Fantasías políticas

Entre quienes participan políticamente, como en el resto de la gente, hay muchos tipos de personas en relación a sus apreciaciones futuras. Unos son pesimistas, otros son optimistas y, posiblemente, algunos tengan la capacidad de ser realistas y, por lo tanto, capaces de interpretar la realidad social y política de mejor forma y poder predecir, con mucha mayor certeza que optimistas y pesimistas, el futuro político, en nuestro caso, venezolano. Por supuesto que esas posiciones existen en los simpatizantes del gobierno y los opositores al mismo, por lo que sus visiones del acontecer diario y sus predicciones estarán profundamente influidas por sus formas de ser.

Existe, sin embargo, casos muy particulares, que pudiéramos incorporar dentro de los optimistas, pero que, muchas veces, nos causan asombro cuando conocemos sus planteamientos “analíticos” en el campo de la política. Se trata de los “fantasiosos”, quienes superan cualquier nivel del optimismo político y son capaces de explicar los errores más grandes de sus grupos o sus divisas, en una forma que trasforma en positivo lo que evidentemente es negativo, superando los límites naturales de la imaginación. En la política venezolana, estas personas están profundamente influidas por una suerte de veneración del liderazgo político que defienden, lo que obnubila totalmente su razonamiento.

Se trata de quienes en el pasado veneraban a Caldera, a Rómulo Betancourt o a cualquier dirigente de la izquierda radical venezolana. Son aquéllos que en su obsesión antichavecista llegaron a glorificar a Peña, a Mendoza o a Salas Feo. Son hoy quienes consideran a un personaje tan primitivo como Manuel Rosales como un gran estadista, que conducirá a los zulianos a su libración definitiva del bolivarianismo-chavecismo expoliador de sus riquezas. Pero, lo peor es que también son aquéllos quienes, desde las filas de la revolución, cierran su entendimiento y todo lo ven color de rosa y pasan a defender lo indefendible, a darle una explicación a lo políticamente inexplicable e, incluso, a ofender, agredir y perseguir, a quienes osen de alguna manera a cuestionar las decisiones, ya no del líder Jefe de la revolución, sino del Dios en que quisieran verlo transformado, más allá del bien y del mal y totalmente ajeno a las equivocaciones terrenales.

Recientemente leí dos cosas que me impactaron, en relación con la designación de Arias Cárdenas, las cuales son un producto palpable de la condición de veneración descrita. Una de ellas, la más simple, por la forma en que fue presentada y porque denota la complejidad del pensamiento político de quien la redactó, decía que Chávez tenía los votos que apoyan al gobierno: 70 %, mientras Arias tenía los de la oposición: 30 %, y que con la incorporación al gobierno de Arias Cárdenas, Ahora Chávez tendría 70% + 30% = 100% de los votos, y allí está la explicación del llamado del Presidente a su gran amigo. Pensé que era un chiste, pero no, no lo era.

La otra explicación del ingreso del comandante Arias al gobierno era un poco más elaborada, aunque también simple, acomodaticia y fantasiosa. Resulta que Arias ha sido siempre un hombre de Chávez y en todas sus actuaciones, léase las traiciones ocurridas en el pasado, han actuado de común acuerdo. Se trata de un quinta columna del chavecismo que tenemos, bueno teníamos, infiltrado en las fuerzas opositoras, haciendo un trabajo de espionaje revolucionario. A través suyo el Gobierno planificó el golpe del 12 de abril, por lo que siempre tuvo controlada la situación y Chávez no corrió ningún peligro durante su secuestro. Con su trabajo se planifica el paro general y el sabotaje petrolero, que nos permite a la postre adueñarnos de PDVSA. El 007 es un bolsa al lado de este Maquiavelo.

Las misiones de este espía, develado por el artículo en Aporrea de uno de los mejores analistas del Gobierno, han sido muy variadas: Se separa, junto con otros, del actual Presidente en Yare, asume la dirección del PAMI con Caldera, apoya a Irene en la campaña electoral de 1998, más adelante le dice gallina al Presidente, declara innumerables veces contra el proyecto revolucionario y apoya a los golpistas desde Fuerte Tiuna. Actualmente, su nueva misión es el espionaje en la ONU, pero ahora al descubierto por la delación ocurrida. Dirá que es un contra espía, para que lo acepten sin ninguna reticencia. ¿Qué les parece? ¿De novela, verdad? Con este tipo de analistas políticos no necesitamos de más nadie; la victoria es segura y el porvenir es revolucionario y luminoso. Sólo perderemos un espía.


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Luis Fuenmayor Toro


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