Inmigración y lucha de clases

A partir del triunfo definitivo del capitalismo sobre el feudalismo, proceso histórico en el cual la revolución industrial jugó un papel determinante, los movimientos internacionales de población, han obedecido a las inexorables leyes de la acumulación de capital y a los agudos conflictos de clase que provoca la consecución del máximo beneficio por los propietarios del capital. Los estados del capitalismo avanzado vienen utilizando desde el siglo XIX, la expatriación de sus nacionales, como expediente para aminorar la lucha entre el capital y el trabajo cuando la hegemonía burguesa tambaleaba. La Europa decimonónica encontró en la exportación de población excedente una válvula de escape que facilitó la estabilidad de la economía capitalista y pospuso las revoluciones proletarias en ese continente que venía anunciado el dúo Marx-Engels.

En la agricultura europea, en la medida que la maquinaria se fue introduciendo, los excedentes de mano de obra y el desempleo agrícola no se hicieron esperar. El aparato industrial absorbió parte de este excedente, pero el comportamiento cíclico de la economía capitalista, lo reproducía nuevamente. Así mismo, con la expansión continental del capital, mejoró la dieta del europeo y esto se tradujo en un crecimiento de las variables demográficas. Con el fin de buscarle salida a la olla de presión que significaba este ejército de reserva generado por la reproducción ampliada del capital, Europa vio en América un escenario geográfico para ubicar sus connacionales desempleados.

En el caso venezolano, durante todo el siglo XIX, los gobiernos intentaron poblar estos territorios con inmigrantes europeos que unidos a la importación de los ferrocarriles, se constituirían en la llave del progreso social, según la visión positivistas de los gobernantes de aquel tiempo.

Durante las primeros tres décadas del siglo XX, el Gomecismo fue reacio a permitir la entrada de inmigrantes, pues, consideró que con ellos venían doctrinas políticas perniciosas como el comunismo y el anarquismo; aunque se permitió une le corriente inmigratoria traída por el capital petrolero internacional. Cosa contraria ocurrió en el Postgomecismo de López Contreras y Medina Angarita, cuyos gobiernos intentaron traes inmigración europea como política del estado, con el fin de suministrar sangre nueva a su intención de crear fabricantes. Sin embargo, la gran inmigración europea llegó a Venezuela en la época de la segunda posguerra, expulsada por los agudos procesos lucha de clases de aquel continente, cuya culminación fue la Segunda conflagración mundial. Fue el Perezjimenismo quien le abrió las puertas a la inmigración del viejo continente, de españoles, italianos y portugueses, canalizada a través del Instituto Agrario Nacional.

Con los gobiernos del Puntofijismo, la inmigración siguió llegando a Venezuela pero ahora venía de nuestro propio continente. Entre las nacionalidades que más entraron al país predomina desde lejos la colombiana. Esta inmigración neogranadina se ha dado por factores que la empujan desde Colombia y factores que la atraen desde Venezuela. Veamos:

1.-Desde Colombia.

Para nadie es un secreto que la sociedad colombiana es una de las más desiguales socialmente del continente. Una rancia oligarquía asesina monopolizó la propiedad de la tierra y se matrimonió con el capital transnacional, dejando a las grandes mayorías por fuera del circuito de acumulación de capital. Esto obviamente fue el caldo de cultivo de los sesenta años de violencia que han venido afectando a la hermana república. Si la hegemonía oligárquica colombiana ha permanecido en el tiempo, es porque encontró en la expulsión de población hacia los países vecinos, una contra tendencia que evitó el desmoronamiento de la dictadura del capital. Esta misma situación la encontramos en Centroamérica y México.

2.-Desde Venezuela.

La aluvional acumulación de capital facilitada por el caudal de renta petrolera que entró al país como producto de la Reforma Petrolera de 1943, demandó no sólo mano de obra obrera, sino también empresarios que hicieran posible la extensión territorial del capitalismo, anidado hasta entonces en los campos petroleros. Hasta 1960 la sangre nueva que necesitó el capitalismo venezolano proporcionó la inmigración europea. A partir de aquel año, la política de sustitución de importaciones demandó alimentos y materias primas del agro criollo, lo que impulsó un cierto crecimiento del producto agrícola. Los empresarios agrícolas venezolanos vieron en la mano de obra colombiana, un aliciente para acrecentar su tasa de ganancia. Así los braceros colombianos comenzaron a llegar a raudales, sobre todo a la zona sur del lago de Maracaibo. En el eje industrial Caracas-Valencia también se utilizó la manaos de obra neogranadina que por ser mayoritariamente indocumentada, aceptaba salarios de hambre. Con la llegada de la revolución Bolivariana y su correspondiente democratización en la distribución de la renta petrolera, la tentación de emigrar hacia Venezuela se acrecentó aún más en nuestros vecinos.

Hoy cuando la lucha de clases en Venezuela viene escalando hacia niveles desconocidos, se hace urgente poner esta masa de hermanos neogranadinos y de otras latitudes del lado de los intereses coyunturales y estratégicos de los trabajadores venezolanos. Por consiguientes, pensamos que se hace necesario que se divulgue en Venezuela de manera perentoria la historia contemporánea de Colombia, a fin de que nuestro pueblo vea las miserias humanas que nos puede traer la entronización de una oligarquía asesina y neoliberal como la que lideran Uribe y Santos.

¡ Hacia la constitución de la Internacional Obrera Bolivariana !



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Humberto Trompiz Vallés

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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