Los descendientes de los "heroicos" tarados

"Porque Antonio Fernández de León, conocido mejor con el título de Marqués de Casa León, es el paradigma del político criollo: tornadizo, inescrupuloso y adulón. En un comienzo fue partidario de la Independencia, se opuso a que Miranda desembarcara el La Guayra procedente de Inglaterra y terminó acatándolo. Traicionó a la Primera República, convirtiéndose en consejero de Monteverde y de los gobernantes españoles. Su hijo Antonio guío a Boves a través de los pantanos que rodeaban a la fortaleza de La Cabrera, lo que permitió al asturiano tomarla y degollar a la guarnición de mil hombres, desde la oficialidad hasta el corneta. Cuando Bolívar entró triunfante a Caracas en 1821 intentó plegarse a su causa, lo que no acepto el padre de la Patria. Sus bienes fueron confiscados y se le exilió a Puerto de Rico donde murió en 1825. No obstante tan negro historial, el mismo Libertador veló hasta su muerte por su bienestar, haciéndole llegar a través de María Antonia, su hermana, remesas de dinero".

El Comandante Chávez al no huir a la muerte el 4F de 1992, salvó con ello el honor de la Patria y edificó para el futuro un ejemplo de altiva vigilancia. Los otros al ver la investida del pueblo el 12 y 13 de abril de 2002, se esconden, nunca enfrentan el peligro. Ellos son así. Son los hombres de la palabra calculada y de las acciones discretas. Los hombres que supieron en sus seguros escondites la nueva de la Partida Física del Comandante. Por largas generaciones estos "hombres asustados" han venido diciendo su palabra traidora e inoperante al anunciarse el peligro de la tormenta. Son los descendientes de aquellos "heroicos tarados" (descienden de aquellos conquistadores), quienes en todo momento han puesto su guijarro decisivo en la votación para resolver la suerte de la Patria. Y sus palabras pesadas como piedras de molino, han hecho durante 500 años, intransitables los caminos que conducen al pueblo a la hora de los amaneceres. "No es cultura ni revolucionaria la mentira". Sí, señor Presidente Nicolás Maduro Moro. Y que se sepa bien que no es cultura revolucionaria sólo el emborronar papeles y mascujar mal aprendidos discursos: cultura revolucionaria es un proceso de búsqueda y superación del hombre y la mujer, que comienza en el barredor de calles y va hasta el más alto dirigente de la jefatura de la Revolución. Él va adelante, en estas agrias sendas. Aun sobre tardos amaneceres, podemos darnos a la obra de tomar las huellas que dejaron sus admoniciones. Esta también, es hoy, virtud en crisis.

En eterno y nunca desmayado trabajar, lentamente vamos construyendo el andamiaje espiritual y económico de la Patria y si aquí sacrifica ésta su esfuerzo, más allá la otra cosecha el fruto; si en una decayó el ánimo, en la otra más fuerte y más alta se alzó la voluntad de sobreponerse. Para animar nuestra lucha diaria debemos animar previamente a nuestros Héroes. Debemos verlos como símbolos vivos. Como entidades morales que necesitan nuestra energía y nuestra fe de ahora, a fin de que sigan viviendo. Son ellos quienes reclaman nuestro esfuerzo. Porque somos nosotros su complemento actual. Los sufragios que harán descansar a nuestros héroes son las obras nuestras en el campo de batalla. Nuestra gran ofrenda a su memoria es sentirnos colectivamente dignos del sacrificio que los llevó a la muerte.

Los grandes muertos forman el patrimonio espiritual de los pueblos. Son el alma misma de la nación. Pero no quiere decir ello que saberlos grandes sea suficiente para vivir sin esfuerzos nuestra hora actual. Quizá sea ésta una de las causas fundamentales de nuestro fracaso revolucionario. Hemos considerado que los méritos logrados por nuestro eterno Conductor y Líder nos permiten vivir sin buscar acrecerlos. Y hemos considerado que nuestra misión principal como pueblo consiste sólo en pregonar a todos los vientos la Gloria del Comandante, sin pensar que los mayores contornos de esa gloria sirven para hacer más duro el paralelo con nuestra deficiente obra del momento. Necesitamos su ejemplo permanente y no su fama. Como crisis de nuestra cultura social. A causa de ella se abren ancho cauce los sistemas que propugnan la violencia en el país como un mero problema económico. Ellos, los descendientes de los "heroicos tarados" pudieran enterarse por sí mismos, y nos tendría sin cuidado; ellos podrían ir al suicidio de su sistema y de su clase, y nos vendría hasta bien; más lo trágico del caso es que ellos se empeñan en arrastrarnos en su fracaso. Buscan de dar apariencia cristiana a un orden que es la negación del cristianismo. Y ahí las alianzas y contra alianzas que hacen aparecer a predicadores de la democracia como cómplices del imperialismo y del crimen. De ahí que la misma lucha luzca tintes de cruzada y que el pueblo confundido rompa los Crucificados al desbaratar los ideales que se ponen bajo su guarda.

Y en el fondo de la mañana, sobre la llanura verde y alongada, la figura de nuestro Eterno Líder lucirá como un símbolo de la fecundidad, de la Justicia, de la Libertad y de la Igualdad. Su caballo es capaz, aunque se nos haya dicho en burla, de conducir a fórmulas idóneas para atar las manos que buscan de amasar fortunas con la escasez que nos angustia. Chávez nunca estuvo confundido, y que él tenía muy claros sus principios sobre la clase social a la cual pertenecía y defendía a ultranza.

La Patria, mientras los hombres llamados a ser libres, unos soportaban el peso de los grillos y otro mantenían sobre los labios las duras consignas del silencian. Y de rojo debe vestir también nuestra Patria, llena del espíritu de la libertad, que hace posible el retorno de los héroes. Y, ¿saben ustedes cual es el medio de facilitar, la trasformación social que tiene que venir forzosamente, aunque ustedes no lo quieran?, pues el único medio es él socialismo.

La hecatombe, que barrió su vida fácil y como de juego, su existencia del mundo, le trajo, en compensación, con el regalo del pueblo venezolano, bautizados en la sangre y en el fuego, algo que valía más para su vida y su arte que aquellos bienes liquidados: una dolorosa experiencia del pueblo, un amor apasionado de conocimiento y un sentimiento agudo y acuciante de responsabilidad por los años vividos.

—No acudamos a los libros ni a los biógrafos, si queremos saber la devoción que siente el pueblo venezolano por el Comandante Chávez. El amor sólo tiene hálito de vida en la palabra hablada. La pasión desbordada ya no admitía más.

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí de Fidel y de Chávez!

¡Hasta la Victoria Siempre, Comandante Chávez!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Manuel Taibo


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