El triunfo de la superficialidad

Marcel Proust confesó tenerle miedo a la muerte, no por la esperanza de alargar el tiempo de su vida, sino por estar embarcado en una empresa de vida fundamental, la obra. Temía caerse bajando unas escaleras y que por un accidente pueril tuviera que interrumpir y no concluir su trabajo, el cual estaría destinado a salvarlo para siempre de la muerte en la memoria de las generaciones por venir. Marcel Proust terminó el último párrafo del último capítulo del último tomo, de siete que escribió, de su famosa Búsqueda del Tiempo Perdido, y a la semana de concluir su trabajo se moriría de 59 años de edad. Ya había madurado y concebido la obra en la mente con una precisión y una corrección admirables. Es una lectura perfectamente continua. El primer capítulo se conecta en el tiempo de su concepción con el último, como referidos a un mismo episodio. Solo que separados por 2900 páginas (aproximadamente) de memorias, puestas bajo el control de la conciencia y conocimiento del arte.

Dostoievski era eslavófilo y cristiano ortodoxo, verdaderamente creyente. Por dar razones humanas de peso, que pudieran explicar su fe, tuvo que someterlas a prueba, confrontándolas contra todo tipo de contra argumentos. Ocuparía su inteligencia en eso casi que por entero. Luchó internamente contra los demonios que amenazaron siempre a su fe. Solo por poner un ejemplo, en Los Hermanos Karamazov este artista tardó dos semanas para desarrollar los argumentos en contra de la existencia de Dios puestos en boca del joven Iván Karamazov. Sin embargo, las pruebas desarrolladas para demostrar la existencia de Dios les ocuparían casi que el mismo tiempo que le llevaría escribir todo el libro, algo así como diez meses o un año. Siempre he dicho que la misma novela es su argumento en favor a la existencia de Dios. Contra ese argumento contrastó las más racionales pruebas científicas, los argumentos del mismísimo diablo, pasando por los del Gran Inquisidor. Nietzsche reconocería en el novelista (algo poco frecuente él) a un verdadero "psicólogo". Hombre de fe, de oficio novelista y de pensamiento profundamente humano legó una gran obra a la porteridad.

¿Quién quiere leer hoy a Marx? Nadie parece estar interesado. No obstante ese ser humano escribió una obra abundante en ideas. En cuatro volúmenes de El Capital pudo mostrar cuál es la verdadera historia de la acumulación originaria del capital, de qué se trata el fetiche de la mercancía, la alienación, la plusvalía, la explotación. Pasó toda su vida estudiando, escribiendo, organizando a los trabajadores de Europa; exiliado, comiendo mal, solo por su obra, por contribuir a la gran obra humana. Pero ¿Quién quiere hoy leer a Marx?

La historia reciente está llena de sacrificios de vida por la gran obra de la humanidad. La inteligencia y preocupación de artistas y políticos, pensadores y estudiosos, han hecho posible la continuidad de la especie y de la historia del espíritu humano. Lenin hizo de su vida y su obra un imposible: la gran revolución rusa. Nada más en el juramento del Monte Sacro, el joven Bolívar hace referencias a un universo de conocimientos, comparando a muchos reyes y príncipes romanos. Luego Bolívar sería el gran político, el pensador y escritor que fue, además de militar titánico. El Che y Fidel, Fabricio Ojeda...

Luego Hugo Chávez hace un intento de golpe militar junto a un grupo de valientes oficiales en un acto de rebelión. Va a la cárcel. Organiza una campaña por el poder político de Venezuela. Gana. Pasa por un golpe y un sabotaje petrolero, se confronta contra todos y todo, a enemigos externos al gobierno y a él (confisca tierras y empresas abandonadas; le quita la concesión a RCTV) y a enemigos internos en el gobierno e internos en él. Declara el carácter socialista de la revolución. Se declara marxista leninista. Estudia, redacta leyes, hace programas semanales para orientar a la gente, gabinetes televisados, piensa. Hasta que es asesinado. Es el último gran sacrificio que hoy conocemos.

