¿Hacia dónde va nuestra barloventeñidad?

Es en el sistema educativo donde se debe reafirmar la reconstrucción de nuestra personalidad colectiva que se está mermando. Sin temor a equivocarme, en el sistema de educación universitaria que existe en Barlovento, no se está estudiando profundamente nuestra realidad sociocultural… ¿En qué universidad de Barlovento existe al menos una unidad curricular sobre Estudios Barloventeños?

El valor intangible de nuestra identidad

La subregión de Barlovento es conocida universalmente por su diversidad cultural y por su cacao, pero también por su hermosa naturaleza, ríos y playas.  La hospitalidad de nuestra gente, su generosidad, el buen humor siempre nos han  caracterizado.
La construcción de nuestra barloventeñidad fue un proceso lento que se fue forjando como el cacao fermentado, es decir, pasando de cacao en baba al secado en el patio, llevando sol durante un tiempo, encerrado después durante unos cuantos días en envases de madera dulce hasta lograr el aroma  perfumado que tanto nos agrada.
Durante la colonia hasta los años setenta, Barlovento llegó a tener el liderazgo de la primera región productora de cacao, que abastecía a toda Venezuela… hoy la producción ha mermado.
En los años treinta, surgirían extraordinarios ensayista, novelistas, poetas, músicos y decimistas que captaron nuestra simbología y su relación con el cosmo.
El escritor Juan Pablo Sojo, a la edad de 23 años escribió su novela Nochebuena Negra, la cual recoge la barloventeñidad con sus esperanzas, sus sufrimientos, la cotidianidad cacaotera y sobre todo sus valores y mitos que siempre han caracterizado nuestra región.
Si debemos reivindicar a alguien por sus aporte desde lo local hacia la cultura global, es precisamente a Juan Pablo Sojo, quien dedicó su vida a la reivindicación de la cultura barloventeña, a través de sus escritos en los viejos diarios “El País”, “La Esfera” y El Nacional. Siempre tuvo la visión de lo que hoy llamamos GLOBALOCALIZACIÓN, como desde su cultura local interpretaba la cultura nacional y mundial.
Fue Juan Pablo Sojo quien escribió con “una visión desde adentro” nuestro modo de ser barloventeño y barloventeña. A usted, si le gusta la literatura, puede comparar Nochebuena Negra (Juan Pablo Sojo), con Lanzas Coloradas de Uslar Pietri, Pobre Negro de Rómulo Gallegos y Cumboto de Ramón Díaz Sánchez y verá un enfoque distinto, comenzando por nuestra forma de hablar, nuestros barloventeñismo y gestualidad.
En Panaquire, Fabbiani Ruiz, con su producción literaria como Cuira, la Dolida Infancia de Perucho Gonzáles y Tierra Dura, nos invita a mirar con profundidad el latifundio, la ecología y las miserias del poder, los decimistas Cruz Ávila, Hermes Delgado Paiva, el legendario Aureliano Huice, Celsa Duarte y Cruz María Conopoi, por sólo mencionar algunos, precisaron con sus versos certeros problemas como el racismo, el endoracismo, el problema del cacao, y la contemporaneidad y cotidianidad de nuestros pueblos.
Asimismo Morochito Iriza, quien acaba de morir sin apoyo institucional, era la sabiduría andante de La Laguna de Tacarigua.

Extinción y desarraigo

Barlovento poseía, según nuestro estudio, 160 expresiones culturales diversificadas en música, culinaria, religiosidad, artesanías, cantos, expresiones teatrales, entre otras. Si estas existían hasta la década de los años setenta, podemos decir que el boom petrolero, la caída de los precios del cacao, el impacto irracional del turismo, fue minando el repertorio cultural barloventeño. Al mismo tiempo nuestra producción literaria, intelectual y nuestros tradicionalistas fueron desapareciendo, sin surgir una relación de relevo. Estos factores fueron amenazas, que aún como fantasmas recorren caseríos, pueblos y municipios barloventeños.
De esas 160 expresiones culturales hoy quedan menos de 30 bien definidas y localizadas. Desde el Sambarambule, pasando por el tambor de agua, hasta la parranda de las guarañas y mariselas de El Guapo, se ha generado un proceso de cultura de resistencia en el seno de los portadores de estas tradiciones para evitar su total desaparición.

En estos momentos necesitamos crear un clima de pertinencia y de pertenencia hacia nuestra identidad y diversidad cultural. Insistimos, y lo seguiremos diciendo, que es en el sistema educativo formal el instrumento esencial para la construcción del nuevo y nueva barloventeña que necesitamos para afrontar los retos del presente. Es en el sistema educativo donde se debe reafirmar la reconstrucción de nuestra personalidad colectiva que se está mermando. Sin temor a equivocarme, en el sistema de educación universitaria que existe en Barlovento, no se está estudiando profundamente nuestra realidad sociocultural… ¿En qué universidad de Barlovento existe al menos una unidad curricular sobre Estudios Barloventeños? ¿Y en Educación Básica y media, donde están los textos de Juan Pablo Sojo, la décima de Conopoi o Cruz Ávila, la parranda de Aureliano Huice, la bandola del maestro Caraballo o Arteaga? ¿Y los quitiplas de Belén Palacios o el Carangano del maestro Alejandro Burguillos, a dónde fueron a parar? Es como si existiera desde las instituciones educativas y de las instituciones culturales un proceso sistemático de borrar nuestra hermosa memoria histórica cultural.
En gran parte el educando, al no encontrar en sus aulas de estudios sus componentes identitarios, es presa fácil del desarraigo, la pérdida de identidad y opta por el modelaje delictivo que lamentablemente se ha impuesto en nuestra región… sino lo cree, revise las cifras de actos delictivos y muertes en los tiempos recientes… en su mayoría son jóvenes.

La desbarloventeñización

Cuando titulamos este artículo “¿A dónde va nuestra barloventeñidad?”, nos estamos refiriendo a que Barlovento, con el boom petrolero, el abandono del campo, el turismo aberrante y desenfrenado, la inseguridad, el cobro de vacuna, los secuestros express, aunados al poco esfuerzos de dirigente políticos y alcaldes indolentes… están dejando  avanzar la DESBARLOVENTEÑIZACIÓN. Es hora de hacer una profunda reflexión donde participen los alcaldes, los rectores y directores de instituciones educativas, ya que si no asumimos nuestra responsabilidad más participativa, nos quedaremos sin identidad, sin amor al trabajo y aunque usted no lo crea: ¡sin nosotros mismos



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Jesús Chucho García


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