Una crónica tonta para atontar

Bachaquero chino no se detecta. Estudiantes chinos también se copian

En la República Popular China, que así se le llama desde su creación por Mao, que no creo sea esta misma, lo que no implica una definición ante este asunto sino atreverme a sugerir que lo que ahora acontece en China, con China y sus relaciones de producción internas y globales con el mundo todo, tenga mucho que ver (¿?) con las esperanzas del líder de la "Larga Marcha", según he leído se está estudiando un proyecto de Ley que castigaría con años de prisión a estudiantes que se copien o hagan distintas trampas al momento de someterse a examen.

Leyendo sobre el asunto recordé un viejo cuento que escuché en Cumaná allá por mis años de joven. Resulta que un entrenador boxístico chino pactó una pelea con un pegador contundente, del peso pesado, de acá de occidente, mientras el suyo parecía un esmirriado proyecto de boxeador. Pero lo más curioso del caso no fue eso, sino que el manager asiático puso una extraña condición, que el peleador suyo al sonar la campana entre round, en lugar de ir a la esquina a descansar fuese debajo del cuadrilátero. El entrenador contrario al chino, de acuerdo con la vieja cultura de esta parte del mundo, sólo vio las ventajas.

-"Ese chino deslechado", se dijo para su intimidad, "no le aguanta al mío ni un round. Sólo con el viento que desplazan los puños de mi pupilo se caerá en lo que espabila un mono".

La pelea se pactó a 15 round. Y se convirtió en larga, muy larga y hasta demasiado dura para el peso pesado occidental que, como ocurre con boxeadores de ese peso, salvo como lo hacía Muhammad Alí, se movía muy lentamente y sacaba las manos con lentitud. Mientras tanto, el asiático lo hacía con una velocidad impropia de un boxeador que está destinado a pelear aquel número de round; movía su cuerpo hacia todos lados, abajo arriba, esquivando con facilidad los zarpazos del occidental. Tanta era su velocidad y habilidad para sacar los puños que se atrevía a meterse bajo la guardia de su contrincante sin que éste lograse conectarlo. Entraba y salía como un torbellino; cuando los puños del peso pesado salían al encuentro del cuerpo de su rival sólo golpeaban al aire.

Así transcurrieron 13 tramos de la pelea, instante cuando el boxeador occidental por la cantidad de golpes que había recibido, no tanto por la contundencia de estos y además por el movimiento a que tuvo que someterse tratando de encontrar la humanidad de su contrincante, estaba agotado e incapacitado para seguir moviendo los brazos y extremidades inferiores. Fue en ese momento cuando al manager del abatido púgil occidental se le prendió el bombillo y ocurrió mirar debajo del cuadrilátero para intentar encontrar allí el secreto de aquel boxeador de figura insignificante pero que parecía un huracán en la parte de arriba.

Quedó asombrado y hasta apenado por su descuido e ingenuidad; allí, bajo el encerado donde se desarrollaba la pelea estaban 12 chinos agotados, deshechos y dos frescos, cual lechugas, que se preparaban para combatir los round 13 y 14.

Optó por tirar la toalla y la pela perdida para guardar su honor y reputación. Había sido timado, tomado como un ingenuo y eso no podía divulgarse.

Todo ese cuento, como bien sabe el lector, que con paciencia ha leído esta resabida historia, quizás hasta infantil y nada graciosa, se montó sobre la idea que tenemos y hasta solemos expresar entre amigos que los chinos todos se parecen.

Pero esta creencia nuestra, permítaseme seguir de ingenuo y hasta sacarle algún provecho aunque idiota al tiempo, pudiera ser fundamentada por los chinos mismos.

Veamos. El proyecto de Ley intenta también sancionar a aquellos estudiantes que soliciten a otros que se hagan pasar por ellos en el momento de someterse a exámenes. Por supuesto, quien se presta para jugar el segundo rol también sería sujeto a la sanción que pudiera contemplar la Ley y la que pudiera ser, como ya dijimos, varios años de prisión. Claro, uno supone que el intento de trampa se materializaría sobre todo en sistemas de aprendizaje no presenciales o donde el número de participantes sea muy numeroso o se den las dos condiciones. Porque es obvio que los chinos entre ellos se diferencian fácilmente y, es poco probable que, en un sistema presencial de pocos alumnos, al maestro le metan esa coba.

Ese proyecto de Ley a muchos chinos debió ponerle los ojos bien abiertos, cosa que ellos no acostumbran o no pueden, pues en China las leyes no se promulgan para hacerles discursos ni gastar papel, como las nuestras, sino para hacerlas cumplir sin discriminación ni margen de impunidad. Es de sobras conocido la dureza con que en ese país oriental se castiga a los corruptos, mientas acá siempre han pasado por dignos personajes, tanto que la gente sueña por imitarles; por eso se dice, "no me des nada, ponme donde haya".

Pero en todo caso, no es nada extraño ni ingenuo y menos tonto que uno, al leer esa información, recuerde el viejo cuento. Pero lo más importante es descubrir, después de escuchar por años antiguos discursos sobre la moral comunista, el hombre nuevo, las revoluciones culturales que promovió Mao, observar esa especie de rigidez y ceremonial propia de los chinos, que allá, los jóvenes hacen lo mismo que acá, donde no ha habido revolución, ni promoción de una cultura, por lo menos con tenacidad y bien fundamentada, coherente con los cambios que una nueva sociedad exige. Tanto es esto cierto que el gobierno venezolano y la dirigencia del Psuv, aunque se muestren ganadores, tienen un margen de duda por los efectos de la situación económica. Porque aquello que dijo Brecht, "lo primero es el comer, la moral viene después", sigue siendo código de las mayorías.

Por eso en la China de ahora, parecieran no estar dispuesto a andarse con discursos moralistas, como "revolucionario no bachaquea", confundiendo a un bachaquero de camisa roja de alta o baja estirpe con un revolucionario, sino que no vacilan en promulgar leyes que caractericen delitos y, sobre todo, en hacerlas cumplir.

Pero también entendemos, que los chinos, procedan de un lado u otro del territorio continental o insular, que viven en Venezuela y en buen número, se dedican a la distribución de mercancías, al mayor y al detal, sin titubeo alguno también al bachaqueo, acaparamiento y especulación; lo hacen con empeño y hasta con saña. Los cuentos que uno escucha de los negocios que hacen los comerciantes chinos enmudecen. Mientras ellos eso hacen, nuestro gobierno que bien lo sabe, porque lo sabemos todos, individualmente no detecta ninguno y su razón tiene, ellos se parecen como gotas de agua. ¿Cuál chino fue? ¡Vaya usted a saber! Si aquí cada quien, de lado y lado, tiene sus chinos bajo del cuadrilátero.

No se disguste después de leer esto; quizás no aclare nada y menos descubra "por dónde le entra el agua al coco", pero lo escribí y créame que me he divertido y lo hice con ese fin.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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