¿Y para qué? En estos días la muestra de mayor inteligencia que se puede ver en televisión son los chistes ocurrentes de los cómicos (todos) y las respuestas acertadas en el concurso millonario. Lo que era RCTV, o sea Tves, quiso Chávez que fuera un medio para fortalecer a la revolución y se convirtió en una empresa "rentable" que reproduce ignorancia, frivolidad, superstición, distracción de las tensiones revolucionarias; produce idioteces e idiotas (productos de primera necesidad). José Vicente Rangel, ex ministro y ex vicepresidente de Chávez entrevista a un personaje ambicioso y mediocre como Henri Falcón para que este repita como otro político fatuo más del montón las mismas ideas manidas de siempre acerca del diálogo, acuerdos nacionales, reencuentro nacional, dichas con las mismas palabras y de la misma manera. El presidente de la república presenta un audio donde Lorenzo Mendoza reconoce que le está haciendo una guerra al gobierno y éste, en vez de ponerlo preso y confiscarle las empresas invita a los venezolanos a ver el juego de beisbol tomándose una cerveza fría, que él llama de forma disimulada unas maltas ("si no nos multan"). Y lo dice con una sonrisita pícara. ...Y para eso murió Chávez.

Chávez murió y comenzó a licuarse la tierra que abonó. Pareciera que "todo lo sólido de desvaneciera en el aire" por los efectos de la superficialidad. Eso que aparentas, eso eres. No vale decir ahora que creamos que parecen tontos. No, son tontos. Detrás de los gesto no hay nada, como el famoso ajedrecista de Duchamp. Lo que se dijo hoy se desdice más tarde. La palabra fue activada en su función sintomática, solo sirve para reconocer en ella el disimulo, el miedo, el cansancio, la ignorancia, la voluntad de ser mediocres. Una palabra devaluada, un discurso arrugado de tanto uso, nada nuevo y nada confiable. Vuelve el tiempo de las corbatas y de las luces artificiales.

Para eso tanto sacrificio. Un canal del Estado hace una jornada de un día completo para transmitir un simulacro de elección ¿Qué tiene que ver eso con hacer revolución? Un modelo de elecciones que forma parte importante del sistema burgués que estamos destinados a sustituir, se festeja como un acto "profundamente democrático" (frase vacía). Es como festejar la muerte en un ritual de suicidio colectivo. Se escucha por aquí y por allá dirigentes repitiendo cosas como "alegría del pueblo", "una jornada democrática", "el pueblo que defiende la paz, que quiere paz", "respaldo de las políticas del gobierno en una fiesta electoral", de pronto un "eeeh La Guaira" o "Magallanes campeón". Pueblo, pueblo, pueblo, patria, patria y patria. Palabras hueras y mentes vacías. Y que se vacíen los "sujetos", se entiende. Pero que se vacíen los calificativos, es el colmo. Ahora algo grande es intrascendente, algo poderoso significa que no puede con nada, algo bueno es malo. "las poderosas razones" no convencen. Cuando los venezolanos "somos únicos" es porque nos llevan de las narices.

Tememos a las profundidades y más temprano que tarde caeremos en ellas. Tememos a la muerte y pero para allá vamos. No pensar es lo de ahora, por temor a saber más de lo debido. No trabajar, es lo de ahora, no vaya a ser que si lo hacemos nos termine gustando (me refiero al trabajo creador, revolucionario). ¿Sacrificios para qué o por quién? ¿Cuánto hay pa eso? Todo debe ser ganancia, pero material, y fácil, sin mucho esfuerzo. Sin mucho "sacrificio". Un estudiante de derecho te dice como si nada que su problema en la carrera es que no le gusta leer, ni siquiera es que no le gusta el derecho romano, es que no le gusta leer y punto. Otro, se está formando para político en una academia "paga". Porque se puede llegar a ser diputado en y con este "maravilloso sistema" electoral si tienes billete y te preparas "fuertemente"en cuatro o cinco semanas de clases con un profesor "especializado". Eso que tú seas un modelo humano a imitar, que seas el más preparado profesional y políticamente, que tengas experiencia y conocimiento no cuenta a la hora de ser candidato. La forma huera lo es todo, el "hacer como si" está por encima de hacer lo correcto y hacerlo bien.

Por eso no debemos discutir, criticar, escribir, pensar, porque no llevaría a tener que discutir, criticar y pensar, y eso cansa.



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Héctor Baíz

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