A propósito de ser ciego

Salario mínimo: Venezolanos condenados a vivir en la miseria

Nuevamente, por tercera vez en lo que va de 2015, el presidente Nicolás Maduro “aumenta” el salario mínimo en Venezuela. En esta oportunidad, dicho aumento, a pesar de ser nuevamente del 30% (http://www.aporrea.org/actualidad/n279285.html)  ni siquiera pudo romper la barrera de las cinco cifras mensuales, aunque disfrazadamente se hable de “salario integral”. 

 

Lo irónico, es que mientras el salario alcanza tan menguada cantidad, los productos esenciales para la alimentación del venezolano, además que no se consiguen, desde hace tiempo comprar carnes rojas, carnes blancas, jamón, queso, huevos y enlatados básicos como atún o granos, todos esos productos medidos en términos de precios por un kilogramo, superaron sus valores  en cuatro cifras en bolívares, razón por la cual, lo que simplemente puede comprar el trabajador con tal “salario”, son unos 6 o 7 kilos de los mencionados productos, sin incluir, verduras, legumbres, hortalizas o frutas, y sin tampoco dedicar parte de ese “salario” para su aseo personal, vivienda,  transporte, educación, salud, y menos recreación. En otras palabras, el salario “mínimo”, se ha convertido en una entelequia porque no cubre las necesidades básicas de las personas y menos de las familias como parte de una integralidad de la sociedad.

 

En la alocución presidencial del día 15-10-2015, Maduro por primera vez aceptó que la inflación “inducida y pelucona” pudiera llegar al 80%  (http://www.rnv.gob.ve/maduro-inflacion-inducida-y-pelucona-puede-estar-cerca-del-80-audio/) , según datos que le habrían aportado los tecnócratas del Banco Central de Venezuela (BCV), es decir, Nelson Merentes y su “combo”. No importa amigos,  que sí por ejemplo un cartón de huevos,  costaba a finales de 2014 tres cifras bajas y hoy cueste cuatro cifras, o que un modesto par de zapatos que todavía  costaba cuatro  cifras bajas en ese mismo 2014, también para esta fecha cueste más de cinco cifras, o que un electrodoméstico esencial para el hogar como una cocina, nevera o televisor o incluso una computadora haya roto la barrera de las seis cifras en bolívares, la inflación oficial jamás será superior a los dos dígitos, y por supuesto, nunca será culpa del BCV y del gobierno, porque siempre habrá un culpable exógeno de tal debacle económica.

 

Y nos preguntamos, según se desprende de la página oficial de Nicolás Maduro: ¿Qué pasó con el Órgano Superior de la Economía nombrado en 2013 para luchar contra la  “guerra económica”? (http://www.nicolasmaduro.org.ve/presidente/presidente-maduro-designa-a-ministro-garcia-plaza-como-jefe-del-organo-superior-para-la-economia/#.ViDtUhs34dU). La respuesta es sencilla, nombraron como director de tal “órgano”, a quien ahora es  nada más y nada menos,  prófugo de la justicia venezolana por el caso de la estafa, o mejor dicho robo a la nación por el caso de los ferrys, el ex-ministro para el Transporte Acuático y Terrestre, Mayor General Hebert García Plaza (http://www.aporrea.org/contraloria/n269065.html). Como decimos en criollito: “Zamuro cuidando carne”.  Y entonces, ¿Dónde están los enemigos del proceso? ¿Es mentira lo que hemos denunciado sectores críticos al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus castas militares?

 

Peor resulta, la dramática situación de los millones de venezolanos quienes viven de la administración pública y están amparados de lo que podemos llamar (seudo)contrataciones colectivas, fundamentalmente, dirigidas para los docentes y gremios de enfermeras y médicos. En el caso de los primeros, son los trabajadores peor remunerados de toda la sociedad venezolana. El Estado los desprecia al punto que con todo respeto, un trabajador ambientalista que ha logrado graduarse de docente y trabaja para el Ministerio del Poder Popular para la Educación, prefiere seguir siendo “ambientalista” que pasar a ser maestro(a),  porque además de tener un salario más alto que éste, pierde múltiples beneficios socio-económicos. ¿Eso es justicia laboral y socialista?

 

En relación con los médicos y enfermeras el panorama es desolador. Ni siquiera tenemos en los hospitales y ambulatorios el suficiente número de especialistas para cubrir la creciente demanda de pacientes en un ambiente de humillación y vejación por los bajos salarios que éstos profesionales asistenciales también perciben, y de los cuales tampoco escapan radiólogos, bioanalista y odontólogos. Hasta la misión “Barrio Adentro” que en algún momento fue modelo de prestación médica, los  “módulos” primarios en su mayoría están cerrados, y los que funcionan, lo hacen por la dedicación de su personal, porque técnicamente están inoperativos   (http://www.panorama.com.ve/ciudad/Barrio-Adentro--se-queda-sin-sedes-modulos-operan-en-casas-prestadas-20150614-0034.html).

 

Ante esta realidad, urge un plan económico que acabe con el capitalismo de Estado, el cual  intenta monopolizar todos los sectores productivos. Hay que construir trenes, puentes, carreteras, diversificar la agro-industria, y hasta desarrollar nuevos espacios geográficos en función de otras potencialidades , las cuales Maduro no podrá hacerlo porque la economía rentista ha llegado a su fin.

 

El gobierno no termina de comprender que aumentar el salario mínimo no resuelve las penurias de los venezolanos. El problema es que desde que Maduro asumió el poder ha prometido quebrar la “guerra económica” de lo que él  y sus panegíricos definen como parte de un plan por parte de “pelucones” para derrocarlo, mientras la emisión de dinero inorgánico, el dólar paralelo y nuestra dependencia importadora van a terminar más temprano que tarde por llevarnos a una megainflación de la cual ya vemos como está comenzando, pero no sabemos cómo podría terminar.

 

El gobierno ha fracasado con sus políticas económicas, las cuales han empobrecido a la población de una manera  abismal. Por lo pronto, la gran mayoría de los venezolanos, seguiremos condenados a ganar salario mínimo, sea cual sea nuestra profesión, es decir, seguiremos viviendo en la miseria, más allá de lo que una retórica política intente manifestar sin argumentación alguna que la sustente en su praxis y nivel de vida.  A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

 

 

 

 



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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