clase en la configuración del orden jurídico clasista, moderno y liberal, la virtud surge resemantizada, y con apellido: virtud política, y la define como amor de la Patria y de la Igualdad.

Para Montesquieu, la igualdad, la libertad y la fraternidad, 3 premisas del pensamiento ilustrado, burgués, debían estar transversalizadas por la virtud política, convertida en un poder de cohesión privada, burguesa, para la dominación del proletariado; un valor principal del capitalismo, como historia privada de dominación sobre toda la sociedad, supuestamente gobernada desde la igualdad.

En Venezuela, donde no hemos comenzado, lamentablemente, a construir el socialismo, el imperialismo ha lanzado sobre nuestro pueblo trabajador una ofensiva ideológica devastadora para imponer a trocha y mocha los más asquerosos valores de su capitalismo: el egoísmo, la indiferencia ante el dolor y la injusticia que sufre el proletariado ante la burguesía, y sus lacayos, en la agresión económica, que continúa; odio y rencor contra toda tentativa de liberación del pueblo trabajador esclavizado, donde están incluidos los marginales, Lumpen proletariado, en contra de sí mismos, construyendo la miseria en la que van a vivir muy pronto, sino rectifican antes que sea demasiado tarde; el crimen, ejercido por los esclavos que sicarean a sus propios hermanos de clase, sin volver jamás las balas contra su amo cruel, la burguesía.

La locura al dinero, un valor del capitalismo en su fase ultraliberal, ensayada corrosivamente contra el pueblo trabajador venezolano, ha llegado peligrosamente a muchos obreros y trabajadores, estudiantes, que han dejado de serlo, y sigue llegando a más, a través de la enseñanza incisiva de los aparatos ideológicos del imperialismo. Hay un Capo II, Capo III; la narconovela sigue enseñando los valores penitenciarios del capitalismo en Venezuela y en otros pueblos que luchan por su liberación.

La solidaridad política, desde la conciencia de clase, ha de ser para el proletariado un valor esencial para enfrentar a la burguesía, el enemigo fundamental dueño de su modo de producción capitalista. Solidaridad política para la nueva configuración de Patria, es decir desde la concepción de la historia social, perteneciente a toda la sociedad, dirigida por la clase obrera y trabajadora.



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Eduardo Mármol


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